Mohammed VI nombra a la primera mujer jefa de Gobierno de Marruecos

La designada no dispone de mayoría absoluta y deberá pactar con otras formaciones una coalición para cinco años. Es la segunda mujer que dirige un Gobierno en el mundo árabe, tras la tunecina Najla Bouden en 2021.

Mohammed VI nombró ayer a la abogada Fatima Ezzahra El Mansouri jefa de Gobierno de Marruecos. Es la primera mujer que encabeza el Ejecutivo del reino alauí y la segunda en el mundo árabe en asumir esa responsabilidad, después de la tunecina Najla Bouden en 2021. El comunicado difundido por el Palacio Real de Rabat precisa que el monarca la recibió en audiencia y la encargó de formar el próximo Gobierno. La designación llegó seis días después de la victoria del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) en las elecciones legislativas del 23 de septiembre.

La cita en Rabat no fue un trámite. Durante la audiencia, el soberano transmitió a la nueva jefa de Gobierno las grandes orientaciones estratégicas del país, un gesto que en la monarquía alauí funciona a la vez como hoja de ruta y como recordatorio del reparto de competencias. La Corona fija el marco. El Ejecutivo lo ejecuta.

El encargo de formar Gobierno y la aritmética de la coalición

El problema, ahora, es aritmético. El PAM ganó los comicios, pero no alcanzó la mayoría absoluta, de modo que El Mansouri tendrá que pactar con otras formaciones una coalición llamada a gobernar durante cinco años. La victoria electoral abre la puerta del palacio; no garantiza la estabilidad del gabinete.

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Tras el encuentro, la designada aseguró que ‘el trabajo empieza hoy’ y anunció el arranque inmediato de consultas para cerrar la composición del futuro Ejecutivo. También se declaró ‘muy honrada’ por la recepción y subrayó que el monarca ‘cree en la capacidad de la mujer marroquí’, a la que reconoce ‘respeto y consideración’.

La designación corona un proceso de presencia femenina creciente en las instituciones marroquíes. Antes que ella, solo una mujer había dirigido un Gobierno en el mundo árabe: la tunecina Najla Bouden, en 2021, en un contexto de fuerte tensión institucional en su país. Marruecos llega a este hito, en cambio, desde la continuidad de una monarquía que ha hecho de la estabilidad su principal activo.

El simbolismo es evidente, y también la lectura política: el palacio exhibe capacidad de renovación sin ceder terreno en el reparto del poder. En una región donde la presencia femenina en los ejecutivos sigue siendo excepcional, el gesto tiene recorrido diplomático más allá de sus fronteras.

En las monarquías parlamentarias, la firma del nombramiento no reparte escaños, pero fija el calendario y el tono de toda una legislatura.

Del despacho de Marrakech a la jefatura del Gobierno

Marruecos jefa de Gobierno

Formada como abogada, El Mansouri asumió la alcaldía de Marrakech con 33 años y acumuló después una carrera ministerial poco discutida: fue ministra de Ordenación del Territorio, Urbanismo, Vivienda y Política de la Ciudad, y coordinadora del PAM, la formación que ahora le ha abierto la puerta del palacio.

Su perfil es más de gestora que de negociadora de partido. Ese rasgo puede jugar a favor o en contra según cómo se repartan las carteras. Eso sí, el protocolo marroquí cuida el nombre del cargo: desde la reforma constitucional de 2011 la figura se denomina jefa de Gobierno y no primera ministra, una distinción que delimita competencias frente a la Corona y que Rabat ha repetido en cada comunicación oficial.

Qué revela este nombramiento del arbitraje de la Corona alauí

Creo que el dato más elocuente no está en el simbolismo, sino en la mecánica. En el modelo marroquí, el rey no es solo jefe de Estado: es también autoridad religiosa y garante de los sectores estratégicos del país. Cuando recibe a la ganadora de las elecciones y le transmite las orientaciones estratégicas, Mohammed VI escenifica quién marca el paso de la legislatura.

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La comparación con España resulta ilustrativa. Aquí, el artículo 99 de la Constitución reserva al Rey la propuesta de candidato a la Presidencia del Gobierno tras consultar con los grupos parlamentarios, y son las Cortes quienes invisten al elegido. En Marruecos, el monarca designa directamente al partido vencedor y este negocia después su mayoría. Dos mecánicas distintas para un mismo principio: sin la firma del rey no hay Gobierno.

Queda la letra pequeña, y no es menor. Una coalición sin mayoría absoluta propia obliga a repartir poder y a sostener equilibrios durante cinco años. Si la negociación se eterniza o el gabinete nace debilitado, el hito —la primera mujer al frente del Ejecutivo— puede quedar en segundo plano. Esa es la contradicción que tendrán que gestionar el palacio y la propia El Mansouri: un nombramiento histórico no garantiza por sí solo una legislatura estable.

El próximo termómetro será la composición del gabinete, y la presentación de su programa ante el Parlamento, paso obligado antes de que el nuevo Ejecutivo quede plenamente operativo. Las consultas arrancan ya. Lo que ocurra en las próximas semanas dirá si el gesto se convierte en un cambio estructural o se queda en un titular potente.

Claves del Protocolo y Estado

  • Contexto del acto: Mohammed VI designa a la primera mujer jefa de Gobierno de Marruecos seis días después de la victoria del PAM en las legislativas del 23 de septiembre.
  • El detalle de protocolo: la audiencia en el Palacio Real de Rabat incluye la entrega de las orientaciones estratégicas, fórmula que escenifica el reparto de competencias entre la Corona y el Ejecutivo.
  • Próximos pasos: consultas inmediatas para cerrar la coalición y presentación del programa de Gobierno ante el Parlamento; el Palacio Real no ha detallado todavía el calendario.