EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La CBO cifra en 275.000 millones de dólares el coste total de los 15 acorazados nucleares ‘Trump-class’ y duda de la capacidad de los astilleros estadounidenses.
- ¿Quién está detrás? Donald Trump anunció el plan en diciembre de 2025; ahora la oficina presupuestaria del Congreso lo pasa por el filtro del gasto.
- ¿Qué impacto tiene? Cada buque costará más de 18.000 millones, lo que dispara el debate sobre la deuda federal y las prioridades de Defensa, con eco en el reparto de cargas de la OTAN y posibles pedidos a astilleros aliados.
La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) ha cifrado en 275.000 millones de dólares el coste de construir los 15 acorazados nucleares ‘Trump-class’, un plan anunciado por Donald Trump en diciembre de 2025 que devuelve a la Armada estadounidense los mayores buques de combate desde la Segunda Guerra Mundial.
El desembolso por cada uno de los quince navíos superará los 18.000 millones de dólares, una cifra que los sitúa a la altura de los portaviones clase Ford, las embarcaciones más caras jamás construidas. El presupuesto de adquisición de combatientes de superficie de la Armada saltará de 11.000 millones en 2025 a 18.000 millones en 2027, según las proyecciones de la CBO, un incremento que incorpora también fragatas y destructores.
El informe de la agencia legislativa, hecho público esta semana, siembra dudas sobre la capacidad industrial para cumplir los plazos. Los astilleros estadounidenses trabajan ya al límite de su capacidad, y el plan exigiría ampliar diques y cadenas de suministro que acumulan años de retrasos incluso en programas más modestos.
El precio de los gigantes nucleares: hipersónicos, láseres y cañones de riel
La ficha técnica que el presidente esbozó el pasado diciembre describe buques equipados con “cañones y misiles al más alto nivel”, armas hipersónicas, cañones de riel electromagnéticos, misiles de crucero y “los láseres más sofisticados del mundo”. El coste unitario, superior a 18.000 millones, convierte cada acorazado en un programa presupuestario equivalente al de un portaaviones nuclear, pero sobre una plataforma más compacta y sin ala aérea embarcada.
La CBO subraya que el salto de gasto no es solo cuestión de números: pone en tensión a una base industrial naval donde los únicos astilleros capaces de construir buques de propulsión nuclear son Newport News Shipbuilding y General Dynamics Electric Boat. Ambos tienen las manos llenas con los submarinos Columbia y los Virginia, además de los propios portaviones Ford.
Los 275.000 millones de dólares equivalen a casi la mitad del PIB anual español y ponen a prueba el apetito fiscal del propio Partido Republicano.
El debate fiscal: defensa, deuda y el pulso con el Capitolio
El coste del programa llega en un momento en que la deuda federal ronda los 36 billones de dólares y el déficit anual supera el 6% del PIB. El Partido Republicano, dividido entre halcones de defensa y halcones fiscales, deberá encajar las cifras en el próximo proyecto de presupuestos. La presidenta del Comité de Servicios Armados del Senado, Roger Wicker, ya ha respaldado públicamente la apuesta por el poder naval, pero los congresistas del ala libertaria exigen recortes compensatorios en otras partidas.
Para España, el eco es doble. Por un lado, la presión para que los aliados de la OTAN incrementen sus propios presupuestos de defensa —Estados Unidos dedica cerca del 3,8% del PIB a Defensa, mientras España ronda el 1,4%— se intensificará con cifras tan abultadas. Por otro, astilleros como Navantia observan el programa: si la industria americana no da abasto, parte de los contratos de componentes o de buques auxiliares podría recalar en socios europeos, aunque la cláusula Buy American limitaría esa opción.
La Lógica de Washington
El plan ‘Trump-class’ encaja en una doctrina de proyección de fuerza que mira a China como principal desafío naval y que, de paso, revitaliza el cinturón industrial del Atlántico medio. Los astilleros de Virginia, Maine y Misisipi son feudos electorales republicanos donde cada puesto de soldador cuenta. No es casualidad: la Casa Blanca ha ligado la expansión naval a la creación de empleo manufacturero, como hizo Reagan en los ochenta con su Armada de 600 buques.
Detrás de los números, late una apuesta estratégica por recuperar la capacidad de disuasión de gran calado que Estados Unidos abandonó con la retirada de los acorazados clase Iowa en los años noventa. Pekín ya opera los mayores destructores del mundo y avanza en portaaviones propios; la respuesta de Washington es volver a poner en el agua un símbolo de poder irrebatible. Que la CBO arroje un coste de 275.000 millones no frena el impulso político: lo enmarca como una inversión de seguridad nacional que, en el imaginario de los votantes, se traduce en “paz mediante la fortaleza”.
El riesgo para España es doble: un mayor déficit estadounidense puede encarecer la financiación de nuestra deuda, y una OTAN cada vez más orientada a la fuerza bruta obligará al Gobierno a explicar por qué el presupuesto de Defensa sigue estancado en el 1,4% del PIB mientras Washington paga la cuenta del paraguas naval global.
Ficha del Caso
- El caso: La CBO valora en 275.000 millones de dólares el programa de 15 acorazados nucleares ‘Trump-class’, el mayor esfuerzo de construcción de grandes buques de superficie desde 1945, y cuestiona la capacidad de los astilleros.
- Datos clave: Coste unitario superior a 18.000 millones; salto presupuestario de adquisición de 11.000 millones (2025) a 18.000 millones (2027); armamento hipersónico, láser y cañones de riel.
- Para España: Aumenta la presión para elevar el gasto en defensa dentro de la OTAN y abre una posibilidad remota de contratos para astilleros como Navantia si la industria americana no cubre la demanda.

