El bono de Estados Unidos a 30 años toca máximos de 19 años y el 10 años roza el 5%

La deuda estadounidense cotiza ya con prima de riesgo propia. La propuesta republicana del freno de deuda busca cambiar las reglas fiscales y el Tesoro español lo nota en cada subasta.

La fuerte venta de deuda pública ha encendido una señal que ningún inversor europeo puede ignorar. El bono del Tesoro de Estados Unidos a 30 años ha tocado máximos de 19 años y la referencia a 10 años ronda el 5%. No es un accidente de una sola sesión: es la factura que el mercado le presenta a Washington por años de déficit financiados con emisiones.

Según recogía el Washington Examiner, citando al Wall Street Journal, la rentabilidad del bono a 30 años alcanzó su nivel más alto en casi dos décadas. El dato más incómodo no es el porcentaje: en el año fiscal 2025, Estados Unidos gastó más en intereses de deuda que en defensa.

Las proyecciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) dibujan el problema. El déficit federal rondará los 1,9 billones de dólares este año y la deuda en manos del público pasará del 101% del PIB en 2026 al 120% en 2036. Son cifras que explican por qué el bono a 30 años ha dejado de ser un refugio barato.

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El bono a 30 años dicta el precio del dinero global

Cuando el Tesoro estadounidense paga más, el resto del mundo se entera. El bono a 10 años de Estados Unidos funciona como el tipo de referencia de la economía global: fija el suelo sobre el que se calculan hipotecas, emisiones corporativas y deuda soberana en media Europa. Madrid no es una excepción.

El Tesoro español no emite en el vacío; sale a a financiarse con la referencia americana al alza y con los inversores comparando rentabilidades en dólares y en euros. Iberdrola, Santander o Ferrovial, que se financian en ambos mercados, pueden ver encarecidas sus emisiones si el entorno se consolida.

El mercado no está castigando a Washington por gastar: está cobrándole la prima por años de aplazar decisiones fiscales.

El freno de deuda americano que defiende el ecosistema de Trump

La respuesta que gana fuerza en Washington no es un recorte clásico de gasto. Es reformar las reglas del juego. El llamado American Debt Brake sustituiría el techo de deuda por una trayectoria fiscal de largo plazo supervisada por la CBO.

El mecanismo, impulsado por Colton Overcash, que ocupó un cargo en el Departamento de Seguridad Nacional bajo la Administración de Donald Trump, obligaría a que cada decisión de gasto o de impuestos se evaluara contra esa senda. Si una ley desvía al país de la trayectoria, la corrección se arrastraría automáticamente a los presupuestos futuros. No dictaría el tamaño del Estado, pero encarecería la huida hacia la deuda.

El precedente es el Budget Control Act de 2011, que produjo recortes automáticos tras el fracaso del acuerdo fiscal. Aquella regla se relajó con los años y el desequilibrio estructural siguió intacto. El freno de deuda quiere evitar ese final: permitir flexibilidad en recesiones o guerras y obligar a volver a la senda cuando pase la crisis.

La Lógica de Washington

La propuesta tiene una lógica interna que conviene entender antes de juzgarla. Trump no compite con el lenguaje de la austeridad, sino con el de la expansión: más energía, más fábricas y más inversión. El freno de deuda se presenta como un acelerador para la economía y un límite para la política.

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Es el manual conservador de siempre con un giro: no se trata de recortar programas concretos, sino de cambiar el proceso presupuestario para que ningún Congreso futuro pueda financiar la parálisis con deuda. Los republicanos de corte fiscalista y los intervencionistas pueden apoyar la idea porque no define cuánto debe gastar el Estado, solo obliga a financiar lo que apruebe.

Para España, la lectura es doble. Un bono estadounidense a 10 años cerca del 5% fija un suelo más alto para el coste de la deuda española, aunque el Tesoro sigue beneficiándose del euro y del paraguas del Banco Central Europeo. A medio plazo, si Washington adopta un freno fiscal creíble, podría moderar los tipos largos globales y devolver certidumbre a los mercados. La próxima prueba, no menor, serán las elecciones legislativas de noviembre: si los republicanos retienen el Congreso, el debate pasará de la teoría al calendario legislativo.

Ficha del Caso

  • El caso: La fuerte venta de deuda pública estadounidense lleva el bono a 30 años a máximos de 19 años y el 10 años al entorno del 5%, un aviso que reabre el debate fiscal en Washington.
  • Datos clave: El déficit federal se aproxima a 1,9 billones de dólares este año; la deuda pública pasaría del 101% del PIB en 2026 al 120% en 2036, según la CBO. En 2025, los intereses superaron al gasto en defensa.
  • Para España: El encarecimiento de la deuda estadounidense presiona al alza los costes de financiación del Tesoro y de las grandes empresas españolas con emisiones en dólares.