La relación entre Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso atraviesa uno de sus momentos más delicados desde la crisis que descabalgó a Pablo Casado. Génova pidió a los cargos del PP de Madrid un cierre de filas explícito en defensa de la presidenta por la polémica del ático de Chamberí, y la respuesta interna ha llegado con cuentagotas.
Según la información original publicada por El País el 4 de agosto, el PP de la Comunidad de Madrid envió un mensaje interno a cargos, trabajadores y diputados de la Asamblea. Se les pedía ‘compartir y poner comentarios positivos’ para dar ejemplo y tirar del carro de los mensajes de apoyo a la gestión de la presidenta. La operación buscaba blindar a Ayuso ante la crisis del ático que ya empezaba a configurarse.
El resultado, sin embargo,, ha sido tibio. Entre las principales figuras de la Asamblea y del Ejecutivo autonómico, pocos han lanzado defensas cerradas en X, la red social que utilizan habitualmente. Los gestos amplios de respaldo, los grandes argumentarios en cascada, han brillado por su ausencia. La maquinaria no ha respondido como Génova esperaba.
Los más decididos han sido Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete de Ayuso, y Alfonso Serrano, secretario general del PP de Madrid. Rodríguez ha publicado vídeos de la presidenta recibiendo apoyo en los pueblos afectados por los incendios de julio y mensajes de defensa de su gestión económica. También ha dejado una frase destinada a marcar el debate: ‘Es la primera vez que veo que se persigue dónde vive un político’.
Serrano, por su parte, ha entrado en el cuerpo a cuerpo digital. El 10 de agosto respondió al exdiputado Ignasi Guardans con declaraciones de Ayuso sobre la recuperación de la Sierra Oeste. Su objetivo era desplazar el foco del escándalo inmobiliario hacia la gestión de los incendios, la trinchera por la que el equipo de la presidenta quiere llevar la conversación pública este mes de agosto.
El resto de portavoces ha preferido los gestos contenidos. Carlos Díaz-Pache, portavoz popular en la Asamblea, apenas ha emitido un tuit de cercanía explícita entre el 4 y el 24 de agosto, y este no tenía que ver con el ático ni con la gestión de Ayuso. Rafael Núñez Huesca afeó que se hiciera pública la residencia de la presidenta. Varios consejeros, como Ana Dávila o Carlos Novillo, sí han publicado respaldos, pero el grueso del gobierno regional se ha limitado a compartir publicaciones ajenas.
El cierre de filas solicitado por Génova se ha topado con una realidad: el PP de Madrid distingue entre acompañar a Ayuso y levantar barricadas públicas por el ático.
Feijóo sube el tono y Ayuso responde

La estrategia nacional no ha sido más cómoda para la presidenta. Feijóo afirmó el pasado domingo, en una entrevista con Europa Press, que Patrimonio de la Comunidad de Madrid tendrá que ‘explicar por qué compró un local que no se puede destinar a oficina con el interés de que se ubicase allí una oficina. Esa frase no es menor: apunta a una de las incongruencias que el equipo de Ayuso ha tratado de desactivar desde que se publicó la compra.
Ayuso no ha ocultado su malestar. En una rueda de prensa lanzó un dardo a su presidente nacional: ‘Si van preguntando uno a uno a cada político que vuelve de vacaciones, cada uno tiene un nuevo titular, pero es lo mismo’. El mensaje introducía a Feijóo en el saco de los dirigentes sin agenda en agosto, una crítica que hasta entonces tenía como objetivo principal a Pedro Sánchez.
Borja Sémper, portavoz nacional del partido, ha intentado rebajar la tensión. En su comparecencia evitó interpretar las palabras de Ayuso y quitó hierro a las declaraciones de Feijóo. En Génova saben que el pulso con la presidenta madrileña no puede escalar como escaló con Casado, porque el capital político de Ayuso y su control sobre la federación más expuesta del partido no admiten comparación.
La sombra del precedente con Casado planea sobre cada movimiento. En 2022, la crítica abierta del entonces presidente nacional sobre las comisiones del hermano de Ayuso terminó con el liderazgo de Casado. La diferencia, matizan en Génova, es que Feijóo no ha impugnado la honorabilidad de Ayuso ni cuestionado su cabeza de cartel, sino que ha situado la responsabilidad en la gestión de Patrimonio autonómico.
El Eje del Poder Popular
El pulso entre Génova y la Puerta del Sol tiene una lectura estratégica que va más allá del ático. Feijóo ha optado por un equilibrio difícil: no romper con Ayuso, la baronesa con mayor arrastre electoral del partido, y al mismo tiempo no quedar como rehén de una polémica que erosiona el discurso de regeneración que el PP quiere instalar ante el Gobierno. La dirección nacional ve en este episodio un reto de gobernanza interna, no una crisis terminal.
En los territorios populares, la pregunta es si este ruido contaminará la agenda de gestión. Madrid, con Ayuso al frente, presume de política fiscal competitiva, de respuesta ante los incendios y de una maquinaria institucional que el PP exhibe como modelo frente a la parálisis de otras administraciones. El riesgo, advierten fuentes del partido consultadas por Moncloa.com, es que el relato del ático tape ese activo en el peor momento del ciclo político.
En el entorno de Ayuso, sin confirmación oficial, se mencionan dos topónimos que funcionan como aviso a Feijóo: Moaña y El Viso. El primero remite a la Galicia del presidente nacional; el segundo, al barrio madrileño donde se ubica el inmueble bajo sospecha. La lectura es doble: la presidenta no aceptará un ajuste de cuentas territorial y la federación madrileña dispone de su propia caja de resonancia si el choque escala.
El precedente con Pablo Casado enseña que los errores de cálculo en el PP se pagan muy caro. También existe un precedente inverso: Feijóo ha logrado en dos años contener a Ayuso sin cederle el control de Génova, algo que Casado nunca consiguió. La comparativa con la crisis de 2022 sirve hoy para medir la distancia entre una guerra abierta y una advertencia disciplinaria.
Como posición editorial, observamos que el partido afronta este choque con más madurez orgánica que en el pasado reciente, aunque la tibieza del PP de Madrid deja una señal clara: ni Ayuso controla todos los resortes de su plaza ni Feijóo puede ignorar el malestar que su entrevista generó. La cúpula nacional reordena su estrategia de comunicación, consciente de que el cierre de filas no se decreta; se construye.
El próximo Comité de Dirección, con la reanudación del curso político, medirá hasta dónde ha calado el malestar y si alguna de las partes decide traducirlo en agenda pública. La ventana crítica está abierta, aunque en Génova prefieren de momento el gesto frío al choque frontal.
🏛️ El Apunte de Génova
- Mensaje fuerza: El cierre de filas no se decreta; se construye y no puede ceder ante ninguna guerrilla interna.
- Protagonista: Alberto Núñez Feijóo (presidente nacional del PP).
- Próximo hito: Reanudación del curso político y próximo Comité de Dirección en Génova, donde se medirá el malestar interno.
