Puigdemont reivindica su fuga de Barcelona en el segundo aniversario y ERC responde que ‘solo hizo el ridículo’

El expresident difunde fotos del viaje por carretera junto a Jordi Turull y del repaso del discurso antes de la esperada intervención. ERC lo tacha de ridículo y Junts promete seguir luchando por la amnistía.

Dos años después de su aparición fugaz en el Arc de Triomf y de la surrealista operación policial que lo rodeó, Carles Puigdemont ha reivindicado este viernes aquella jornada con la divulgación de imágenes inéditas del viaje que lo devolvió a Catalunya por unas horas, en medio de la investidura de Salvador Illa y de un dispositivo fallido de los Mossos d’Esquadra.

Las imágenes inéditas: un viaje sin disfraces ni maleteros

Puigdemont compartió en redes sociales dos fotografías hasta ahora desconocidas de aquel 8 de agosto de 2024. En una, aparece en el asiento trasero de un coche junto a Jordi Turull, cruzando la frontera de La Jonquera. La imagen desmiente las versiones que, en su día, lo situaron oculto en un maletero o disfrazado. “Como podéis comprobar, ni vamos en el maletero, ni vamos disfrazados, ni entramos camuflados en la oscuridad de la noche”, escribió el líder de Junts.

El expresident también aprovechó la efeméride para arremeter contra el Govern de Illa, al que calificó de “el más españolista de la historia”, y contra el Tribunal Supremo, al que acusó de “rebelion” por negarse a aplicar la ley de amnistía. “La ley ya estaba vigente cuando regresé, y posteriormente ha recibido el aval del Constitucional y de la justicia europea”, subrayó Puigdemont.

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La otra fotografía muestra a Puigdemont repasando el discurso que horas después pronunciaría en el Arc de Triomf. Según explicó, aquella escena se produjo la misma mañana del 8 de agosto, mientras el dispositivo policial ya blindaba los accesos al Parc de la Ciutadella. “Sabíamos que yo no podría hablar desde la tribuna del Parlament”, relató, “el propósito principal era poder hablar y, si eso era posible, volver sano y salvo a Waterloo”.

ERC se lanza contra el relato: ‘Solo hizo el ridículo’

La reivindicación de la fuga por parte de Puigdemont no tardó en recibir la réplica de ERC. A través de las redes sociales, el portavoz republicano, Gabriel Rufián, resumió el episodio con un lacónico “solo hizo el ridículo”, mientras fuentes del partido recordaban que la maniobra no tuvo consecuencias políticas más allá de una foto para el álbum independentista.

Junts, sin embargo, no se arredró y replicó que el objetivo se mantiene intacto: persistir hasta conseguir la aplicación plena de la ley de amnistía y el regreso definitivo de Puigdemont sin pasar por el banquillo.

El relato de la fuga refuerza a Puigdemont ante los suyos, pero expone la división del independentismo y la impotencia frente a un poder judicial que mantiene bloqueada la amnistía.

Dos años después: la amnistía estancada y el independentismo en disputa

La publicación de las imágenes no altera el escenario judicial: Puigdemont sigue sin poder pisar territorio español sin ser detenido, a pesar de que la ley de amnistía está en vigor desde hace más de un año y cuenta con el respaldo del Tribunal Constitucional y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. El Supremo mantiene las órdenes de detención y alega que la norma no le es aplicable por contradecir el derecho comunitario, enrocándose en una posición que ha llevado al líder de Junts a multiplicar sus críticas a la judicatura española.

Para el independentismo, la paradoja es evidente. Junts ha hecho de la amnistía su bandera, y el aniversario de la fuga sirve como recordatorio interno de que, pese al acuerdo de investidura con el PSC, la normalización institucional no ha llegado. La formación mantiene su capacidad de movilización y la figura de Puigdemont sigue siendo el principal activo electoral, pero la falta de avances judiciales erosiona la paciencia de las bases. ERC, por su parte, intenta desmarcarse de la épica del exilio y prefiere centrarse en la agenda social y en las negociaciones con el Govern, sin dejar de señalar que la fuga de Puigdemont fue, a su juicio, una operación de propaganda sin resultados.

Mientras, Salvador Illa observa desde la distancia. Su Govern, calificado de “españolista” por Puigdemont, evita entrar en la polémica y se limita a reclamar el cumplimiento de la ley. Pero el desgaste entre los dos principales partidos independentistas —con una pugna cada vez más agria por la estrategia a seguir— ofrece al president un respiro en el Parlament, justo cuando encara un otoño cargado de negociaciones presupuestarias.

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La amnistía se ha convertido en un espejo roto. Puigdemont, desde Waterloo, mantiene viva la narrativa de la resistencia, pero la realidad judicial se empeña en devolverle un reflejo bien distinto: el de un líder sin capacidad de influir en los tribunales que siguen condicionando su futuro político.