Un nuevo estudio advierte de que la quema de combustibles fósiles está intensificando El Niño, y el actual evento Godzilla podría empujar a 50 millones de personas a una hambre aguda antes de que termine 2027.
El Niño es un fenómeno natural que ocurre cada dos a siete años, cuando las aguas del Pacífico tropical oriental se calientan y desencadenan impactos en todo el planeta. No es nuevo. Lo preocupante, según el trabajo difundido ayer por The Guardian, es que los episodios intensos de las últimas décadas han sido amplificados por el sobrecalentamiento global que provocan los combustibles fósiles.
El evento actual, apodado Godzilla, alcanzará su pico a finales de este año. Los investigadores lo describen como el más fuerte en memoria viva. Su intensidad es precisamente la que permite medir la mano del ser humano en un ciclo que, en origen, no tiene nada de artificial.
Un fenómeno que deja de ser del todo natural
El estudio se centra en los patrones fuertes de El Niño. Durante décadas, se ha observado que la mayoría de los eventos más virulentos coincide con un océano Pacífico cada vez más caliente. El sobrecalentamiento global añade energía al sistema y convierte un fenómeno natural en un multiplicador de riesgo climático.
Ahí está el dato clave: 50 millones de personas podrían caer en hambre aguda antes de que termine 2027. No es una cifra menor. Implica sequías prolongadas en unas regiones, lluvias torrenciales en otras, cosechas arrasadas y una presión insoportable sobre la seguridad alimentaria en países que ya padecen estrés hídrico.
Un objetivo de descarbonización sin una reducción real de emisiones esta década no es un plan climático: es multiplicar el impacto de fenómenos como El Niño sobre los más vulnerables.
La seguridad alimentaria es la primera víctima de este desajuste. El Niño altera los patrones de lluvia que sostienen las cosechas de maíz, arroz y trigo en Asia, África y América Latina. La inflación de los alimentos se dispara. Y lo que empieza como un fenómeno meteorológico termina en crisis humanitaria.
En los episodios anteriores, la subida del precio de los cereales golpeó con más dureza a los países importadores de renta baja. El estudio actual sugiere que el evento Godzilla podría multiplicar ese patrón, empujando a millones de personas por debajo del umbral de la emergencia alimentaria.
El precio energético del cambio climático
La quema de carbón, petróleo y gas no solo eleva la temperatura media del planeta. También cambia la dinámica de los océanos. El Pacífico tropical almacena ese calor extra y lo libera durante El Niño, amplificando sus efectos. Es la conclusión central del estudio: la intensidad del evento actual no se explica solo por la variabilidad natural.
Vamos a los datos. El planeta ya supera el 1,1 °C de calentamiento respecto a los niveles preindustriales, según los informes del IPCC. Ese calentamiento es el catalizador. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero tiene, por tanto, un beneficio directo en la intensidad de El Niño.

La transición energética gana así un argumento adicional. No solo se trata de evitar que la temperatura alcance los 1,5 °C. Se trata de evitar que un fenómeno natural que ya conocemos se convierta en un factor de hambre masiva. Descarbonizar el sector eléctrico, sustituir el transporte fósil y reducir la huella de carbono de la industria no son acciones opcionales.
Aquí conectamos con la letra pequeña de la inversión ESG. Los fondos y las empresas que aún financian nuevos proyectos fósiles están ignorando este riesgo sistémico. El análisis de riesgos climáticos no se limita a contar emisiones: exige incorporar la seguridad alimentaria y la estabilidad social como variables de pérdida.
Acelerar la descarbonización para reducir el riesgo
La advertencia del estudio llega cuando la Unión Europea despliega su batería normativa sobre descarbonización. El paquete Fit for 55 obliga a recortar emisiones un 55% para 2030. La Taxonomía Verde y la directiva CSRD empujan a las empresas a reportar sus riesgos climáticos. Fenómenos como este Godzilla demuestran que esos marcos no son burocracia: son herramientas de supervivencia económica.
La conclusión es incómoda para las estrategias de transición a largo plazo. Un compromiso de neutralidad para 2050 sin recortes reales esta década no mitiga el evento actual. La reducción de emisiones debe ser inmediata. Cada tonelada de CO2 que se deja de emitir hoy es menos amplificación para el próximo El Niño.
No es solo una cuestión de mitigación. La adaptación importa, pero tiene límites: si El Niño se intensifica, los sistemas de alerta temprana y los seguros agrícolas se quedan cortos. El estudio no es un escenario apocalíptico: es una proyección basada en el nivel actual de emisiones. Reducir las emisiones fósiles sí reduce el riesgo.
La transición energética ya es la respuesta más rentable. La generación renovable no solo emite menos: estabiliza el clima que sostiene la producción de alimentos. A efectos de inversión, el coste de no descarbonizar es mayor que el coste de hacerlo. El Niño amplificado lo demuestra.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: Reducir las emisiones fósiles amortigua la intensidad de El Niño y evita que millones de personas caigan en hambre aguda antes de 2028.
- Modelo que cambia: El negocio de los combustibles fósiles deja de ser una opción de riesgo asumible para inversores y reguladores.
- Para las próximas generaciones: Un sistema energético descarbonizado reduce la probabilidad de crisis alimentarias amplificadas por el clima que heredarán.

