He salido del supermercado con dos bolsas y la sensación de haberme dejado media nómina en la caja. No es una impresión subjetiva: los precios del supermercado llevan cinco años subiendo sin descanso, y el último informe de la OCU pone cifra exacta a esa incomodidad.
El estudio anual de supermercados de la OCU compara artículos idénticos con los que comprábamos en 2021. El resultado global es un 39,5% de encarecimiento medio. Traducido a la nevera: los frescos acumulan un 44% y la carne se va hasta el 46,8%.
Cinco años de subidas: la cesta se ha encarecido un 39,5%
Conviene mirar la letra pequeña, porque ese promedio esconde diferencias brutales. Hay artículos que han subido lo razonable y otros que se han salido de la tabla. Y hay tres, solo tres, que se han abaratado.
Si en 2021 llenabas el carro con 100 euros, hoy necesitas casi 140 para llevarte exactamente lo mismo. Ahí está resumida media década en una sola línea.
La carne merece un apartado propio: acumula un 46,8% de subida desde 2021, por encima del 44% que registran los frescos en su conjunto.
Lo que se ha disparado: café, huevos y chocolate
El caso más sangrante es el café molido mezcla económica: cuesta un 142% más que en 2021. Es decir, su precio actual supera ampliamente el doble del que tenía hace cinco años. Quien haya visto la etiqueta de su marca habitual en la estantería ya intuía algo parecido.
Cinco años después, la pregunta ya no es si la compra está más cara, sino cuánto de ese encarecimiento hemos normalizado sin darnos cuenta.
Le siguen los huevos. Los de tamaño M se han encarecido un 135% y los L, un 123%, lo que convierte a la tortilla de siempre en un lujo relativo. La tableta de chocolate con leche completa el club de los que han doblado su precio, con un 101% acumulado.
Las razones se repiten en cada informe: energía, transporte y materias primas que nunca volvieron a los niveles previos. El café arrastra, además, su propia tormenta, con cosechas ajustadas y una demanda mundial que no da tregua.
Lo que baja de precio (y no es mucho)
Las bajadas existen, aunque cueste creerlo. Entre los productos que la OCU puede comparar con 2021, solo tres cuestan hoy menos: el detergente para la ropa (-12%), el yogur natural Danone (-8%) y la bebida de arroz (-6%).
Que un yogur de marca conocida esté más barato que hace cinco años es casi una rareza estadística. Eso sí, no conviene lanzar las campanas al vuelo: hablamos de céntimos por unidad, no de un cambio de tendencia. La mayoría de los frescos acumula un 44% de subida, así que el balance sigue siendo claramente negativo.
La letra pequeña del último año: 149 suben y 92 bajan
El informe también mira al ejercicio inmediatamente anterior, y ahí el panorama se suaviza. La cesta se ha encarecido un 1,8% de media, frente al 2,5% de 2025. Son 149 los artículos que han subido y 92 los que han bajado.
Entre los descensos más llamativos aparecen las servilletas de papel (-30,4%), los plátanos de Canarias (-22,6%), las alcachofas (-15,1%) y el puré de patatas (-14,8%). Productos de temporada, materia prima barata y promociones agresivas explican buena parte de esas cifras.
Cómo rascar euros en la próxima compra
Con este mapa de precios en la mano, hay margen para actuar. Lo primero es dejar de comprar café molido a ciegas y comparar entre cadenas: es el artículo donde las diferencias se han vuelto más rentables. Cambiar de marca en ese solo producto puede compensar la subida de media docena de básicos.
El segundo movimiento es aprovechar lo que baja. Si el yogur natural y la bebida de arroz están en mínimos relativos, es buen momento para devolverlos a la lista. Y las frutas y hortalizas de temporada, como el plátano o la alcachofa, siguen funcionando como colchón frente a la inflación alimentaria.
El tercero es pura cabezonería mía: fijarme en el precio unitario, ese de la etiqueta pequeña con el euros por kilo, antes de mirar la oferta grande. El formato familiar no siempre sale más barato, y con la inflación donde está, la diferencia entre presentaciones del mismo producto puede ser de varios céntimos.
Y el cuarto, puro sentido común: no hacer la compra con hambre y con prisa. Suena a consejo de abuela, pero llevamos décadas de estudios de consumo demostrando que el carrito se llena más cuando vamos sin lista. Con los precios actuales, la lista es lo único gratis que queda en el supermercado.
Queda un dato para el optimismo moderado. La OCU constata que el ritmo de subida se ha frenado. No es una bajada ni mucho menos, pero después de cinco años de escalada, que la cuesta se aplane ya es noticia.
Nada de esto arregla la factura, pero ayuda a decidir dónde apretar. La información, al menos, ya no es solo una intuición de pasillo.

