El portavoz de Junts en el Senado, Eduard Pujol, convirtió este lunes la Comisión de Asuntos Exteriores en un aviso directo al Estado: la gestión migratoria de Ceuta no es un dossier local. Con el ministro José Manuel Albares ausente, Pujol denunció que la crisis ya tiene consecuencias políticas, sociales y de seguridad que desbordan la frontera sur y alcanzan de lleno a la política catalana.
La ausencia de Albares y la escenificación del vacío
La Comisión, convocada por el PP para interpelar al ministro de Exteriores, se celebró sin su presencia. Junts interpreta esa inasistencia como una huida ante un debate que define como cuestión de Estado. Pujol reivindicó el espacio: ‘Lo que pasa en Ceuta no se queda en Ceuta. No es un problema local. Lo que pasa en Ceuta también afecta a Europa y a Catalunya. A partir de esa premisa, desplegó un argumentario que vincula directamente la inestabilidad en la frontera con Marruecos con las costuras sociales catalanas.
El senador acusó al Estado de mantener ‘fronteras colador’ y advirtió de que una frontera europea no puede ser absolutamente vulnerable. Su crítica apunta a un déficit estructural: según Pujol, el Estado ha dedicado ‘la mitad de la obsesión’ a perseguir el proceso independentista que a conocer sus propias vulnerabilidades ante Marruecos. La referencia no es casual: Junts trata de trasladar al plano de la seguridad nacional un debate que, desde su óptica, el PSOE ha relegado a la geopolítica marroquí sin aterrizarlo en consecuencias domésticas.
Por qué Ceuta se convierte en un problema catalán
En su intervención, el portavoz rechazó tanto el ‘buenismo’ como el ‘populismo’. ‘Tratar la inmigración como lo haría un cuñado después de la comida de fiesta mayor del 15 de agosto convierte la inmigración en un problema prácticamente irresoluble. Y a eso se le llama populismo’, argumentó. Su diagnóstico no es el de la ultraderecha, pero tampoco el de una izquierda que minimice la presión sobre los servicios públicos: ‘Pedir orden migratorio no es de extrema derecha. En nuestro caso, es proteger la cohesión social de Catalunya’. Es la fórmula de Junts para ocupar un espacio propio en un debate que ya domina el PP y que Vox intenta monopolizar en clave identitaria.
Pujol respondió también a la ministra de Defensa, Margarita Robles, que había calificado Ceuta y Melilla de españolas. La respuesta del senador fue irónica: ‘Muy bien, ministra. Españolísimas. Pero el problema es que las fronteras son vulnerabilísimas’. Esa línea argumental le sirve para marcar distancias con la defensa de la soberanía española y situar el foco en las consecuencias que la mala gestión estatal puede generar en en Cataluña.
‘España puede jugar con su soberanía. Ustedes sabrán. Pero lo que no pueden hacer es jugar con la sensación de impunidad, con la inseguridad y con los miedos colaterales que después también inflaman y generan miedo en Catalunya’, afirmó. La afirmación condensa la tesis de Junts: la crisis migratoria no es una cuestión exterior, sino un factor de desestabilización interior que interfiere directamente en la cohesión social catalana.
La ausencia de los ministros no evita el debate: lo convierte en un memorial de agravios que Junts capitaliza sin competencia.
El precedente de 2017 y la estrategia de Junts
Coincidiendo con el noveno aniversario de los atentados de Barcelona y Cambrils, Pujol enlazó la crisis migratoria con una demanda recurrente de su partido: esclarecer la relación entre el imán de Ripoll y el CNI. Repreguntó al PSOE y al PP: ‘¿Qué carajo esconden? ¿A quién protegen?’. La evocación de aquel episodio sirve para mantener viva una herida política que Junts considera abierta: la opacidad del Estado en asuntos de seguridad que afectaron directamente a Cataluña.
El senador también recordó las palabras del exministro de Exteriores José Manuel García-Margallo, quien antes de los atentados habría anticipado que ‘a mediados de agosto en Catalunya pasarán cosas’. La referencia alimenta la narrativa de Junts sobre los agujeros en la inteligencia estatal y su coste en vidas catalanas. ‘Un día nos dirán: «Con Ceuta empezó todo»‘, pronosticó Pujol.

En el capítulo internacional, el portavoz denunció la censura impuesta por Marruecos a periodistas de EFE y TVE que cubrían la frontera: ‘Se llama censura. En paralelo, retomó el supuesto espionaje con Pegasus al presidente Pedro Sánchez y las dudas sobre un problema ‘de primera magnitud’ en las relaciones con Rabat. Junts introduce así un eje que va más allá de la inmigración: la credibilidad del Estado frente a un socio estratégico que condiciona su política exterior.
La conclusión de Pujol fue rotunda: ‘Catalunya no puede más‘. No es un eslogan pensado solo para el Senado; es un mensaje orientado al electorado catalán que observa la inmigración como un tema de clase, de cohesión y de seguridad. Junts no regalará este debate a la ultraderecha, pero tampoco aceptará el marco de la izquierda. Su apuesta pasa por convertir la crisis de Ceuta en la prueba de que el Estado no protege sus fronteras y, por extensión, tampoco a Cataluña.
La lectura política es evidente: Pujol no interviene para convencer al PSOE ni al PP en Madrid. Lo hace para posicionar a Junts como el partido que habla claro sobre una cuestión tabú. El precedente está en su estrategia en el Senado, donde Junts ha ido ocupando espacios que otros partidos catalanes descuidan. A menos de un mes del inicio del nuevo curso político, los mensajes de Pujol anticipa la dureza que Junts llevará a la negociación presupuestaria y a los debates autonómicos del próximo trimestre.

