Japón ha reactivado su mayor central nuclear y limita la solar: un aviso para España. La decisión, catorce años después del accidente de Fukushima, reabre el debate sobre el calendario de cierre de la energía atómica en el sistema eléctrico español.
Kashiwazaki-Kariwa: el regreso de la mayor central nuclear del mundo
El reactor 6 de la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, en la prefectura de Niigata, comenzó a operar comercialmente el 16 de abril de 2026. No es una unidad cualquiera: es la central nuclear con mayor capacidad instalada del mundo, propiedad de Tokyo Electric Power Company (TEPCO). Sus siete reactores suman más de 8.000 megavatios (MW), aunque solo una parte está en condiciones de volver a la red.
La unidad 6, de 1.356 MW, puede generar unos 9.500 gigavatios hora al año, cerca del 2% de la electricidad que consume el área de Tokio. Traducido a independencia energética: equivale a 1,3 millones de toneladas anuales de gas natural licuado que Japón no necesita importar.
Antes del accidente de Fukushima, el país tenía 54 reactores nucleares y obtenía cerca del 30% de su electricidad de esta fuente. Tras la tragedia, apagó todas las centrales mientras revisaba los estándares de seguridad. La reapertura ha sido lenta: solo 15 reactores habían vuelto a funcionar hasta 2026, según los datos japoneses.
La apuesta de Tokio no es menor: combinar la nuclear con las renovables para bajar emisiones y reducir una factura energética históricamente dependiente del exterior. La central, gestionada por la misma empresa que opera Fukushima Daiichi, simboliza esa vuelta de página.
El regreso nuclear expone una paradoja que ya se nota en la operación diaria. La generación renovable debe recortarse cuando sobra electricidad y la demanda es baja. El 29 de marzo se restringieron 3.290 MW renovables en el área de TEPCO.
Japón ha restringido 3.290 megavatios de generación renovable en un solo día para dar cabida a su nueva potencia nuclear.
Por qué Japón limita la solar y qué interpela a España
Las centrales nucleares están diseñadas para ofrecer una producción estable y continua; la fotovoltaica, en cambio, depende del sol y alcanza sus máximos en las horas centrales del día. La red no puede transportar ni almacenar tanto excedente cuando coinciden una jornada de bajo consumo y una buena cosecha solar. Por eso Japón recorta renovables, no por un cambio de prioridad política.
Mejorar las interconexiones y desplegar almacenamiento con baterías no son mejoras cosméticas: sin ellas, la electricidad nuclear y la solar seguirán compitiendo por un espacio limitado. Japón ya aprende que la potencia no basta si la red no acompaña.
Esto interpela directamente al cierre nuclear en España. El calendario español, ligado al Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), contempla la clausura progresiva de los siete reactores operativos entre 2027 y 2035. Un país que apague esa base firme sin almacenamiento suficiente puede acabar vertiendo solar y quemando más gas, justo la contradicción que Japón empieza a sufrir.
Las eléctricas Iberdrola, Endesa, Naturgy y EDP, socias en las centrales nucleares españolas, llevan años reclamando una señal clara sobre si mantener o no los reactores más allá de esas fechas. No es un debate académico: sustituir la nuclear por ciclos combinados de gas encarece la luz y dispara las emisiones en la próxima década.
El espejo japonés para el cierre nuclear español
El desafío japonés va más allá de la red. Durante una visita de prensa en mayo, la piscina de combustible usado del reactor 6 estaba al 88% de su capacidad. El gerente de la central, Takeyuki Inagaki, lo admitió con crudeza: ‘nuestra generación eléctrica se paralizará tarde o temprano’ si no se resuelve la gestión de los residuos.
España tampoco tiene resuelto el pasivo nuclear. El combustible gastado se guarda en los propios emplazamientos a la espera de un almacén definitivo que acumula retrasos. Cerrar los reactores no hace desaparecer los residuos; solo traslada el problema a otra generación.
La cuestión no es solo técnica. Mantener los reactores exige inversión y un marco de precios que remunere la aportación de una fuente que produce día y noche, sin depender del gas. Si no llega esa señal, las propietarias no podrán afrontar las recargas de combustible ni las mejoras de seguridad; el cierre llegaría antes por economía que por decreto.
Conviene recordar que Alemania cerró sus nucleares tras Fukushima y terminó dependiendo más del gas y del carbón, con los precios disparados en Europa. España no debe copiar ni el apagón alemán ni la prisa japonesa, pero necesita tomar la decisión con datos: cuánta base firme necesita su sistema y quién paga el almacenamiento.
La próxima revisión del PNIEC y la negociación con las propietarias medirán si el país apuesta por conservar la nuclear como respaldo de la transición o si asume el coste de cerrarla antes de tiempo. Lo que Japón demuestra es que el dilema no es ideológico: es una cuestión de suministro, dinero y red. Esa es la lección que Madrid no debería desatender.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Japón ha reactivado el reactor 6 de Kashiwazaki-Kariwa, la mayor central nuclear del mundo, catorce años después del accidente de Fukushima.
- Datos importantes: El reactor aporta 1.356 MW y unos 9.500 GWh anuales; sustituye 1,3 millones de toneladas de gas natural licuado y ya obliga a restringir renovables.
- Resumen: El regreso japonés reabre el debate sobre el calendario español de cierre nuclear y la necesidad de almacenar y transportar la electricidad renovable.

