EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ha reconocido que contactar con el líder supremo, Mojtaba Khamenei, es «muy difícil», mientras Teherán y Omán ultiman un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz bajo un nuevo esquema de navegación.
- ¿Quién está detrás? Las negociaciones implican a Irán y Omán, con una fuerte presión militar de Estados Unidos. La Casa Blanca ha amenazado con un ataque «muy duro» si el estrecho no se reabre pronto.
- ¿Qué impacto tiene? El acuerdo podría estabilizar el precio del petróleo y calmar los mercados energéticos europeos, pero la incertidumbre sobre la salud de Khamenei y las condiciones de Washington mantienen la volatilidad.
El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, admitió este miércoles que comunicarse con el líder supremo, Mojtaba Khamenei, es «muy difícil en este momento», según una entrevista emitida por la televisión estatal iraní. La confesión llega en plena recta final de las negociaciones con Omán para reabrir a la navegación comercial el estrecho de Ormuz, la arteria por la que transita un quinto del crudo mundial.
Las conversaciones, auspiciadas por la mediación omaní, han avanzado de forma significativa en los últimos días. Fuentes iraníes y omaníes confirmaron que ya se han acordado las coordenadas geográficas de las nuevas rutas de entrada y salida del golfo Pérsico. Según la televisión israelí Canal 12, el pacto inicial tendría una vigencia de 60 días, durante los cuales los buques entrantes navegarían por el lado iraní del estrecho y los salientes por el omaní, sin peajes y con un compromiso de desminado del canal central en los primeros 30 días.
El portavoz de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, precisó que la declaración conjunta está «en la fase final de revisión y redacción», aunque advirtió de que el bloqueo naval estadounidense y lo que Teherán califica de «acciones agresivas» de Washington siguen siendo obstáculos para restablecer el paso seguro. El viceministro de Exteriores, Kazem Gharibabadi, fue más tajante: calificó la vuelta de Estados Unidos a los compromisos del memorándum de junio como «condición necesaria, aunque no suficiente», para la reapertura.
La paradoja del líder en la sombra añade otra capa de incertidumbre. Mojtaba Khamenei, hijo y sucesor del ayatolá Alí Khamenei —abatido en los primeros bombardeos de la Operación Furia Épica lanzada en febrero—, no ha aparecido en público desde que asumió el cargo. Ni un solo vídeo, ni una grabación de voz. El diario Al-Mashhari, afín al Ayuntamiento de Teherán, reveló esta semana que las autoridades retienen las grabaciones de audio del líder supremo por temor a que agencias de inteligencia extranjeras puedan determinar su ubicación a partir de firmas acústicas o ruidos de fondo.
Pezeshkian defendió a Khamenei pese a la desconexión: «Desafortunadamente, la situación actual permite que algunas personas malintencionadas lo describan de manera diferente y presenten una imagen distorsionada de él». El presidente iraní describió sus interacciones con el líder supremo como productivas, marcadas por la «amabilidad y una lógica muy sólida».
El estrecho va a estar abierto muy pronto, o van a recibir un golpe muy duro.
Esas fueron las palabras de Donald Trump en una entrevista con Fox News la noche del martes. El presidente de Estados Unidos reiteró que las negociaciones «avanzan muy bien» y que en 48 horas se sabría más. La Casa Blanca mantiene un ultimátum claro: o se reanuda la navegación de inmediato o Washington ejecutará lo que Trump ha descrito como «el mayor ataque militar desde la Segunda Guerra Mundial». Es la lógica de la disuasión extrema que ha definido la política exterior del republicano.
La lógica de Washington
Para entender la postura estadounidense hay que remontarse a febrero, cuando la Operación Furia Épica cambió el tablero con la eliminación de Alí Khamenei. Desde entonces, Trump ha combinado una presión militar sin precedentes con una oferta de negociación que busca dos objetivos inseparables: la reapertura total del estrecho de Ormuz y la renuncia de Irán a su programa nuclear. «Prefiero hacer un trato porque no quiero matar gente», dijo el presidente en un mitin en Las Vegas, «pero Irán no puede tener un arma nuclear».
La Casa Blanca sabe que el cierre prolongado de Ormuz dispararía los precios del crudo por encima de los 120 dólares y pondría en jaque la recuperación económica global. Para la administración republicana, un acuerdo de tránsito supervisado por Omán ofrece una salida que evita una guerra total en el Golfo, pero sin ceder en lo esencial: devuelve a Irán un papel gestor de la ruta —mayor incluso que antes del conflicto— a cambio de un respiro táctico y un cauce para futuras conversaciones nucleares.
El precedente histórico no es el apaciguamiento, sino la doctrina de la «paz mediante la fuerza» que Ronald Reagan aplicó con los misiles de crucero en los 80. Trump quiere mostrar a su electorado que ha domado a Teherán con la amenaza creíble de una fuerza devastadora, mientras deja abierta la puerta a un proceso diplomático que le permita presentarse como el presidente que evitó la guerra.
Impacto para España
La reapertura controlada del estrecho es una noticia que Madrid sigue con atención. España importa más del 60% de su crudo de Oriente Medio, y el Brent —referencia para los mercados europeos— ha sufrido una volatilidad extrema desde los ataques de febrero. Un acuerdo a 60 días daría oxígeno a los precios de los carburantes y relajaría la presión sobre la inflación energética que aún lastra el consumo interno. Empresas como Repsol y Cepsa, con intereses estratégicos en el suministro del Golfo, verían reducirse la prima de riesgo asociada a cada barco que cruza Ormuz. El propio Gobierno español, a través del Ministerio de Transición Ecológica, ha trasladado en privado a la administración estadounidense la urgencia de estabilizar la ruta para evitar un nuevo shock energético.
Sin embargo, la incertidumbre no desaparece. Las condiciones que exige Teherán —el fin del bloqueo naval y el retorno a los compromisos del memorándum de junio— mantienen el acuerdo en un delicado equilibrio. Si Mojtaba Khamenei no puede validar las decisiones de su propio Gobierno, o si la facción más dura del régimen rechaza cualquier concesión, el mecanismo podría descarrilar en cuestión de días. Y entonces, como ha repetido Trump, «golpearemos muy duro». Los mercados, mientras tanto, descuentan esa volatilidad: el precio del petróleo cayó ligeramente el miércoles pero sigue 15 dólares por encima del nivel previo a la crisis.
Ficha del Caso
- El caso: Irán y Omán negocian un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz bajo un esquema de rutas supervisadas, mientras el presidente Pezeshkian admite graves dificultades para contactar con el líder supremo Mojtaba Khamenei, oculto desde febrero.
- Datos clave: Acuerdo inicial de 60 días sin peajes; desminado en los primeros 30 días; EE. UU. mantiene ultimátum militar; Brent cotiza con volatilidad pero ha caído tras los avances; España importa más del 60% del crudo de Oriente Medio.
- Para España: La reapertura estabilizaría los precios de la energía y beneficiaría a refinerías y consumidores, pero el bloqueo persiste hasta que Washington vea cumplidas todas sus condiciones, lo que deja el suministro energético español en situación de alerta.

