En la costa gallega, donde el Atlántico golpea con fuerza, la playa de O Vilar, en el municipio coruñés de Ribeira, despliega cinco kilómetros de arena blanca y dunas móviles que apenas ha rozado la intervención humana. Un arenal que, pese a su belleza, se mantiene casi intacto incluso en pleno verano, alejado del bullicio turístico de otras playas de las Rías Baixas.
Un arenal sin masificar en las Rías Baixas
O Vilar forma parte de un sistema litoral que, junto con Anguieiro, A Lagoa, Río do Mar y A Ladeira, suma cerca de cinco kilómetros de costa abierta. La arena, fina y blanquecina, dibuja un trazado rectilíneo en el que el horizonte parece no tener fin. La escasa ocupación, incluso en agosto, y la ausencia de grandes construcciones permiten disfrutar del mar con la sensación de estar lejos de todo.
Al ser una playa de mar abierto, el oleaje suele ser moderado o fuerte, lo que la ha convertido en un lugar habitual para surfistas y windsurfistas. Sin embargo, la precaución es clave: las corrientes y resacas pueden ser intensas, sobre todo con marea baja. Las pasarelas de madera que atraviesan el sistema dunar ayudan a llegar hasta la arena sin dañar el frágil ecosistema.
El Parque Natural de Corrubedo: la duna que se mueve y las lagunas gemelas
El gran atractivo de esta playa va más allá de sus arenas. O Parque Natural do Complexo Dunar de Corrubedo e Lagoas de Carregal e Vixán (conocido como Parque Natural de Corrubedo, espacio protegido desde 1983 por la Xunta de Galicia) ocupa cerca de un millar de hectáreas y es uno de los lugares más valiosos del litoral gallego. Su elemento más emblemático es la duna móvil, la mayor de Galicia: en invierno puede alcanzar los veinte metros de altura y cada año avanza varios centímetros impulsada por el viento.
El parque alberga además dos lagunas de carácter muy distinto: una de agua dulce y otra salobre, refugio de numerosas especies de aves y motor de una biodiversidad que enriquece el paisaje. Las pasarelas de madera que llevan a la playa se diseñaron precisamente para proteger este entorno, y resultan claves para compatibilizar el acceso público con la conservación. El acceso a la playa se realiza mediante pasarelas de madera que atraviesan el sistema dunar sin dañarlo, y permiten llegar cómodamente hasta la arena.
El movimiento centimétrico de la duna de Corrubedo recuerda que, en pleno siglo XXI, aún hay paisajes que la naturaleza esculpe por sí sola.
Quienes alargan la jornada pueden descubrir Ribeira, un municipio con un rico patrimonio histórico y arqueológico: castros, petroglifos, dólmenes y algunos de los principales yacimientos megalíticos de Galicia. La gastronomía marinera, basada en pescados y mariscos de la ría de Arousa, completa una experiencia que conjuga naturaleza, cultura y sabor atlántico.
El Laboratorio Gallego
O Vilar no es solo un destino de turismo de naturaleza. Es también un ejemplo de modelo de gestión territorial que la Xunta de Galicia viene aplicando desde hace décadas en sus espacios protegidos. La Consellería de Medio Ambiente (el departamento autonómico encargado de la política ambiental) destina anualmente recursos a la conservación del Parque Natural de Corrubedo, con inversiones en pasarelas, señalización y educación ambiental que permiten mantener el ecosistema dunario prácticamente intacto. Según los presupuestos autonómicos de los últimos ejercicios, las partidas para espacios naturales han crecido ligeramente, reflejando una prioridad política que, desde el PPdeG, se vincula a la marca turística gallega.
La lectura nacional de esta realidad es doble. Por un lado, el modelo gallego de parques naturales basado en la protección activa y el acceso regulado contrasta con la masificación de otras costas españolas, y ha sido citado en foros de turismo sostenible como un ejemplo a seguir. Alfonso Rueda, actual presidente de la Xunta, ha defendido en varias ocasiones que la compatibilidad entre conservación ambiental y aprovechamiento turístico es posible con planificación y control. Sin embargo, partidos como el BNG y el PSdeG han reclamado en el Parlamento de Galicia aún más inversión y una moratoria para construcciones en el litoral, señalando que la presión urbanística en municipios como Ribeira sigue siendo alta.
De cara al futuro inmediato, la gestión del Parque de Corrubedo continuará siendo un termómetro de la política ambiental gallega. La previsión de la Consellería para los próximos meses incluye la renovación de las pasarelas más antiguas y la mejora del centro de interpretación. El reto, como en todos los espacios protegidos del noroeste peninsular, será mantener el frágil equilibrio entre la llegada de visitantes y la preservación de un paisaje que la propia naturaleza sigue moldeando cada año.
Ficha del Caso
- El caso: La playa de O Vilar, en Ribeira, esconde un ecosistema de dunas móviles casi virgen dentro del Parque Natural de Corrubedo, protegido por la Xunta desde 1983. Cinco kilómetros de arena blanca, dos lagunas y una duna que avanza centímetros al año configuran un espacio único en Galicia.
- Datos importantes: Parque de 1.000 ha; duna móvil de hasta 20 m de altura en invierno; gestión autonómica a través de la Consellería de Medio Ambiente; acceso con pasarelas ecológicas; municipio con patrimonio megalítico y gastronomía marinera.
- Resumen: La combinación de conservación ambiental y turismo de bajo impacto convierte a Corrubedo en un referente del modelo gallego de protección costera, con lecciones aplicables a otras regiones españolas que buscan un desarrollo turístico sostenible.

