La prórroga de Almaraz ha reabierto un debate que parecía aparcado: el calendario de cierre de las nucleares en Cataluña. La industria catalana ve en la decisión del Gobierno un precedente para prolongar la vida de Ascó I, Ascó II y Vandellòs II, tal y como publica Crónica Global.
Por qué la prórroga de Almaraz cambia el tablero energético catalán
La orden TED/864/2026 publicada en el BOE, de 12 de agosto, recoge la decisión de Moncloa de prolongar la actividad de la planta extremeña más allá de 2027 y 2028, las fechas previstas para sus dos reactores. El informe favorable del Consejo de Seguridad Nuclear, emitido a mediados de julio, ya había despejado el camino para que Almaraz siga operando al menos hasta 2030. En el ámbito energético catalán, la publicación se interpreta como algo más que un ajuste puntual.
El calendario aprobado en 2019 entre el Ejecutivo y los operadores fijaba la parada definitiva de Ascó I para octubre de 2030 y la de Ascó II para 2032. Junto a la valenciana Cofrentes, son los próximos reactores en el cronograma de ceses. Fuentes industriales citadas por Crónica Global recuerdan que ese plan ‘tiene carácter de revisable y bajo tal condición se acordó’.
Desde 2019, las cosas han cambiado. La guerra en Ucrania y el reciente ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán dispararon la volatilidad de los mercados energéticos. Pero, incluso por encima de esos conflictos, el gran apagón de España del 28 de abril de 2025 demostró los riesgos de un sistema excesivamente dependiente de fuentes menos firmes. Aquel episodio ya sirvió para cuestionar la política energética de Moncloa.
Cataluña padece un doble problema. Alrededor del 60% de la electricidad que consume tiene origen nuclear, según los datos que maneja el sector. Y, al mismo tiempo, el desarrollo de las renovables avanza más despacio que en otros territorios: la tramitación burocrática y la incertidumbre han desviado inversiones hacia otras comunidades. Cerrar Ascó y Vandellòs sin alternativa firme implicaría más dependencia del gas, precios más altos y mayores emisiones.
Foment y el aviso al calendario: revisión integral, no excepciones
Foment del Treball ha reaccionado rápido. La patronal que preside Josep Sánchez Llibre, ya instó a la Generalitat a defender ante Moncloa la ampliación del ciclo productivo de Ascó y Vandellòs tras conocerse el aval del CSN. Ahora, tras la orden ministerial, su posición se endurece: pide una revisión integral del calendario. Las decisiones no pueden llegar a última hora, como ha sucedido con Almaraz.
El cierre de Ascó y Vandellòs sin alternativa firme sería un golpe a la industria catalana y al precio de la luz.
Foro Nuclear también ha pedido aprovechar el nuevo horizonte, aunque con un tono más moderado. La asociación reclama revisar las condiciones regulatorias, económicas y tributarias para mantener el parque nuclear en coherencia con las prioridades europeas de autonomía estratégica y competitividad industrial. Su mensaje encaja con la postura de Foment, pero sin la presión directa sobre la Generalitat.
Por ahora, el Gobierno defiende que Almaraz es un caso aislado. Lo justifica por la elevada volatilidad internacional y la necesidad de reforzar la resiliencia del sistema. La explicación no convence a la industria catalana, que ve en la prórroga un argumento para revisar el resto del calendario. De hecho, si la seguridad del suministro exige excepciones, el plan de 2019 deja de ser inmutable.
Caso aislado o primer paso: la batalla por el calendario nuclear
Lo que observamos es que el tablero ha cambiado. La decisión sobre Almaraz no solo beneficia a la planta extremeña; coloca a las nucleares catalanas en el centro de la negociación entre Moncloa y la Generalitat. Si el Gobierno admite excepciones por seguridad de suministro, resulta difícil sostener que Ascó y Vandellòs deban mantener las fechas de cierre pactadas hace siete años.
Hay un dato que conviene relativizar. Cataluña no ha sido la única región con retraso renovable, pero sí una de las que más sufre la combinación de dependencia nuclear y tejido industrial intensivo en energía. El polo petroquímico de Tarragona, vecino de las dos centrales, depende de un suministro estable y competitivo. Cada año de prórroga de Ascó y Vandellòs da aire a ese ecosistema y evita un encarecimiento súbito del recibo industrial.
La presión de Foment sitúa a la Generalitat ante una patata caliente. El Govern no controla el calendario nuclear, pero puede influir en el debate. A corto plazo, la partida se juega en Bruselas y en el Ministerio para la Transición Ecológica. La industria catalana quiere compromisos antes de que venza el siguiente hito del plan de 2019. Y no piensa esperar a última hora.

