Christine Lagarde ha admitido que estudia dejar el BCE antes de tiempo y la carrera por sucederla ya tiene favorito. La presidenta del Banco Central Europeo confirmó este miércoles que valora abandonar el cargo unos meses antes de que expire su mandato, en octubre de 2027. El nombre mejor situado para relevarla es el de Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS).
La declaración no llegó en un consejo de gobierno ni en una comparecencia institucional, sino en una entrevista concedida al diario francés La Croix. ‘No descarto la posibilidad de marcharme unos meses antes de que termine mi mandato, pero no he anunciado nada concreto y una cosa es segura: en 2027 seguiré aquí’, ha explicado. En la jerga de la Eurotorre, eso se traduce en algo muy concreto: la puerta está abierta y el calendario, en manos de los negociadores.
La puerta abierta de Lagarde: del ‘ya veremos’ de Dublín al ‘es posible’ de París
No es la primera vez que la francesa juega con los plazos. El pasado 18 de septiembre, en una entrevista con la cadena pública irlandesa RTE en Dublín, en el marco de la reunión del Eurogrupo (los ministros de Finanzas de la zona euro) y del consejo informal de Economía y Finanzas de la UE, respondió con un ‘ya veremos’ cuando le preguntaron por una salida anticipada. Entonces aseguró que no había tratado el asunto con los ministros y que nadie le había preguntado al respecto.
Doce días después, el tono ha cambiado. Lagarde ha pasado de la evasiva al condicional y ha puesto sobre la mesa un horizonte temporal concreto: unos meses antes de octubre de 2027. En Bruselas, ese matiz se lee como una señal. Una salida anticipada obligaría a adelantar toda la negociación de los sillones del Comité Ejecutivo del BCE, un proceso que suele durar meses y que rara vez se improvisa.
La propia Lagarde se ha encargado de cerrar otra puerta. Preguntada por las elecciones presidenciales francesas de abril de 2027, ha sido tajante: ‘Eso no sería buena idea en absoluto. No es el mismo trabajo. En primer lugar, hay una cuestión de vitalidad, energía y fuerza. Además, este tipo de compromiso conlleva cierto tipo de sacrificios inevitables. Tengo 70 años’.
El BCE no se decide en los mercados, sino en una mesa de negociación donde España lleva dos décadas sin ocupar el asiento principal.
Aprovechó además para cargar contra la propuesta del líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, de resolver el problema de la deuda pública francesa mediante la cancelación y el impago. Lagarde la calificó de ‘técnicamente incierta y financieramente muy peligrosa’: haría que los inversores dejaran de financiar el déficit galo o lo hicieran en condiciones muy onerosas, y además sería ilegal por vulnerar los Tratados de la Unión Europea.
El paquete de Fráncfort: tres sillones que se negocian en bloque
La sucesión en el BCE nunca es una sola plaza. El elegido cumple un mandato no renovable de ocho años y el procedimiento combina tres instituciones. El candidato se vota primero en el Consejo de la UE en formato de Eurogrupo, después comparece ante la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo y debe recibir un dictamen de no oposición del propio BCE. El ganador lo decide, finalmente, el Consejo Europeo en su composición para la zona euro, tal y como se recoge en la web del Consejo de la UE.
En esta ocasión, la partida se negocia en bloque junto a otros dos sillones: el de responsable de Operaciones de Mercado, que ocupa la alemana Isabel Schnabel, y el de economista jefe, en manos del irlandés Philip Lane. Dos plazas que quedan vacantes en los próximos doce meses y que funcionan como moneda de cambio en cualquier reparto. Lo vimos en 2019, cuando el paquete Lagarde se cerró en una cumbre de junio que también colocó a Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea y a Charles Michel en el Consejo Europeo.
España no pisa ese terreno desde 2004. De Cos llega, eso sí, con un currículum poco discutible: ocho años al frente del Banco de España, presencia en el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea y, desde 2024, la dirección general del BIS.
El Eje del Poder Europeo
El pulso está servido y los ejes, claros. Alemania presenta a Joachim Nagel, presidente del Bundesbank, con el argumento implícito de que la mayor economía de la eurozona no ha dirigido nunca el BCE. Países Bajos juega la carta de Klaas Knot, gobernador del banco central neerlandés y voz habitual del bloque frugal, ese grupo del norte (Países Bajos, Austria, Dinamarca, Suecia, Finlandia) que frena cualquier expansión fiscal, y exige rigor en las reglas. España mueve a su candidato con el respaldo explícito de La Moncloa.
EXPANSIÓN adelantó el pasado 21 de julio que De Cos era el elegido. La semana pasada, Pedro Sánchez confirmó el respaldo desde Estados Unidos, cerrando meses de dudas sobre si el Gobierno apostaría por el exgobernador. El gesto llegó tarde, pero llegó: en Bruselas, la falta de una apuesta temprana se lee como debilidad negociadora.
La clave no está en el nombre, sino en la geometría. La elección de Lagarde en 2019 fue un acuerdo franco-alemán bendecido por París y Berlín antes de que ningún otro Estado pudiera mover ficha. Draghi llegó en 2011 porque Alemania necesitaba un banquero central creíble al frente del BCE en plena crisis del euro. La historia de la institución es la historia de los repartos de poder en Europa, y esa lógica no ha cambiado.
Si De Cos sale elegido, España rompería una sequía de dos décadas y colocaría a un español en el puesto desde el que se fijan los tipos que condicionan hipotecas, crédito empresarial y deuda pública. Si no, el país volverá a quedarse fuera de los grandes debates monetarios del continente.
Lo que sí es seguro es el calendario. Los sillones de Schnabel y Lane quedan libres en los próximos doce meses. Lagarde, de momento, mantiene su cargo, aunque su propio lenguaje ha dejado de ser tranquilizador.
