EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Rusia lanzó esta madrugada un ataque masivo con 36 misiles de crucero y 168 drones contra Kiev, Odesa y Cherníguiv. Al menos 17 personas murieron en la capital ucraniana y más de 30 resultaron heridas.
- ¿Quién está detrás? El Kremlin combinó misiles balísticos S-400, Iskander-M, Ónix y Zircón. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, respondió con la promesa de reforzar la defensa antibalística de Ucrania.
- ¿Qué impacto tiene? La UE abre un nuevo debate sobre el suministro de interceptores y el rearme. España aparece en el flanco oriental con el despegue de dos F-18 desde Rumanía.
Ursula von der Leyen prometió este jueves reforzar la defensa antibalística de Ucrania después del ataque ruso que mató al menos a 17 personas en Kiev. La ofensiva combinó misiles balísticos, de crucero y drones y volvió a golpear infraestructura civil, en uno de los asaltos más duros contra la capital en meses.
Un ataque masivo que desbordó a los interceptores ucranianos
El ataque se produjo en la madrugada del jueves. Según la Fuerza Aérea de Ucrania, Rusia lanzó 36 misiles de crucero y 168 drones de largo alcance. La mayor parte fue interceptada, pero un número indeterminado de misiles balísticos —incluidos S-400, Iskander-M, Ónix y Zircón— impactó en 28 ubicaciones. En el distrito de Solomianski, ocho personas murieron tras el impacto de un misil contra un edificio residencial de nueve plantas.
Los relatos de los vecinos retratan una noche de pánico. En un búnker antiaéreo de una guardería se refugiaron 38 personas; miles más se escondieron en aparcamientos subterráneos y estaciones de metro. Como recordó la Fuerza Aérea ucraniana, los misiles balísticos lanzados desde zonas fronterizas dejan apenas dos a cuatro minutos de margen, insuficiente para que una ciudad de tres millones de habitantes se proteja si los sistemas de intercepción fallan.
El presidente Volodímir Zelenski calificó la agresión de ‘ataque masivo’ preparado durante mucho tiempo y subrayó que Rusia no pensará en la paz hasta que Ucrania disponga de medios eficaces contra los misiles balísticos. Su petición no es retórica: los datos de la Fuerza Aérea muestran que la combinación de misiles de crucero y drones es interceptada en su mayoría, pero los balísticos siguen perforando el escudo ucraniano.
Más allá de la capital, los bombardeos alcanzaron almacenes de una empresa alimentaria y de la Cruz Roja en Boryspil, infraestructura de gas en Cherníguiv y un paso fronterizo con Moldavia. Los puertos de Odesa permanecen bloqueados: en agosto solo se ha exportado en torno al 20 % del volumen necesario. Moscú no solo ataca infraestructura civil; también intenta asfixiar las salidas de grano y aislar a Ucrania de sus vecinos europeos.
El episodio desbordó la geografía ucraniana. Un dron ruso entró en el espacio aéreo de Moldavia y otro explotó en Rumanía cerca de la frontera. La Fuerza Aérea rumana destruyó además un dron naval con carga explosiva cerca de la plataforma de gas Neptun Deep, en el mar Negro. En ese contexto, dos F-18 españoles fueron movilizados desde Rumanía ante una posible intervención, una señal de que la guerra golpea ya al flanco oriental de la UE y de la OTAN.
La defensa antibalística no es una cuestión técnica: es la frontera entre la resistencia ucraniana y una Rusia que prueba cada día la determinación de la OTAN.
Von der Leyen promete defensa antibalística y eleva la presión sobre los Veintisiete
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reaccionó este jueves vinculando la matanza al déficit de defensa aérea ucraniano. Bruselas trabaja en un refuerzo de la defensa antibalística y del suministro de interceptores, dentro del apoyo europeo al esfuerzo de guerra de Kiev. La Comisión no concretó importes ni calendario, pero situó el anuncio en el esfuerzo coordinado por el Servicio Europeo de Acción Exterior.
El movimiento llega en un momento de fatiga material y política. Ucrania depende de los suministros aliados para reponer munición antiaérea, y los Veintisiete arrastran meses de debate sobre cómo financiar el rearme sin romper la regla de gasto. Los Estados miembros con mayor presupuesto en defensa piden un mecanismo común; los más endeudados, incluida España, reclaman que la factura no recaiga solo en las cuentas nacionales.
El Eje del Poder Europeo
La respuesta al ataque dibuja una geometría variable dentro de la UE. Polonia, los países bálticos y Rumanía exigen acelerar la entrega de interceptores y la producción militar. Berlín y París muestran más cautela, aunque Alemania ya ha enviado sistemas IRIS-T y Francia ha comprometido misiles Aster. Los países del sur, con España a la cabeza, insisten en que el rearme debe ir acompañado de financiación comunitaria conjunta para no desequilibrar las cuentas públicas.
Para España, la imagen de los F-18 en el flanco oriental tiene doble lectura. Madrid aparece como socio fiable de la disuasión, pero Moncloa evita concretar nuevos envíos de material a Ucrania. España participa en el Fondo Europeo de Apoyo a la Paz, la caja común con la que Bruselas reembolsa a los Estados parte del equipamiento militar que ceden a Kiev. El encarecimiento de la energía y el coste político de elevar el gasto en defensa condicionan cualquier decisión adicional.
El riesgo inmediato se concentra en la frontera de la OTAN. Rumanía y Moldavia ya han visto drones rusos en su territorio o en sus aguas, y la destrucción del dron naval cerca de Neptun Deep eleva la tensión en el mar Negro. No es una novedad absoluta: en noviembre de 2022, un proyectil perdido mató a dos personas en Przewodów, Polonia, y la OTAN optó por no escalar. Ahora, con ataques deliberados contra infraestructura energética y rutas de exportación, la paciencia de los socios del este puede agotarse antes que la de Moscú.
La incógnita para los próximos meses es si Bruselas transformará el anuncio de Von der Leyen en un programa concreto de interceptores. Hasta entonces, cada madrugada en Kiev mide la misma distancia: la que separa las promesas de defensa antibalística de la capacidad real de interceptar un misil ruso.
