Arabia Saudí activa la coalición del Mar Rojo de 13 países frente a los hutíes

La coalición del Mar Rojo nace con 13 miembros plenos y 15 firmantes de la declaración conjunta. Riad asume el mando, Pakistán la subcomandancia y la ruta de Suez gana un nuevo paraguas de seguridad.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Arabia Saudí ha activado formalmente la coalición del Mar Rojo con 13 miembros plenos para proteger la navegación comercial en el Mar Rojo y el golfo de Adén.
  • ¿Quién está detrás? Riad asume el mando de la alianza y Pakistán la subcomandancia, en un contexto de escalada con los hutíes de Yemen.
  • ¿Qué impacto tiene? La ruta de Suez y los cargamentos de Saudi Aramco hacia Yanbu ganan una capa de protección, clave para el suministro energético europeo y para la economía española.

Arabia Saudí activa la coalición del Mar Rojo, con 13 países, para blindar la navegación comercial ante los hutíes.

La coalición del Mar Rojo pasa del papel a la operación

El Ministerio de Defensa saudí ha anunciado este jueves la activación formal de una alianza marítima multinacional que arranca con 13 países que ya han completado los procedimientos de adhesión. Otros 15 han firmado la declaración conjunta. Riad asumirá el mando de la coalición y Pakistán aportará el subcomandante, en un despliegue institucional que busca coordinar inteligencia, ejercicios conjuntos, y operaciones de escolta en el Mar Rojo y el golfo de Adén.

La activación se produce en un momento de escalada aguda en Yemen, tras aproximadamente cuatro años de relativa calma. Los hutíes, respaldados por Irán, reivindicaron a principios de agosto ataques con misiles balísticos y drones contra campamentos del gobierno reconocido internacionalmente, una ofensiva que, según fuentes gubernamentales citadas por Reuters, causó al menos 30 soldados muertos.

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Una escalada que rompe cuatro años de calma relativa

La tensión no es nueva. En julio, la disputa por los vuelos entre Saná y Teherán rompió la tregua: fuerzas respaldadas por Arabia Saudí atacaron el aeropuerto de Saná el 13 de julio para impedir el regreso de una delegación hutí. Los hutíes culparon a Riad, dieron por terminado el alto el fuego y declararon un bloqueo naval contra Arabia Saudí.

Desde entonces, los hutíes han reivindicado ataques contra buques e infraestructuras petroleras vinculadas a Riad, mientras la coalición liderada por los saudíes ha golpeado posiciones militares hutíes. La seguridad en el Mar Rojo pasó de ser un asunto latente a una prioridad operativa para Riad, que no puede permitirse una interrupción prolongada de su salida petrolera alternativa al estrecho de Ormuz.

La seguridad del Mar Rojo ya no es una cuestión regional: es la arteria energética que conecta a Arabia Saudí con Europa y sostiene la ruta de Suez.

Aquí es donde entra la economía real. Saudi Aramco ha redirigido parte de su crudo desde el golfo Pérsico hacia el puerto de Yanbu, al sur del Mar Rojo. Las cargas en Yanbu han promediado más de 4 millones de barriles diarios desde junio, más de cuatro veces el nivel del mismo periodo del año anterior, según datos de seguimiento de petroleros citados por Reuters. El petróleo y los productos derivados representan más de tres cuartas partes de las exportaciones saudíes, así que el bloqueo hutí golpearía directamente una arteria crítica.

El movimiento también llega acompañado de informaciones sobre preparativos para una posible ofensiva marítima y terrestre contra los hutíes. The Guardian, citando fuentes yemeníes, informó a principios de este mes que las fuerzas respaldadas por Riad estaban siendo reposicionadas. La coalición activada no es solo disuasoria; es un paraguas que institucionaliza una confrontación que llevaba meses gestándose entre bambalinas.

seguridad marítima

Equilibrio de Poder

En Moncloa.com hemos seguido de cerca el despliegue. La primera lectura es evidente: la alianza liderada por Arabia Saudí da forma jurídica y operativa a una realidad que ya existía sobre el terreno, la dependencia saudí de una ruta que, si se cierra, dispara el precio del crudo en todos los mercados. La segunda lectura es menos obvia: Washington observa con pragmatismo. La administración estadounidense, centrada en su prioridad del Indo-Pacífico, ve con buenos ojos que Arabia Saudí asuma la seguridad de una vía que beneficia a Europa sin coste para el Pentágono.

Para España, la conexión es directa. El tráfico marítimo que cruza el Mar Rojo alimenta el canal de Suez y, con él, las rutas de importación de energía del sur de Europa. Una disrupción sostenida elevaría los costes logísticos y el precio del Brent, una variable que la economía española, importadora neta de hidrocarburos, sufriría en la factura energética, la inflación y la competitividad industrial. Marruecos y el Magreb también miran de reojo: cualquier choque en la salida sur del Mediterráneo tensiona los flujos comerciales que pasan por el estrecho de Gibraltar, un paso por el que transita una parte sustancial del comercio energético global.

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El análisis de esta redacción apunta a una tendencia más amplia: la descentralización de la seguridad marítima. Ya no es solo la OTAN o las armadas occidentales las que garantizan el paso de los petroleros; las potencias regionales asumen el coste y el mando. En 2019, los ataques a Abqaiq y Khurais demostraron la vulnerabilidad saudí; hoy, Riad responde con una arquitectura defensiva compartida. El precedente histórico que resuena es la Operación Aspides, la misión europea lanzada en 2024 para escoltar buques en la misma zona. Ahora se superpone una iniciativa árabe que, de consolidarse, cambiará el equilibrio de poder en el mar Rojo.

Sin embargo, el riesgo de escalada no puede ignorarse. Si los hutíes interpretan la coalición como una amenaza existencial, podrían ampliar su campaña de drones y misiles contra objetivos saudíes e incluso contra intereses internacionales. La próxima ventana crítica estará en las próximas semanas, cuando se defina el alcance real de la colaboración entre Riad y Pakistán y se celebre una reunión de coordinación que marcará el rumbo. Seguiremos de cerca.

La coalición es un movimiento defensivo, sí, pero envía un mensaje: Arabia Saudí ya no espera a que Washington le resuelva el conflicto. Riad ya no espera. Actúa. Y eso, en términos geopolíticos, es un viraje.