EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Pentágono ha anunciado la salida del último contingente estadounidense de Irak, con una ceremonia de entrega en la base aérea de Erbil, en la región kurda del norte.
- ¿Quién está detrás? El Departamento de Defensa de EEUU y el Gobierno federal iraquí, mientras Kataib Hezbolá y la Resistencia Islámica en Irak reivindican el final de la presencia militar.
- ¿Qué impacto tiene? Se cierran 23 años de presencia militar, queda un hueco en el dispositivo del CENTCOM y se comprime el calendario de repliegue de la misión de la OTAN, con España pendiente del suyo.
La retirada de EEUU de Irak se consuma: el Pentágono anuncia la salida del último contingente tras 23 años de presencia militar.
La ceremonia de relevo se celebró en la base aérea de Erbil, en el Kurdistán iraquí, el mismo escenario que durante dos décadas sirvió de nudo logístico a las operaciones estadounidenses en el norte del país. El Departamento de Defensa no ha detallado el volumen del último convoy ni el calendario exacto del repliegue, y el anuncio ha llegado a través de medios estatales rusos que citan al Pentágono. Los comunicados oficiales se publican en la web del Departamento de Defensa. No hay verificación independiente del repliegue ni imágenes acreditadas del último vuelo de salida.
Lo que el Pentágono deja atrás en Erbil
El dato pesa más de lo que sugiere una nota de prensa. La invasión de 2003, justificada por el Gobierno de George W. Bush con unas armas de destrucción masiva que nunca se probaron, desmontó el equilibrio sectario y étnico del país. La salida de 2011 dejó un Ejército iraquí incapaz de sostenerse por sí solo y abrió la puerta a que el autodenominado Estado Islámico se hiciera con un tercio del territorio y proclamara su califato. La vuelta de las tropas en 2014, bajo la operación Inherent Resolve, fue una corrección de urgencia. Algunas estimaciones sitúan por encima del millón los muertos iraquíes y en varios millones los desplazados. Cifras difíciles de auditar que explican por qué en Teherán esto se lee como una victoria y no como una transición.
El repliegue que arrastra a la OTAN y al contingente español

La retirada no es un asunto exclusivamente iraquí. La coalición que Washington articuló en 2014 se sostuvo sobre una arquitectura de bases —Al Asad, Al Tanf en Siria, campamentos en Kuwait y Jordania— y sobre una constelación de socios europeos, España entre ellos. La misión de la OTAN en Irak, creada en 2018 a petición de Bagdad, entró hace meses en fase de liquidación y su relevo se ha negociado como una transición hacia el acompañamiento bilateral. Erbil certifica que ese calendario se comprime.
Para España el cálculo no es menor. La aportación nacional se ha canalizado por dos vías: la coalición internacional centrada en el adiestramiento y la misión aliada, con un techo que en los años de mayor despliegue rondó el medio millar de militares, según las cifras que ha ido publicando el Ministerio de Defensa. En los pasillos de Defensa ya se pregunta qué papel queda para España en un Irak sin estadounidenses. El interés nacional en el país nunca fue estrictamente militar: es político, energético y migratorio.
Irak fue el primer aviso de que una retirada sin arquitectura posterior no termina una guerra: solo cambia de escenario.
El segundo frente es económico. Irak produce en torno a cuatro millones de barriles diarios de crudo, y cualquier reordenamiento del control territorial en el norte —Erbil, Kirkuk, los oleoductos hacia Ceyhan— mueve precios en Europa. La base aérea pasa a depender del Gobierno federal en un Kurdistán que no acepta tutelas desde Bagdad, mientras las milicias chiíes que celebran la salida no tienen competencia formal sobre esas instalaciones. Lo que reivindican es el relato. Y no es retórica: las mismas milicias golpearon la Torre 22 en Jordania en enero de 2024, con tres militares estadounidenses muertos.
Equilibrio de Poder
Lo que observamos es un movimiento que encaja con el repliegue selectivo de la administración Trump: menos huella permanente en Oriente Próximo y concentración del esfuerzo en el Indo-Pacífico y en la disuasión frente a China. La lectura del Pentágono es que Irak ha dejado de ser un problema propio para convertirse en un problema de contención delegada: Bagdad y las milicias proiraníes se equilibran entre sí y Teherán gana influencia sin pagar el coste de gobernar. Moscú se limita a recoger el rédito narrativo. Y Bruselas asiste al repliegue con incomodidad, porque la Unión Europea no tiene capacidad de cubrir el hueco: su presencia en el país se ha limitado a formación y cooperación civil, y la mayoría de los analistas europeos considera que ese papel no basta.
El precedente que debería tener encendida la luz roja es el de 2011. Entonces también se anunció el final y también lo celebraron las milicias. Tres años después, el Estado Islámico tomaba Mosul con menos de dos mil hombres. Nadie sostiene que la repetición sea inevitable, pero la secuencia incomoda: retirada, vacío y reaparecimiento de un actor no estatal que se internacionaliza. En el flanco sur de Europa ese guion no es abstracto. La ruta que conecta Irak y Siria con el Sahel sigue activa, el dominio yihadista en Mali, Burkina Faso y Níger se ha consolidado y la presión migratoria sobre Marruecos y Canarias forma parte del mismo tablero. Para España, el riesgo inmediato no está en Erbil; está en el efecto demostración sobre grupos que leen cada retirada occidental como una confirmación.
Eso sí, la lectura tiene un punto débil del que conviene dejar constancia: sin datos verificables del repliegue ni confirmación independiente del destino final del material y del personal, trabajamos sobre un anuncio. El Pentágono mantiene presencia en Kuwait, Qatar, Bahréin y Jordania, y su capacidad de volver a proyectar fuerza sobre Irak en cuestión de días sigue intacta. La salida de Erbil es, por ahora, un hecho político antes que militar. La próxima revisión aliada de la misión en Irak, previsiblemente en el Consejo del Atlántico Norte, dirá si España conserva alguna huella sobre el terreno o si se limita a firmar la salida.

