EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Los hutíes han lanzado misiles balísticos y drones contra fuerzas pro-saudíes en el puerto yemení de Mokha, en respuesta a la movilización de tropas respaldadas por Riad.
- ¿Quién está detrás? El grupo Ansar Allah (hutíes), respaldado por Irán, que controla gran parte del oeste de Yemen y la capital, Saná.
- ¿Qué impacto tiene? La escalada amenaza directamente las rutas marítimas del mar Rojo, ya tensionadas por el cierre del estrecho de Ormuz debido al conflicto entre Estados Unidos e Irán, con repercusiones inmediatas para el suministro energético y la economía española.
Los hutíes han disparado este domingo una salva de misiles balísticos y drones contra las fuerzas aliadas de Arabia Saudí en el estratégico puerto de Mokha, la principal vía de entrada de suministros para las tropas del gobierno internacionalmente reconocido de Yemen. El ataque, confirmado por el portavoz militar hutí Yahya Saree, responde a lo que describen como ‘la agresión’ y el ‘injusto asedio’ saudí sobre el país, y ha provocado explosiones en depósitos de armas del Consejo de Liderazgo Presidencial respaldado por Riad, según imágenes de vídeo y fuentes OSINT difundidas ayer.
Un ataque calculado sobre Mokha: drones, misiles y depósitos en llamas
Las imágenes de fuentes abiertas (OSINT) difundidas a través de redes sociales muestran columnas de humo elevándose desde los depósitos de armas del puerto de Mokha, alcanzados por al menos un misil balístico y varios drones. El portavoz militar hutí, Yahya Saree, confirmó el lanzamiento de ‘una andanada de misiles balísticos y drones’ contra lo que denominó ‘las fuerzas de agresión saudíes’ en respuesta a la ‘movilización’ de tropas del gobierno yemení.
El grupo Ansar Allah, respaldado por Irán, ha vinculado el ataque a la ecuación de ‘agresión por agresión’ y ‘bloqueo por bloqueo’ que anunció tras los bombardeos saudíes sobre la región de Saada. El puerto de Mokha, de apenas 50.000 habitantes, es el principal punto de entrada de suministros para las fuerzas leales al Consejo de Liderazgo Presidencial, que cuenta con el apoyo militar y financiero de Riad.
Medios alineados con el gobierno yemení han asegurado que al menos siete civiles murieron y 35 resultaron heridos como consecuencia de los proyectiles, si bien estas cifras no han podido ser verificadas de forma independiente. La organización no ha ofrecido pruebas documentales, y Moncloa.com no ha tenido acceso a fuentes sanitarias locales que las confirmen.
En paralelo, el Ministerio de Energía saudí confirmó un incendio en una instalación de la petrolera estatal Aramco en la provincia sureña de Jazan, atribuido también a un ataque con drones hutíes. El portavoz Mohammed Al-Bukhaiti justificó la acción como represalia por ‘la violación del espacio aéreo yemení’ por parte de cazas saudíes sobre las gobernaciones de Saada y Hajjah.
El mar Rojo es ya la segunda línea de frente de la guerra entre Irán y Occidente, y los hutíes golpean a voluntad las arterias energéticas de Europa.
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El actual repunte de las hostilidades se remonta al 13 de julio de 2026, cuando las fuerzas gubernamentales bombardearon la pista del aeropuerto de Saná para impedir el aterrizaje de un avión iraní que transportaba a una delegación hutí. Esta regresaba del funeral del líder supremo iraní, Alí Jamenei, fallecido durante los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel sobre Teherán, un episodio que desencadenó el cierre del estratégico estrecho de Ormuz por parte de la Armada iraní.
Desde entonces, la dinámica regional ha entrado en una peligrosa espiral. Los hutíes, que ya habían demostrado su capacidad de alcanzar infraestructuras críticas saudíes en 2019 con los ataques a las refinerías de Abqaiq y Khurais, han reanudado la amenaza de un bloqueo naval sobre Arabia Saudí y advierten de que atacarán buques comerciales en el mar Rojo, repitiendo el patrón que durante meses mantuvo en vilo al comercio marítimo mundial.
Equilibrio de Poder
El ataque sobre Mokha no es un hecho aislado; es un eslabón más en la cadena de desestabilización que Irán ha construido en Oriente Medio. Para Estados Unidos, la prioridad sigue siendo la guerra abierta con Teherán y el control del tráfico marítimo en el golfo Pérsico. Washington, que lidera la Operación Aspides de protección naval en el Índico, no ha reaccionado de inmediato a esta nueva escalada en Yemen, pero fuentes del Pentágono consultadas por este medio sugieren que se están evaluando ‘todas las opciones’ para evitar un segundo frente en el mar Rojo.
Rusia, por su parte, observa con interés estratégico. Moscú no ha condenado los ataques hutíes, y su capacidad para capitalizar el caos energético —los precios del petróleo Brent se dispararon un 18% tras el cierre de Ormuz— le otorga una palanca geopolítica que solo necesita alimentar. El Kremlin ha mantenido contactos puntuales con Ansar Allah en el pasado, y en esta redacción no descartamos que esté facilitando inteligencia de señales a través de sus sistemas en Siria.
Para la Unión Europea y, en particular, para España, el escenario es sombrío. El mar Rojo canaliza cerca del 12% del comercio marítimo mundial y más del 8% del suministro de petróleo y gas natural licuado que llega a Europa. Con el estrecho de Ormuz bloqueado, cualquier disrupción adicional en Bab el-Mandeb elevaría los costes de los fletes, retrasaría las cadenas de suministro y dispararía los precios de los combustibles en las gasolineras españolas. El Ministerio de Defensa español, a través del Mando de Operaciones, mantiene desplegada la fragata ‘Blas de Lezo’ en la zona en el marco de la misión Agencia Europea de Defensa, pero su capacidad para disuadir ataques con drones kamikaze es limitada.
El riesgo más inmediato es que los hutíes cumplan su amenaza de reanudar los ataques contra petroleros y portacontenedores, como hicieron entre 2023 y 2024 en solidaridad con los palestinos de Gaza. En aquel episodio, más de 2.000 buques desviaron su ruta hacia el cabo de Buena Esperanza, encareciendo cada tonelada de mercancía transportada. Ahora, con la guerra entre Washington y Teherán como telón de fondo, la probabilidad de que repitan la estrategia es alta, y la ventana crítica se abre en las próximas 72 horas, coincidiendo con la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU que abordará la crisis yemení.
La pelota está en el tejado de Riad y de Washington. Una respuesta militar contundente corre el riesgo de escalar hacia un conflicto regional de consecuencias impredecibles; la inacción, mientras tanto, envía una señal de debilidad a los hutíes, que ya ven en la guerra un camino para consolidar su control sobre Yemen y proyectar su poder hacia el exterior. España, como miembro de la OTAN y con intereses energéticos directos, no puede permitirse mirar hacia otro lado.

