Un dron ucraniano mata a dos niños en un centro infantil de Krasnodar

El gobernador regional atribuye el ataque a una oleada de drones y cifra en siete los menores heridos. La campaña ucraniana de ataques profundos extiende la guerra a la retaguardia civil rusa.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Un dron ucraniano ha impactado en un centro infantil de Krasnodar; dos menores han muerto y siete han resultado heridos.
  • ¿Quién está detrás? El gobernador regional ruso Veniamin Kondratyev atribuye el ataque a una oleada de drones ucranianos.
  • ¿Qué impacto tiene? La escalada contra el sur de Rusia amplía el radio de la guerra de drones y suma presión sobre la retaguardia civil rusa.

Un dron ucraniano ha matado a dos niños en un centro infantil de Krasnodar durante una oleada nocturna, según el gobernador regional. El ataque se produjo en la madrugada del lunes, de acuerdo con la información difundida por la agencia estatal rusa RT, y deja al menos siete menores heridos, además de dos adultos hospitalizados.

El ataque al centro infantil y el balance de víctimas

De acuerdo con la nota difundida por RT, el impacto se produjo en el marco de un ataque masivo con drones enemigos contra la ciudad de Krasnodar, situada a unos 80 kilómetros del mar Negro. El gobernador Veniamin Kondratyev confirmó la muerte de dos menores y precisó que otros siete niños resultaron heridos y están recibiendo atención médica; dos adultos permanecen hospitalizados.

La plataforma de comercio electrónico Ozon confirmó en su canal de Telegram que uno de sus almacenes en Krasnodar fue alcanzado por un dron, lo que provocó un incendio de grandes dimensiones. La empresa aseguró que los empleados fueron evacuados y que no se han reportado víctimas entre el personal.

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El ataque no se limitó a Krasnodar. El gobernador de la región de Stavropol, Vladimir Vladimirov, informó de que drones ucranianos apuntaron contra un sitio industrial no especificado en Nevinnomyssk, a unos 300 kilómetros de la costa. Las autoridades no han detallado el alcance de los daños materiales ni las posibles víctimas.

La jornada del lunes se produce después de que el domingo se registraran dos civiles heridos en la región de Belgorod, fronteriza con Ucrania, según los servicios de emergencias locales. La repetición de los golpes, está convirtiendo el sur de Rusia en un flanco expuesto a los drones de largo alcance.

Los drones ucranianos han convertido la retaguardia rusa en un frente más de la guerra, y la población civil ya paga el precio.

La campaña de drones contra el sur de Rusia

Krasnodar ataque infantil

Ucrania ha intensificado en los últimos meses sus ataques en profundidad sobre territorio ruso. Refinerías, puertos y almacenes logísticos son objetivos recurrentes, pero la propia agencia estatal rusa RT reconoce que, en muchos casos, los drones también alcanzan bloques de apartamentos o camiones de combustible en carreteras. La distinción entre objetivo militar y daño colateral se difumina en una estrategia de desgaste.

El presidente ruso, Vladimir Putin, respondió el sábado a esta campaña asegurando que los ataques no destruirán la economía del país ni minarán la moral pública. En declaraciones recogidas por RT, afirmó que los golpes tendrán ‘exactamente el efecto contrario’. Es la retórica de un Kremlin que necesita mostrar fortaleza interna mientras la guerra se hace visible lejos del frente.

Equilibrio de Poder

El equilibrio de poder en juego es más complejo de lo que sugiere la narrativa de cada bando. Para Moscú, cada ataque con drones sobre Krasnodar o Belgorod es una prueba de que Ucrania puede golpear la retaguardia civil y sembrar la sensación de que la guerra no se limita al Donbás. El Kremlin, por eso, proyecta un mensaje de normalidad y desafío, pero la evacuación de almacenes y los incendios urbanos minan esa imagen. Para Washington y Bruselas, la campaña ucraniana plantea un dilema: Occidente ha sido reacio a respaldar de forma explícita los ataques sobre territorio ruso internacionalmente reconocido, aunque Ucrania emplea cada vez más drones de fabricación propia para sortear esas restricciones. La línea entre apoyo defensivo y escalada ofensiva se difumina en cada oleada.

El impacto para España no es directo en el plano militar, pero sí en el económico y el de seguridad. La inestabilidad en el mar Negro y la presión sobre las infraestructuras energéticas rusas pueden alterar los mercados globales de petróleo y gas, con efecto indirecto sobre los precios que pagan las familias y empresas españolas. Además, cada prueba de que la guerra convencional se extiende a la retaguardia refuerza las demandas de aumentar el gasto en defensa dentro de la OTAN, un compromiso que el Gobierno de Sánchez ha venido negociando con Bruselas. En perspectiva histórica, la campaña de drones ucranianos recuerda a la lógica de los bombardeos alemanes con V-2 sobre Londres: golpear la retaguardia para generar pánico, sin que ello cambie necesariamente el curso militar. La diferencia es que hoy los drones son baratos, difíciles de interceptar y capaces de saturar defensas. Rusia ya ha recurrido a esa misma lógica con los Shahed iraníes contra las ciudades ucranianas desde octubre de 2022; lo que ha cambiado es la dirección de los golpes.

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El riesgo inmediato es una represalia rusa sobre infraestructuras ucranianas aún más contundente. Cada ataque ucraniano sobre territorio ruso alimenta la narrativa del Kremlin para justificar nuevas oleadas de misiles contra ciudades ucranianas. La próxima ventana crítica serán las próximas 48-72 horas, cuando se confirme o no una respuesta del mando ruso. Habrá que seguir de cerca los próximos informes del ISW y las comunicaciones oficiales de la OTAN.