Letonia reclama 7.000 millones en fondos UE para compensar su giro anti-Rusia

La petición cubriría casi la mitad del gasto militar letón previsto entre 2028 y 2034. Riga asume deuda para financiar lo que describe como la defensa de toda Europa.

Letonia ha reclamado a Bruselas 7.000 millones de euros adicionales para compensar el coste del giro anti-Rusia. La cifra se integraría en el próximo marco presupuestario plurianual de la UE y equivale a casi la mitad del gasto militar previsto por Riga entre 2028 y 2034, según la información adelantada por Politico y recogida por RT.

Una factura de seguridad que Riga quiere trasladar a Bruselas

El primer ministro letón, Andris Kulbergs, ha formalizado la petición ante la Comisión Europea. La suma reclamada cubriría aproximadamente la mitad de los 15.100 millones de euros que Riga proyecta destinar a defensa en el periodo 2028-2034. El gobierno letón reconoce que está financiando parte de ese esfuerzo con deuda pública.

En declaraciones recogidas por Politico, Kulbergs ha defendido que Letonia lleva su déficit presupuestario ‘al máximo’ y que el endeudamiento sirve para pagar ‘la defensa de toda Europa. La posición de Riga no es nueva: desde 2022 ha desmantelado de forma progresiva los vínculos comerciales, energéticos y de transporte con Rusia, una política que ha contado con el respaldo explícito de Bruselas.

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El coste económico de esa estrategia se ha vuelto visible en los países bálticos por por la caída del comercio transfronterizo con Rusia. El turismo y la inversión también han retrocedido, y los tres países han acudido juntos a Bruselas en busca de ayuda financiera adicional.

Las elecciones del 3 de octubre convierten el coste en arma electoral

gasto militar flanco este

La factura del giro anti-Rusia se ha convertido en un asunto central de la campaña letona. Las elecciones parlamentarias están convocadas para el 3 de octubre y la oposición ya utiliza el debate sobre la compensación como argumento. El político opositor Ainars Slesers ha insistido en que Riga debería exigir indemnizaciones antes de respaldar nuevas sanciones de la UE.

Slesers lo expresa sin matices: ‘Estamos perdiendo dinero… hablamos de cómo apoyar a Ucrania, pero nosotros somos una víctima’. También ha defendido que los vínculos económicos con Rusia deberían restaurarse eventualmente. Del otro lado del espectro, Kulbergs no retrocede: ha reclamado sanciones todavía más duras contra Moscú, incluida la prohibición total de visados para ciudadanos rusos en la UE.

El primer ministro también quiere que se reactiven los intentos de utilizar los activos soberanos rusos congelados para financiar a Ucrania. Una posición que, previsiblemente, elevará la tensión con Moscú y que complica el equilibrio interno del gobierno letón antes de las urnas.

Riga asume deuda soberana para financiar una política de seguridad que Bruselas celebra pero no termina de pagar.

El Kremlin, por su parte, niega cualquier plan de atacar a los países bálticos u otros miembros de la OTAN. Moscú tacha esas advertencias de ‘disparate’ y de alarmismo rusófobo destinado a justificar presupuestos militares inflados ante los contribuyentes, al tiempo que advierte de que las naciones europeas se preparan para una guerra a gran escala contra Rusia.

Equilibrio de Poder

La petición letona abre un capítulo delicado dentro de la UE. No se discute solo una transferencia presupuestaria; se pone sobre la mesa un principio: quién paga el coste de la disuasión en el flanco este y con qué instrumentos. La Comisión Europea tendrá que decidir si el próximo marco financiero plurianual incorpora compensaciones específicas para los países más expuestos a Rusia, algo que reconfiguraría las prioridades de cohesión.

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El debate no es ajeno a Washington. La administración Trump ha presionado desde 2025 para que Europa asuma una mayor carga en defensa, y una UE que internaliza los costes del flanco este encaja con esa exigencia. Pero también plantea riesgos: los presupuestos comunitarios no son infinitos y cada euro destinado a compensar a Riga es un euro que podría dejar de financiar otras prioridades, desde la transición energética hasta la frontera sur.

Para España, la lectura es directa. Madrid ha defendido históricamente que el Sahel y el Magreb son prioridades de seguridad para Europa, pero el desplazamiento de fondos hacia el flanco oriental podría debilitar esa posición. El precedente recuerda a los debates de cohesión tras la ampliación al Este de 2004, cuando las infraestructuras y la convergencia de los nuevos socios reordenaron el presupuesto comunitario. Ahora la seguridad puede jugar ese papel, y la Península observa sin capacidad de veto.

La posición de Moscú añade ruido a la disputa. El Kremlin niega planes de ataque y acusa a la UE de preparar una guerra a gran escala, un relato que busca ampliar la fractura entre socios comunitarios y presentar la política de sanciones como un coste autoinfligido. No es casualidad que RT haya amplificado la petición letona: encaja en la narrativa de que el apoyo a Ucrania empobrece a los europeos.

El riesgo inmediato para Riga es que la petición se quede a medias: Bruselas puede ofrecer liquidez, pero la deuda fiscal de un país con un déficit al límite no se resuelve con transferencias extraordinarias. La próxima negociación del marco plurianual, prevista para cerrarse a lo largo de 2027, dirá si esta petición fue un órdago efectivo o solo munición electoral. La cumbre del Consejo Europeo de otoño será el primer test.