Ataque en el Mar Rojo hunde un barco indio y reaviva la amenaza hutí al comercio

El buque indio MSV Faize Noore Oliya fue alcanzado por un dron naval al sur de Hodeidah. Los 14 marinos fueron rescatados. India condena el ataque y exige el restablecimiento de la navegación internacional.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El carguero indio MSV Faize Noore Oliya se hundió frente a Yemen tras ser alcanzado por un artefacto explosivo atribuido a los hutíes.
  • ¿Quién está detrás? Las autoridades yemeníes acusan a los rebeldes hutíes respaldados por Irán. El grupo aún no ha reivindicado el ataque.
  • ¿Qué impacto tiene? El incidente reaviva la amenaza al tráfico marítimo en el Mar Rojo, ruta crucial para el suministro energético de Europa y, en concreto, de España.

El buque mercante a vela motorizada MSV Faize Noore Oliya se hundió durante la madrugada del martes frente a las costas de Yemen, al sur del puerto de Hodeidah, controlado por los rebeldes hutíes. La embarcación, con 14 tripulantes a bordo –13 ciudadanos indios y un yemení–, fue alcanzada por un proyectil o, según algunas fuentes, por un dron naval cargado de explosivos.

El ministro de Transporte yemení acusó directamente a los hutíes de perpetrar el ataque mediante una embarcación cargada de explosivos. La milicia chií, apoyada por Irán, no ha emitido ningún comunicado reivindicando la acción, aunque hace un mes amenazó con bloquear cualquier buque vinculado a Arabia Saudí. El MSV Faize Noore Oliya, precisamente, había cargado crudo en territorio saudí y tenía como destino el puerto omaní de Sohar, según datos de Marine Traffic.

La tripulación fue rescatada por unidades de la Guardia Costera y de la Armada yemení y trasladada al puerto de Mokha, informó el ministro indio de Transporte Marítimo, Sarbananda Sonowal, en su cuenta de X. Los catorce marinos se encuentran en buen estado.

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India reaccionó con una condena enérgica. El Ministerio de Asuntos Exteriores calificó el suceso de “ataque no provocado contra un barco indefenso” y exigió “el cese inmediato de las acciones contra la navegación comercial” y el restablecimiento de la libertad de tránsito por las vías marítimas internacionales, conforme al derecho internacional. La embajada india en Riad coordina con las autoridades yemeníes la repatriación de los tripulantes.

Este nuevo ataque se suma a una serie de incidentes que desde la escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán han convertido el estrecho de Ormuz y el mar Rojo en zonas de alto riesgo. Hace apenas dos meses, los hutíes anunciaron que impedirían el paso de cualquier petrolero con destino a puertos saudíes, elevando la presión sobre una ruta de la que dependen diariamente millones de barriles de crudo y productos refinados.

La amenaza hutí a la navegación comercial no es nueva, pero cada ataque acerca el caos logístico a las puertas de Europa.

Un velero motorizado, no un petrolero

El MSV Faize Noore Oliya, pese a que en los primeros momentos se le describió como “petrolero”, en realidad era un velero mercante motorizado de pequeño porte –un dhow tradicional adaptado al transporte de crudo–. Esta matización es relevante porque subraya el modus operandi de los hutíes: suelen utilizar drones navales y embarcaciones explosivas no tripuladas contra buques de cualquier tamaño, lo que dificulta enormemente la protección de todas las unidades comerciales que surcan Bab el-Mandeb.

“Un dron naval impactó en el velero motorizado”, señalaron fuentes mediáticas locales. La ausencia de reivindicación oficial por parte de los hutíes no significa que el ataque no se inscriba en su campaña contra naves afines a la coalición saudí. De hecho, el portavoz militar hutí, Yahya Sarea, amenazó en junio con extender los ataques “a cualquier barco sospechoso de colaborar con el enemigo” en el mar Rojo.

