Los destinos costeros que debes reservar en El Corte Inglés para conseguir últimas vacaciones de playa tiradas de precio

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Cabo de Gata, Almería: calas vírgenes con vuelo y hotel desde 200 euros

Vista serena de una formación rocosa costera al atardecer en Almería, España, con mares tranquilos y un cielo pastel.

El Cabo de Gata es, ante todo, un paisaje que no se parece a ningún otro litoral español. Este parque, el primer espacio marítimo-terrestre protegido de Andalucía y Reserva de la Biosfera de la UNESCO desde 1997, conserva los 50 kilómetros de acantilados mejor cuidados de todo el Mediterráneo europeo. Su origen volcánico, con tonos ocres, negros y rojizos, y el clima más árido del continente, con más de 3.000 horas de sol al año y sin invierno térmico, esculpen calas de arena blanca y aguas transparentes como Mónsul, Los Genoveses o la casi inaccesible Cala de Enmedio, que solo se alcanza a pie o en barco. Bajo la superficie, las praderas de posidonia convierten cualquier baño con gafas y tubo en un paseo por un bosque submarino lleno de vida, y por eso el buceo y el esnórquel son aquí tan protagonistas como la toalla. El turismo se reparte entre pueblos de pescadores como San José, Agua Amarga o Las Negras, donde el paisaje sigue mandando sobre el ladrillo y las playas conservan esa sensación de cala virgen que en otras costas ya es solo un recuerdo.

Que semejante litoral siga siendo barato no es casualidad. Fuera de julio y agosto, la oferta de pequeños hoteles, casas rurales y apartamentos en San José, Agua Amarga, Las Negras o Rodalquilar se encuentra entre las más económicas del Mediterráneo español, y el aeropuerto de Almería, a menos de una hora en coche del parque, recibe vuelos de corta duración desde casi todas las capitales, lo que abarata el transporte hasta niveles difíciles de igualar. Sumar el billete y la habitación en un mismo paquete permite además repartir el pago y aprovechar precios de salida que en temporada media no se encuentran en otras costas andaluzas. Con lo ahorrado, el viajero disfruta de planes que no cuestan nada: el paseo por las salinas viendo flamencos, el baño en la Cala de Enmedio o una cena de pescado fresco en una terraza de La Isleta del Moro. El resultado es una de esas raras vacaciones en las que la factura final no empaña el recuerdo.