Francia acusa al GRU de injerencia rusa contra Glucksmann, posible candidato presidencial

El Gobierno francés atribuye a la inteligencia militar rusa una campaña de desinformación contra el eurodiputado socialista. El incidente reabre el debate sobre la seguridad de las elecciones presidenciales de 2027 y la respuesta de la UE a la injerencia extranjera.

Las autoridades francesas han atribuido a los servicios de inteligencia militar rusos, el GRU, una campaña de desinformación contra el eurodiputado socialista Raphaël Glucksmann, según ha denunciado el propio político en la red social X. La operación, desvelada esta semana, incluyó la difusión de un artículo falso en un sitio web que imitaba al medio izquierdista Blast y un vídeo en redes sociales en el que se acusaba a su pareja, la periodista Léa Salamé, de intentar sobornar a otros periodistas para que cubrieran favorablemente su probable candidatura a las elecciones presidenciales de 2027.

La operación rusa al detalle: cómo intentaron desacreditar a Glucksmann

La Secretaría General de la Defensa y la Seguridad Nacional (SGDSN) de Francia informó a Glucksmann de que la operación estaba «directamente controlada» por el GRU, la agencia encargada de las operaciones militares encubiertas de Moscú. El ataque se materializó a través de un artículo falso alojado en una web que copiaba el diseño y el logotipo de Blast, el popular medio digital fundado por el periodista Denis Robert, y un vídeo que se viralizó en redes sociales. En él se sugería que Salamé, presentadora del telediario de máxima audiencia de la televisión pública France 2, habría presionado a colegas para mejorar la imagen mediática de su pareja.

El eurodiputado, que participó en el levantamiento del Maidán de 2013 en Kiev, es un crítico acérrimo del Kremlin. «Las agencias rusas han comenzado operaciones para desestabilizar las elecciones presidenciales de 2027», escribió Glucksmann en X. «Este ataque no es más que un anticipo de lo que está por venir». La embajada rusa en París no respondió a una solicitud de comentarios.

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¿Por qué Glucksmann, y por qué ahora? El perfil del objetivo

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Glucksmann, de 45 años, lidera la delegación socialista en el Parlamento Europeo y es una de las figuras más prometedoras de la izquierda francesa. En los mentideros de París, su nombre gana enteros como el candidato capaz de reagrupar a la socialdemocracia y frenar el avance de la ultraderecha de Marine Le Pen y el desgaste del macronismo. Su firmeza contra Moscú — desde el apoyo militar a Ucrania hasta la denuncia de los crímenes de guerra rusos— le convierte en un blanco natural para la maquinaria de desinformación del Kremlin.

El caso de Glucksmann no es aislado. La semana pasada, el ex primer ministro Édouard Philippe, ya candidato confirmado para 2027, fue también blanco de otra campaña rusa de desinformación según informaciones de prensa. A principios de año, varios candidatos locales de La Francia Insumisa (LFI) sufrieron ataques atribuidos a una firma israelí. Con estos antecedentes, Francia se prepara para unas presidenciales bajo el asedio de la manipulación informativa, un escenario que el presidente Emmanuel Macron ha calificado de máxima prioridad para la seguridad nacional.

El incidente con Glucksmann no es un caso aislado; es la punta de lanza de una guerra híbrida que Moscú despliega contra las democracias europeas desde hace una década.

El Kremlin guarda silencio esta vez. Como siempre.

El Eje del Poder Europeo

La acusación contra el GRU trasciende la esfera nacional francesa y se convierte en un nuevo episodio de la guerra híbrida que Rusia mantiene contra la Unión Europea. Las instituciones comunitarias llevan años alertando de la intensificación de las campañas de desinformación en vísperas electorales. El Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) ha documentado decenas de operaciones similares en países como Alemania, Italia, Polonia o España. Sin embargo, el ataque a un posible candidato presidencial francés, que además es eurodiputado y voz autorizada en política exterior, añade una carga simbólica y estratégica de primer orden.

En el tablero de los grandes ejes europeos, este caso fortalece el impulso franco-alemán para activar nuevos mecanismos de defensa contra la injerencia extranjera. El Plan de Acción para la Democracia Europea de 2020 ya incluyó medidas, pero la Comisión Ursula von der Leyen estudia ahora reforzar la aplicación del Reglamento de Servicios Digitales (DSA) y del Código de Buenas Prácticas contra la Desinformación. Mientras, los Veintisiete debaten si imponer sanciones específicas a los responsables rusos de este tipo de operaciones, algo que hasta ahora solo se ha hecho en contadas ocasiones.

Para España, la noticia resuena con fuerza. España ya fue objetivo de campañas de desinformación rusas durante el procés catalán y, más recientemente, en las elecciones generales de 2023. Los servicios de inteligencia españoles mantienen una vigilancia reforzada sobre injerencias externas y colaboran activamente con sus homólogos franceses dentro del Club de Berna. En el plano político, La Moncloa ha secundado las iniciativas europeas para blindar los procesos electorales y respalda la línea dura de París, consciente de que la credibilidad democrática diluida en Francia debilitaría a toda la Unión. España, que deberá volver a las urnas en 2029, mira con atención estos movimientos.

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Conviene recordar un precedente histórico que nos ayuda a leer el presente: durante las elecciones presidenciales francesas de 2017, el entonces candidato Emmanuel Macron sufrió un ciberataque masivo que culminó con la filtración de correos electrónicos de su campaña a pocas horas de la votación. La investigación apuntó a grupos vinculados al GRU. Aquella operación, combinada con una avalancha de propaganda en redes sociales, buscó decantar los comicios a favor de la extrema derecha de Le Pen. Siete años después, los métodos se han refinado — clones de medios respetados, vídeos deepfake, campañas de microsegmentación— pero el objetivo sigue siendo el mismo: dividir a las sociedades europeas y erosionar la confianza en las instituciones democráticas.

La respuesta europea se enfrenta, no obstante, a un dilema clásico. Las capacidades represivas y legislativas de la UE avanzan a velocidad de tratado, mientras que las tácticas rusas evolucionan al ritmo de la tecnología. El DSA impone obligaciones a las grandes plataformas, pero su aplicación práctica apenas ha comenzado. Y las sanciones a individuos rusos implicados en desinformación requieren unanimidad en el Consejo, un umbral que a menudo bloquean países como Hungría.

A medio plazo, el episodio Glucksmann puede ser la chispa que acelere la construcción de un verdadero escudo europeo contra la manipulación informativa. La próxima cumbre del Consejo Europeo, prevista para octubre, incluirá la seguridad electoral como punto destacado. Entre tanto, Francia ha decidido pasar de la retórica a la acusación formal contra el GRU, un gesto que eleva la presión sobre Moscú y envía un mensaje a otros Estados miembros: la injerencia rusa ha dejado de ser un riesgo intangible para convertirse en una amenaza directa y documentada.