El Partido Popular de Barcelona ha lanzado este viernes un contundente envite político: su líder, Daniel Sirera, exige al alcalde Jaume Collboni y al president de la Generalitat, Salvador Illa, que «abandonen su pasividad» y trabajen para que el Camp Nou sea la sede de la final del Mundial de 2030. El movimiento, que el PP ya esbozó en octubre de 2023, coloca a las dos administraciones socialistas ante la presión de defender los intereses de Barcelona frente a las candidaturas de Madrid y Marruecos.
El nuevo Camp Nou, cuya inauguración está prevista para 2026, contará con una capacidad de 105.000 espectadores. Será el estadio más grande de Europa, lo que, a juicio de Sirera, convierte a Barcelona en la sede natural de la final. La mayoría de los estadios europeos tienen un aforo inferior a 80.000 personas, lo que ahonda en la ventaja competitiva del recinto azulgrana.
La candidatura marroquí, sin embargo, no es un rival menor. El futuro estadio Hassan II de Casablanca, con un aforo superior —aún sin concretar—, sí aspira a arrebatarle el partido decisivo. Fuentes de la FIFA han sugerido en los últimos días que el presidente del organismo, Gianni Infantino, podría inclinarse por Marruecos, lo que ha encendido todas las alarmas en la delegación española.
La amenaza marroquí y el juego de la FIFA
Las informaciones que apuntan a un posible favoritismo hacia Marruecos han generado malestar en los coorganizadores España y Portugal. La FIFA mantiene un silencio calculado, pero los recelos crecen. El debate sobre la sede de la final añade una capa geopolítica a un torneo ya de por sí complejo: mientras España y Portugal comparten la organización con Marruecos, la lucha por el partido más mediático se libra en los despachos.
En ese contexto, Sirera ha urgido a Collboni y a Illa, president de la Generalitat, a dejar de lado diferencias partidistas. «Nuestras instituciones tienen la obligación de defender esta candidatura con determinación y de trabajar unidas para que la final se dispute en nuestra ciudad», ha insistido. La llamada a la unidad institucional escondía un reproche velado a la supuesta inacción del alcalde y del president, a quienes el PP acusa de no pelear por la capital catalana.
El Camp Nou es el mejor estadio de Europa y Barcelona no puede conformarse con ser una sede más.
El precedente del 82 y el factor Bernabéu
Sirera recordó que en 1982 el estadio Santiago Bernabéu acogió la final del Mundial que ganó Italia, y que hoy el aforo del recinto madrileño es inferior al del Camp Nou. Con esta comparación, el líder popular trata de restar argumentos a Madrid, que también aspira a la final como alternativa a Barcelona dentro de la delegación española.
Pero el pulso no se limita a los estadios. Detrás de la candidatura marroquí hay una inversión multimillonaria y el respaldo de un continente, África, que aún no ha albergado un Mundial. La elección de la sede de la final podría convertirse en una decisión con gran carga simbólica para la FIFA y un espaldarazo político para Rabat.
Una partida de ajedrez político con fecha de caducidad
Para la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, la designación del Camp Nou como sede de la final sería un logro que trasciende lo deportivo. Ambos ejecutivos han hecho bandera del proyecto del Espai Barça como motor económico de la ciudad. Si finalmente la FIFA opta por Casablanca, el coste reputacional para el Govern de Illa y para Collboni sería notable. En las filas socialistas saben que Sirera les ha puesto contra las cuerdas con un discurso que apela al orgullo barcelonés sin coste alguno para el PP.
El calendario apremia. La FIFA tiene previsto anunciar la sede de la final en los próximos meses, y la presión de Sirera sobre los dos máximos responsables socialistas no hará sino crecer. La pelota está ahora en el tejado de Collboni y de Illa, atrapados entre la prudencia institucional y la necesidad de no llegar tarde a una batalla que define su relato municipal y autonómico.

