Estados Unidos ha presentado un plan federal de diez años para gestionar la crisis de agua del río Colorado, con recortes que pueden alcanzar el 40% del suministro de California, Arizona y Nevada.
La Oficina de Reclamación de EE.UU. ha publicado el borrador esta semana, después de tres años de negociaciones fallidas y plazos incumplidos. El marco anterior expira en octubre y el nuevo plan fija las reglas operativas que se revisarán cada dos años.
Un recorte histórico del 40% para un río en números rojos
Según el documento, esos tres estados de la cuenca baja podrían perder hasta 3 millones de acres-pie de agua al año. Un acre-pie equivale a 1,2 millones de litros, suficiente para abastecer a unas tres familias durante un año. El recorte colectivo ronda el 40% del suministro.
El plan no detalla cómo se repartirán exactamente esos recortes. Sí contempla una reducción obligatoria de 1,25 millones de acres-pie en 2027 y 2028, con la posibilidad de ampliarla si las condiciones hidrológicas empeoran.
Los expertos consultados por The Guardian insisten en que no se trata de una solución definitiva, sino de un salvavidas para proteger la infraestructura del sistema. El objetivo es ganar tiempo mientras los siete estados implicados —Colorado, Nuevo México, Utah y Wyoming en la cuenca alta; California, Arizona y Nevada en la baja— siguen sin alcanzar un consenso sobre cómo repartir los recortes.
Para devolver la cuenca al equilibrio hacen falta más de 3 millones de acres-pie de recortes anuales, una cantidad superior a una cuarta parte del caudal medio del río. Los lagos Powell y Mead acaban de registrar sus niveles combinados más bajos desde la construcción del primero.
El plan federal duplica los recortes máximos del marco anterior, pero no obliga a la cuenca alta a asumir sacrificios equivalentes.
La letra pequeña del plan: un puente, no una sentencia firme
El nuevo marco federal supera al anterior al más que duplicar las reducciones máximas exigidas. También introduce incentivos a la conservación: los usuarios podrán almacenar agua en los embalses federales y recibir créditos por los volúmenes ahorrados. Con este mecanismo, el Gobierno federal aspira a lograr un ahorro de hasta 200.000 acres-pie en la cuenca alta.
Pero la letra pequeña deja preguntas abiertas. El texto no obliga a Colorado, Nuevo México, Utah y Wyoming a recortar su consumo, una omisión que ya ha levantado críticas en la cuenca baja. JB Hamby, comisionado del río Colorado por California, lo resumió así: «Es un puente, no una solución permanente. Tres estados no pueden cargar con la responsabilidad de los siete».
La disputa no es nueva: el acuerdo de 1922 repartió los derechos a partes iguales entre ambas cuencas, con 7,5 millones de acres-pie para cada una. Desde 2020, el caudal medio del río apenas supera los 10 millones de acres-pie anuales. El desajuste entre derechos y agua disponible se ha vuelto estructural.
El consumo ha caído gracias a la eficiencia y a los programas de conservación, pero no lo suficiente. Desde 2020, los caudales han descendido un 32% respecto al siglo pasado. La agricultura absorbe más del 70% del agua del río, incluidos cultivos de alta demanda hídrica como la alfalfa y las hortalizas de hoja que abastecen a todo el país durante el invierno.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Agua en riesgo: Hasta 3 millones de acres-pie al año para California, Arizona y Nevada, un 40% de su suministro.
- Déficit estructural: El caudal medio del Colorado ronda los 10 millones de acres-pie, frente a los 15 millones asignados por derechos históricos.
- Reducción de caudal: Un 32% menos desde 2020 en comparación con la media del siglo pasado.
- Equivalencia tangible: Más de 40 millones de personas dependen del río para abastecerse.

El análisis: por qué la crisis exige más que un plan federal
Vamos a los datos. El plan presentado por la Oficina de Reclamación es más ambicioso que los anteriores, pero nace con una limitación estructural: el Gobierno federal no puede imponer recortes generalizados a los estados. Su autoridad se concentra en los embalses de Powell y Mead, lo que le da más jurisdicción sobre la cuenca baja.
Esa asimetría alimenta la amenaza de litigios. La gobernadora de Arizona, Katie Hobbs, ya ha calificado de inaceptables algunas opciones federales. El gobernador de Nevada, Joe Lombardo, ha prometido combatir cualquier resultado que imponga impactos irrazonables. Amy Haas, directora ejecutiva de la Autoridad del Río Colorado de Utah, advierte de que algunos estados se preparan para demandar a sus vecinos.
Si los pleitos llegan al Tribunal Supremo, la gestión hídrica podría quedar atrapada durante años. Rhett Larson, profesor de derecho del agua en la Universidad Estatal de Arizona, cree que en septiembre u octubre habrá un argumento sólido para que la cuenca baja reclame a la alta por incumplir su obligación de entrega.
Ojo con el dato climático. La sequía de nieve y la ola de calor extrema de esta primavera han dejado el nivel del lago Powell a solo 37 pies por encima del punto en el que la presa de Glen Canyon dejaría de generar hidroelectricidad. Un año más de escorrentía mediocre, sin ser catastrófico, bastaría para acercar el sistema al colapso.
La esperanza de un invierno húmedo gracias a El Niño no cambia las cuentas. Brad Udall, investigador de la Universidad de Colorado, recuerda que un siglo de datos no muestra una relación clara entre la intensidad de El Niño y el agua disponible en el Colorado. «Un invierno decente solo nos compraría un poco de tiempo», ha dicho.
La transición hídrica exige algo más que prórrogas. No se trata solo de repartir la escasez: hay que aumentar la oferta con agua reciclada, fijar señales de precio para los grandes consumidores agrícolas y acelerar la eficiencia. De lo contrario, dentro de dos años la negociación volverá al punto de partida, con menos agua y menos margen.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: El plan obliga a reducir 1,25 millones de acres-pie en 2027-2028 y contempla hasta 3 millones anuales si la sequía persiste.
- Modelo que cambia: La gestión del agua deja de premiar el consumo histórico de los estados y empieza a reconocer créditos por conservación.
- Para las próximas generaciones: Proteger los embalses de Powell y Mead evita un apagón hídrico e hidroeléctrico para 40 millones de personas.

