Rusia advierte: ampliar la doctrina nuclear OTAN en Europa obligará a una respuesta militar y técnica

Moscú considera que el arsenal no estratégico de Estados Unidos en Europa y los arsenales de Francia y Reino Unido apuntan contra objetivos rusos. La advertencia de Andréi Belúsov llega con el debate sobre el reparto nuclear de la OTAN y en plena tensión por el flanco este.

La advertencia llega desde Moscú: si la OTAN amplía su doctrina nuclear en Europa, Rusia responderá con medios militares y técnicos. La ha formulado Andréi Belúsov, embajador general del Ministerio de Exteriores ruso, en una entrevista con RT, medio controlado por el Kremlin. La amenaza no es retórica: sitúa el foco sobre el programa de reparto nuclear de la Alianza, con armas nucleares B61 estacionadas en cinco países europeos.

Por qué Moscú vincula ahora la advertencia al reparto nuclear de la OTAN

El argumento ruso arranca con historia. Estados Unidos ha mantenido armas nucleares en territorio europeo desde los años cincuenta, dentro del programa de reparto nuclear de la OTAN. Belúsov recuerda que Moscú redujo cuatro veces su arsenal no estratégico en los noventa, pero no recibió reciprocidad.

Las retiradas estadounidenses de Grecia y el Reino Unido, y en parte de Italia y Alemania, fueron concesiones tácticas, según la lectura rusa. La salida de Grecia se compensó con el arsenal en Turquía, y la del Reino Unido con su propia fuerza nuclear, el aliado estratégico de Washington.

Publicidad

En paralelo, Estados Unidos implementó una configuración global de defensa antimisiles y desarrolló vectores no nucleares de ataque rápido. El programa Golden Dome for America combina hoy segmentos terrestres, navales, aéreos y espaciales. Moscú lo considera un golpe a su capacidad de segundo golpe, la posibilidad de responder nuclearmente tras un primer ataque.

Belúsov añade un factor más: la OTAN se presenta abiertamente como una alianza nuclear, con misiones nucleares conjuntas cada vez más profundas. La incorporación de plataformas multifunción como el F-35 permite mover ojivas con rapidez y discreción.

La conclusión rusa es una lectura de amenaza: el componente europeo de las fuerzas nucleares estadounidenses, sumado a los arsenales de Francia y Reino Unido, estaría orientado a objetivos estratégicos en la parte europea de Rusia. Esa percepción, dice Belúsov, exige una correspondencia militar y técnica.

Moscú no distingue ya entre el arsenal no estratégico de Washington y el de sus aliados nucleares: lo lee como un único vector ofensivo contra objetivos rusos.

La carta diplomática de Moscú: moratorias, garantías y un nuevo orden multipolar

En la entrevista, Belúsov despliega una batería de argumentos políticos, económicos y jurídicos. La tesis central es conocida: la comunidad internacional debe elegir entre una confrontación directa entre potencias nucleares o un acuerdo que evite la escalada. Rusia, afirma, ha presentado propuestas concretas.

Entre ellas figuran la moratoria mutua al despliegue de misiles de alcance intermedio y de más corto alcance, las garantías de seguridad planteadas a Estados Unidos y la OTAN a finales de 2021, y una cumbre de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad. La mayoría de los argumentos tiene un hilo conductor común: la seguridad indivisible.

La propuesta más reciente fue presentada por el presidente Vladímir Putin en septiembre de 2025 para preservar el legado del tratado START. Sin embargo, Moscú admite que la única iniciativa materializada fue la declaración conjunta de enero de 2022 para prevenir una guerra nuclear.

Publicidad
armas nucleares Europa

Equilibrio de Poder

El movimiento ruso tiene un destinatario múltiple. Washington, con una administración Trump volcada en la confrontación con China, lee el reparto nuclear como disuasión frente a Moscú, pero no muestra interés en retirar ojivas de Europa. Bruselas defiende las misiones nucleares conjuntas como prueba de unidad transatlántica.

Para España el impacto es indirecto pero real. Madrid no forma parte del programa nuclear compartido, aunque alberga infraestructura crítica de la OTAN en Rota y Morón. Una escalada discursiva sobre armas nucleares en Europa absorbe energía política que Moncloa preferiría dedicar al flanco sur, al Sahel y a la relación con Marruecos.

El precedente más incómodo es la crisis de los euromisiles. En los años ochenta, la instalación de misiles de alcance intermedio en Europa dividió a las capitales atlánticas y convirtió a España en una base logística de retaguardia. Hoy el escenario no es idéntico, pero la militarización del espacio europeo vuelve a colocar a Madrid ante el dilema entre lealtad atlántica y autonomía estratégica.

La lectura a cinco o diez años apunta a una mayor presión sobre los aliados para que asuman más costes y, posiblemente, más misiones nucleares. También anticipa una nueva carrera de misiles de alcance intermedio si las moratorias mueren del todo. El próximo Consejo de la OTAN o una cumbre bilateral ruso-estadounidense serán el hito para medir si la advertencia rusa se queda en propaganda o anticipa un cambio real.

Observamos una contradicción que conviene retener: Moscú exige la retirada de armas nucleares de Europa mientras refuerza su propio arsenal en Bielorrusia y endurece su despliegue de misiles tácticos. La advertencia, por tanto, no busca desescalar. Busca trasladar el coste político de la siguiente crisis al club de aliados que debaten sobre el reparto nuclear.

Seguimos de cerca la próxima reunión del Grupo de Planificación Nuclear de la OTAN y los contactos con la administración estadounidense. Ahí se medirá si la respuesta militar y técnica reclamada por Moscú es solo ruido o una pieza más del rediseño estratégico europeo.