Bruselas proyecta un ente público para centralizar la compra y las reservas estratégicas de tierras raras de la UE

El anuncio supera el mecanismo privado que hizo sus primeras compras conjuntas en abril. Bruselas no ha detallado todavía el montante ni el calendario legislativo de la nueva corporación.

Bruselas mueve ficha en las tierras raras: la UE tendrá un ente público que compre y almacene los minerales críticos de los que depende toda su industria. La Comisión Europea quiere que ese colchón deje de depender de la buena voluntad de las empresas y pase a ser una política común financiada con dinero comunitario.

La presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, anunció este mes de septiembre, en su discurso sobre el Estado de la Unión, la creación de la Corporación Europea de Materias Primas Críticas, según la información publicada por Expansión. El ente asumirá las compras centralizadas de tierras raras —el grupo de elementos sin los que no se fabrican imanes, chips, baterías ni buena parte del armamento moderno— y coordinará su almacenamiento estratégico.

Explicarlo es sencillo. Ejecutarlo, no tanto. Si Europa compra en bloque y guarda reservas, deja de negociar cada fábrica por su cuenta con proveedores que, en muchos casos, son el mismo y están fuera del club. Las tierras raras están en los motores de los coches eléctricos, en los aerogeneradores y en los sistemas de defensa.

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El salto cualitativo es evidente respecto al Mecanismo Europeo de Materias Primas Críticas, la plataforma que hizo sus primeras compras conjuntas en abril de este año y que nació al amparo del Reglamento de Materias Primas Críticas. Aquel instrumento se limita a agregar pedidos del sector privado para ganar músculo y arañar precios. La nueva corporación tendrá presupuesto europeo y, con él, capacidad de intervenir sin esperar a que la industria se ponga de acuerdo.

De un agregador de pedidos privados a un ente con dinero público

Aquí la prisa no es industrial, es geopolítica. La UE arrastra dependencias superiores al 80% respecto a China en buena parte de las materias primas críticas. En determinadas tierras raras, el porcentaje se dispara hasta el 90%. Y no es una hipótesis de trabajo: a finales del año pasado Pekín paralizó el comercio de varios de estos elementos y la industria automovilística europea se asomó al parón de fábricas.

Hay un precedente que nunca se resolvió. En 2010 Pekín cortó el suministro a Japón en plena disputa diplomática y desde entonces Bruselas sabe que la dependencia se puede convertir en arma. Década y media después, la novedad no es el riesgo, sino la respuesta: convertir la reserva estratégica en infraestructura pública, con la defensa metida en la ecuación.

Una Europa que almacena tierras raras con dinero público admite en voz alta que el mercado, por sí solo, no le garantiza ni fábricas ni defensa.

Lo que Bruselas no ha puesto encima de la mesa son las cifras: ni montante, ni calendario legislativo, ni vehículo jurídico. Tampoco se sabe si el capital saldrá del presupuesto vigente o de un instrumento nuevo, y esa pregunta decidirá si la corporación es un actor de mercado o un membrete.

Qué gana España y qué sigue bloqueado en su propio suelo

minerales críticos Bruselas

España es uno de los países con más que ganar y, a la vez, con más contradicciones sin resolver. El yacimiento de Matamulas, en Ciudad Real, está considerado uno de los mayores del continente en tierras raras y lleva años bloqueado por la oposición de la Junta de Castilla-La Mancha y la contestación social. La paradoja es de manual: Bruselas planea comprar lo que en España no se deja extraer.

El sector no parte de cero. El país extrae tungsteno en Salamanca y fluorita en Asturias, dos materias primas que figuran en la lista crítica comunitaria. Su problema no es geológico, es administrativo: los permisos dependen de comunidades autónomas, de confederaciones hidrográficas y de una tramitación ambiental que puede alargar los proyectos más de una década frente a la urgencia que Bruselas predica.

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La industria que tiraría de ese suministro también está aquí. La automoción (Sagunto, Figueruelas, Almussafes), los fabricantes de aerogeneradores, el sector de defensa, y las plantas de baterías que se levantan en Aragón y la Comunidad Valenciana compiten por los mismos materiales. Si la corporación compra barato y reparte por cuotas, esas factorías ganan capacidad de negociación; si el reparto se decide por peso industrial, España vuelve a la cola.

En clave política, Madrid llega a esta discusión sin haber resuelto el debate de fondo: si quiere ser país minero o país que importa y transforma. La ley de minas sigue sin adaptarse a los tiempos de la autonomía estratégica y la contestación vecinal ha frenado proyectos en varias comunidades. Las ayudas europeas, además, apenas han tocado el cuello de botella de los permisos.

El Eje del Poder Europeo

La letra pequeña de esta corporación se negociará donde la UE se pelea de verdad: quién pone el dinero y quién se queda con el suministro. Berlín quiere reservas para su industria, pero desconfía de cualquier ente financiado con fondos nuevos. París, cómoda con el capital público, ve en la corporación la extensión natural de su política industrial. Y Estocolmo mira de reojo: la minera estatal sueca LKAB tiene en Kiruna el mayor hallazgo de tierras raras del continente y no necesita que Bruselas le compre nada.

Los frugales —Países Bajos, Dinamarca, Austria, Suecia y Finlandia— seguirán poniendo el freno al presupuesto, como hicieron con el fondo de recuperación en 2020. Varsovia y Praga, que aspiran a captar inversión industrial, apoyarán la compra centralizada siempre que no se cierre a sus empresas. Y Roma juega su doble carta: reclama autonomía minera mientras bloquea extracciones en su propio territorio.

Para España, la geometría es incómoda. Pertenece al bloque del sur que reclama fondos y flexibilidad, pero su principal activo en este asunto —yacimientos sin explotar— depende de decisiones autonómicas. Si la corporación acaba comprando más fuera que dentro, España financiará la seguridad de suministro de otros con su dinero y con su cuota en el próximo presupuesto europeo.

A diez años vista, el cálculo es otro. La UE lleva dos décadas anunciando autonomía en materias primas sin traducirla en toneladas, y el fiasco de Northvolt —el símbolo industrial europeo que acabó en concurso en 2025— recuerda que el dinero público no sustituye a un proyecto viable. Una corporación que compra y almacena puede ganar tiempo. Comprar independencia exige permisos, refino y mano de obra técnica.

El primer examen real llegará cuando el expediente pase por el Consejo de Competitividad, probablemente en otoño, y los Veintisiete tengan que decir si ponen recursos o se quedan en la declaración de intenciones. La partida decisiva, en todo caso, es la negociación del próximo Marco Financiero Plurianual, el presupuesto de siete años que Bruselas ya discute y en el que se sabrá si las reservas estratégicas europeas son una prioridad presupuestaria o un titular de septiembre.