Los Pueblos Negros de Guadalajara: la escapada otoñal que los madrileños descubren tarde y repiten siempre

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Qué son exactamente los Pueblos Negros (y por qué no son solo «piedra bonita»)

Los Pueblos Negros no son una localidad ni una ruta turística al uso, sino una comarca: un conjunto de aldeas repartidas por la Sierra Norte de Guadalajara, en las estribaciones de Ayllón y del Alto Rey, donde la geología pizarrosa del terreno acabó determinando la forma de construir. Durante siglos, la escasez de otros materiales obligó a los vecinos a levantar viviendas, corrales, muros y hasta calles con lajas de pizarra arrancadas del propio monte, dando lugar a lo que se conoce como Arquitectura Negra: núcleos de tonos grises y negruzcos, cubiertas de lajas superpuestas, muros anchos y huecos pequeños para conservar el calor en invierno y el frescor en verano. Según la web de Turismo de Castilla-La Mancha, el conjunto lo forman 14 pueblos distribuidos en tres valles, todos bajo la silueta del pico Ocejón, de 2.048 metros.

Lo que hace singular a esta comarca no es solo el color de sus fachadas, sino que la pizarra también explica la vida que hubo dentro. La tipología responde a un pasado ganadero y de subsistencia: manzanas de casas adosadas en torno a corrales interiores, como en Majaelrayo, que ronda los 57 habitantes; chozos de pastor usados como refugio temporal; taínas para resguardar al ganado; fuentes, hornos y lavaderos. La despoblación de los años 50, 60 y 70 vació buena parte del territorio, y algunos núcleos llevan décadas resistiendo ese abandono: La Vereda, expropiada por ICONA en 1972 para reforestar la zona, fue frenada y recuperada a mano por una asociación cultural desde 1977, y sigue sin luz eléctrica ni agua corriente. A eso se suman tradiciones vivas como las Botargas y Mascaritas de Almiruete o las danzas de Valverde, y una candidatura a Patrimonio de la Humanidad por la Unesco que se mantiene en estudio.

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