EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Los embajadores de los Veintisiete no han logrado renovar el marco de sanciones a Rusia este lunes; la negociación se retoma el martes 22 de septiembre a las 8:00.
- ¿Quién está detrás? Francia, que exige excluir al oligarca Alisher Usmanov, se alinea con Eslovaquia; Luxemburgo presiona por Mikhaïl Fridman y Lituania bloquea el acuerdo.
- ¿Qué impacto tiene? Queda en el aire la renovación de una lista con más de 3.000 personas durante 36 meses y se pone a prueba la unanimidad en política exterior europea.
Las sanciones de la UE a Rusia han encallado este lunes en Bruselas tras una noche de prórrogas. Los embajadores de los Veintisiete se han reunido para renovar el marco sancionador y se han ido sin acuerdo: la cita se ha reprogramado para el martes 22 de septiembre a las 8:00 de la mañana. Sobre la mesa hay un intercambio que irrita a media Europa. Mantener 36 meses más las restricciones a más de 3.000 personas y entidades a cambio de sacar de la lista negra a dos oligarcas rusos: Alisher Usmanov y Mikhaïl Fridman.
El planteamiento lo confirman tres diplomáticos presentes en la negociación, citados por Politico bajo condición de anonimato. La operación consistiría en prorrogar el grueso del régimen sancionador durante tres años y, en paralelo, retirar las medidas contra los dos magnates. Los embajadores están consultando con sus capitales y la mayoría de los Estados espera cerrar el pacto. Falta un detalle, no menor: que nadie use su derecho de veto para tumbarlo.
Francia es la pieza que ha descolocado el tablero. París se niega a que siga adelante la renovación mientras Usmanov permanezca en la lista. Alega ‘razones de seguridad nacional’, sin entrar en detalles ni en público ni en privado. Los diplomáticos solo añaden que la decisión responde a ‘una cuestión de seguridad nacional concreta’ y que París ‘desea responder positivamente a socios internacionales que se han dirigido a nosotros en relación con el señor Usmanov’. Ni una palabra más.
El calendario se estiró hasta el límite. Los Estados debían dar su visto bueno, por procedimiento escrito, el lunes a las 20:00. El plazo se amplió a las 20:30, después a las 22:00 y acabó saltando a las 8:00 del martes, siempre según las mismas fuentes. La prórroga no es un detalle burocrático: revela que el acuerdo no está consolidado y que cualquier capital puede romperlo en el último minuto.
A Francia se le ha sumado Eslovaquia, que lleva tiempo pidiendo la salida de Usmanov de la lista. En el otro extremo, Luxemburgo ha hecho bandera de la retirada de Fridman, el magnate nacido en Ucrania y con nacionalidad rusa e israelí, que litiga contra el propio Estado luxemburgués para que le devuelvan sus activos congelados. El frente es una geometría variable: cada capital tira de un nombre distinto y el conjunto se descuadra.
La renovación de las sanciones no se decide en Moscú, sino dentro de los Veintisiete: basta un interés nacional bien colocado para desactivar un paquete que afecta a más de 3.000 nombres.
Los dos oligarcas niegan los cargos. Usmanov ha sostenido que no apoya la guerra rusa en Ucrania y ha hecho campaña activa por su salida. Fridman, por su parte, mantiene que el bloqueo de sus activos es ilegal y ha llevado su pulso a los tribunales. La cuestión de fondo es incómoda: si finalmente salen de la lista, ¿se trata de un ajuste jurídico o de un peaje político?
Prórrogas, procedimiento escrito y una unanimidad que cruje
El mecanismo tiene una lógica dura. El régimen sancionador contra Rusia vive de renovaciones periódicas y esas renovaciones, en el terreno de la política exterior y de seguridad común, exigen unanimidad en el Consejo. Traducido: cualquier Estado miembro, por pequeño que sea, puede bloquear un paquete al que está firmemente atado el resto. Es la misma regla que ya permitió a Hungría y a Eslovaquia frenar o retrasar medidas durante dos años de sanciones. El marco general del régimen puede consultarse en el portal de sanciones del Consejo.
A eso se suma el frente lituano. Vilna se opone frontalmente al acuerdo, según las fuentes conocedoras de la negociación, lo que complica una foto que ya estaba movida. La postura de los bálticos no es nueva: han sido el bloque más duro contra Moscú y desconfían de cualquier gesto que pueda leerse como debilidad, aunque sea a cambio de blindar miles de expedientes.
La reunión del martes 22 a primera hora será, otra vez, una prueba de estrés para la unidad europea. Si sale, se prolongará el marco 36 meses más y las sanciones seguirán intactas para miles de personas. Si se rompe, el símbolo será devastador: los Veintisiete incapaces de renovar su propia maquinaria sancionadora frente a Rusia.
El pulso por Usmanov y Fridman: quién está detrás de cada nombre

Conviene leer el caso en clave de cortesía diplomática y de contrapesos nacionales. Usmanov tiene a Eslovaquia como ariete y ahora a Francia como escudo. Fridman tiene a Luxemburgo como impulsor. Ninguno de los tres Estados se mueve por casualidad: detrás hay causas judiciales abiertas, litigios por activos y, en el caso francés, un ‘interés de seguridad nacional’ que ni el Elíseo aclara. Es la política europea de sanciones en su versión menos épica y más terrenal: la defensa de las propias facturas.
El Eje del Poder Europeo
El pulso revela tres cosas sobre el tablero comunitario. La primera es que el eje franco-alemán no manda solo. Berlín, que ha apostado por endurecer las sanciones, se ha quedado mirando cómo París, su socio de siempre, invoca seguridad nacional para abrir una excepción. La segunda es que los frugales y los nórdicos mantienen la línea dura, mientras el este vuelve a dividirse entre los bálticos —duros con Moscú— y Eslovaquia, que ya ha cuestionado la ayuda a Ucrania. La tercera es que el sur queda atrapado en una cuestión que no ha provocado pero que le afecta de lleno.
Para España, el envite es doble. Por un lado, Bruselas no puede permitirse fracturar el marco sancionador justo cuando la Comisión prepara nuevas medidas. Un bloqueo prolongado daría aire a Moscú y debilitaría la posición europea en cualquier futura negociación sobre Ucrania. Por otro, el precedente es una advertencia: lo que hoy se usa para rescatar a un oligarca podría usarse mañana para congelar un paquete entero, incluido algún expediente que toque de lleno a la industria española. Madrid mantiene intereses en el flanco energético y comercial que dependen de que el régimen siga siendo predecible.
La lectura estratégica a medio plazo es clara: cada excepción individual erosiona la credibilidad de la lista negra. Si los Veintisiete acaban pactando la salida de dos oligarcas a cambio de prorrogar el resto, habrán comprado tiempo, no cohesión. Es un patrón que ya vimos con el rescate griego de 2015 o con los sucesivos paquetes energéticos: la UE aguanta mientras la factura política la pague otro. Aquí la paga el régimen sancionador.
La próxima ventana es el martes 22 de septiembre a las 8:00. Si los embajadores no cierran el acuerdo, el marco queda en el aire y se abrirá la pregunta que nadie quiere responder en voz alta: cuánto tiempo puede sostenerse la unidad europea frente a Moscú cuando cada capital tiene su propio interés en la lista.