La cifra de bajas entre marinos indios en la región comienza a ser alarmante: al menos diez han fallecido en ataques similares en el golfo Pérsico y el mar Rojo desde que comenzaron las hostilidades entre Washington, Tel Aviv y Teherán. Otros cinco han muerto en el Báltico en acciones relacionadas con el conflicto ruso-ucraniano. Con unos 312.000 ciudadanos indios enrolados en flotas de todo el mundo, Nueva Delhi se ha visto obligada a emitir dos alertas consulares para advertir de los peligros de navegar en esas aguas.

Equilibrio de Poder

El ataque al MSV Faize Noore Oliya reconfigura, siquiera por unas horas, el tablero de seguridad marítima en el mar Rojo. La milicia hutí, sin gastar apenas recursos y sin necesidad de reivindicar el golpe, ha demostrado, una vez más, que puede poner en jaque una arteria comercial indispensable para la economía europea. La Unión Europea desplegó en febrero de 2024 la Operación Aspides para escoltar buques mercantes, pero la zona de operaciones se ciñe al mar Rojo y el golfo de Adén, dejando amplios corredores desprotegidos frente a las costas yemeníes.

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Para España, el impacto es directo. Más del 40% del gas natural licuado que consume nuestro país llega por vía marítima a través de las plantas de regasificación, y buena parte de ese tráfico procede de Qatar y otros estados del golfo Pérsico, cuya ruta obligada es Bab el-Mandeb. Cada incidente que interrumpe el tránsito eleva las primas de seguro y alarga los tiempos de viaje –de nueve a quince días si los buques optan por bordear África–, lo que se traduce en un encarecimiento del combustible y, en última instancia, de la factura energética del ciudadano.

La Armada española mantiene presencia en la región con la fragata Méndez Núñez, que opera habitualmente en el marco de la Fuerza Naval de la UE, pero su capacidad de escolta es limitada frente a las tácticas asimétricas de los hutíes. Emplear drones navales baratos y embarcaciones bomba tripuladas a distancia les permite atacar a bajo coste y con un alto grado de impunidad, como se ha visto en esta ocasión: ataque, hundimiento y rescate de la tripulación sin que se produzca un derramamiento masivo ni una respuesta militar inmediata.

La reacción de India, alzando la voz en los foros internacionales, añade una presión diplomática sobre Washington y Bruselas para que endurezcan las medidas contra los hutíes y, por extensión, contra Irán. Pero la administración Trump, centrada en el Indo-Pacífico y con una visión transaccional de la OTAN, no muestra interés en abrir un nuevo frente en Oriente Próximo si no hay un beneficio claro para sus intereses. La mirada de Washington sigue puesta en contener a China; el mar Rojo, de momento, es un problema que delega en los europeos.

A medio plazo, el riesgo de nuevos ataques es alto. Los hutíes han demostrado que ningún barco está a salvo si su dueño o su bandera se relacionan con Arabia Saudí, y que su amenaza de bloquear el tráfico vinculado al reino wahabí se cumple a rajatabla. Las compañías navieras, mientras tanto, se enfrentan a una elección amarga: pagar primas récord o desviar sus rutas y asumir mayores costes operativos. En cualquier escenario, los consumidores europeos, empezando por los españoles, acabarán pagando la factura en el surtidor.

El incidente coincide, además, con un repunte de la actividad pirata en el golfo de Guinea y con las tensiones latentes en el Sáhara Occidental, que tensan aún más la frontera sur de la UE. España, con intereses estratégicos en el Magreb y el Sahel, no puede permitirse una inestabilidad prolongada en el mar Rojo sin que eso deteriore su capacidad de influencia en el Mediterráneo occidental y en las rutas comerciales que conectan Europa con Asia. El desafío, como casi siempre, no es militar, sino logístico y político.

El próximo Consejo Europeo de Asuntos Exteriores, previsto para septiembre, deberá revisar los parámetros de la Operación Aspides y evaluar si la presencia naval actual es suficiente para garantizar la libertad de navegación. Mientras tanto, cada carguero que se hunde en el mar Rojo es un aviso a navegantes: el caos en Bab el-Mandeb no es coyuntural, y sus ondas expansivas llegarán, antes o después, a los puertos de Algeciras, Barcelona y Bilbao.