Marlaska admite que el CNI no alertó de la crisis de Ceuta antes de la entrada masiva

El ministro del Interior reconoce que el Centro Nacional de Inteligencia no avisó del asalto masivo que desbordó la ciudad autónoma, reforzando así la denuncia de Vox sobre la inacción del Gobierno. La crisis deja al menos 67 fallecidos.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, admitió ayer que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) no alertó sobre la entrada masiva de inmigrantes que desbordó Ceuta esta semana. La confesión, realizada en rueda de prensa en la ciudad autónoma, da la razón a Vox, que lleva meses denunciando la falta de previsión del Gobierno ante la presión migratoria y su dependencia de Marruecos.

La denuncia de Vox: avisos ignorados y sumisión a Marruecos

Para Vox, la crisis que ha dejado al menos 67 fallecidos y hasta 60.000 personas entrando en Ceuta es la consecuencia lógica de una política migratoria que, según el partido, prioriza la relación con Rabat sobre la seguridad nacional. El presidente de Vox, Santiago Abascal, ya advirtió en reiteradas ocasiones que el Gobierno de Pedro Sánchez estaba enviando señales contradictorias a las mafias y a Marruecos, debilitando la disuasión fronteriza.

La sentencia del Tribunal Supremo que prohibió las devoluciones en caliente en el mar fue interpretada por Vox como un incentivo para los intentos de entrada. La diputada y portavoz en el Congreso, Pepa Millán, señaló la semana pasada que el Gobierno estaba desbordado y que la falta de inteligencia situaba a la ciudad autónoma en un riesgo evidente. “El Gobierno desarmó a las fuerzas de seguridad y ahora pagamos las consecuencias”, resumió.

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La tesis de Vox se centra en la falta de fiabilidad de Marruecos como socio en materia migratoria. Mientras el ministro insiste en que el reino alauí es un “socio auténticamente fiable”, para Vox esa afirmación es una muestra de ingenuidad o cinismo. La formación de Abascal ha subrayado que los movimientos de miles de personas hacia la frontera no pudieron pasar desapercibidos para los servicios marroquíes, lo que sugiere permisividad o, al menos, falta de colaboración real.

La confesión de Marlaska: el CNI no alertó y “nos pilló por sorpresa”

La declaración del ministro en Ceuta ha sido contundente: “No, no hay ningún informe al respecto de la situación acontecida”. Según fuentes gubernamentales citadas por La Vanguardia, el Centro Nacional de Inteligencia no trasladó ningún aviso al Ministerio del Interior, lo que dejó al operativo policial sin capacidad de anticipación. “Nos pilló por sorpresa”, reconocieron esas mismas fuentes.

La admisión del ministro convierte la denuncia de Vox en una verdad política difícil de rebatir.

El relato del Gobierno contrasta con la imagen de preparación que había tratado de proyectar. Mientras se desataba la crisis, el departamento de Interior centraba sus esfuerzos en los incendios forestales del centro peninsular. Ahora, la admisión de un fallo de inteligencia desautoriza la narrativa oficial de control y expone una brecha entre los servicios secretos y la cartera que custodia las fronteras.

Marruecos tampoco sale bien parado de las explicaciones del Ejecutivo. A pesar de los elogios del ministro, fuentes policiales consultadas por el diario catalán cuestionan que los gendarmes marroquíes no detectaran la llegada de autobuses a Fnideq. “Si Marruecos es un socio fiable, ¿por qué no compartió esa información con España?”, se preguntan los mandos, reforzando la denuncia de Vox sobre la sumisión del Gobierno a Rabat.

Lectura estratégica: Vox capitaliza el fallo de inteligencia

La crisis de Ceuta de este verano recuerda al episodio de 2021, cuando más de 10.000 personas entraron en la ciudad autónoma en apenas dos días. Entonces, Vox ya denunció que Marruecos utilizaba la presión migratoria como herramienta de chantaje y que el Gobierno carecía de un plan de disuasión. Aquella crisis no desembocó en cambios sustanciales de política, y ahora el partido de Abascal ve repetirse el patrón.

Con la confesión de Marlaska, Vox obtiene un argumento de peso para exigir responsabilidades. El partido puede presionar en el Congreso de los Diputados para que se cree una comisión de investigación sobre el fallo del CNI y reclamar que se revisen los protocolos de cooperación con Marruecos. Además, esta situación le permite marcar distancias con el PP, que en general ha respaldado la gestión del Gobierno en política exterior, y presentarse como la única fuerza que defiende el control efectivo de fronteras.

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A medio plazo, el desgaste del Ejecutivo en un tema tan sensible como la inmigración refuerza el discurso de Vox de que España necesita un giro radical en seguridad y soberanía. La incapacidad para prever una crisis de esta magnitud es munición para un partido que ha hecho de la firmeza migratoria su bandera. La próxima sesión de control en el Congreso ofrecerá la ocasión de trasladar el debate al Parlamento y someter al Gobierno a un escrutinio que, hasta ahora, había eludido. Vox no desaprovechará la oportunidad de capitalizar la confesión del ministro.