La guerra con Irán ha cruzado la barrera de los seis meses y ha hecho saltar por los aires el calendario de transformación industrial que Washington llevaba meses preparando. Pete Hegseth, secretario de Defensa, lo define como ‘un momento 1939’: no es una crisis de munición, es una crisis de velocidad.
Seis meses de guerra y el manual industrial del Pentágono
El conflicto con Irán cumplió seis meses el viernes y ya ha durado más de lo que la propia administración Trump calculó inicialmente. Según recoge el Washington Examiner, el desgaste de munición crítica y la necesidad de sistemas de largo alcance y defensa aérea han obligado al Pentágono a acelerar una reforma que ya estaba en marcha desde finales de 2025.
Hegseth ya había avisado en noviembre ante los líderes de la industria: la burocracia del Pentágono es ‘un adversario que plantea una amenaza muy seria a Estados Unidos’. No se trata solo de fabricar más. Se trata de comprar más rápido, abrir espacio a empresas pequeñas y no tradicionales, y desmontar barreras que los grandes contratistas llevan décadas fortaleciendo.
El Pentágono está intentando revertir las decisiones de los años noventa posteriores a la Guerra Fría, cuando Washington redujo el tamaño de su base industrial. La diferencia es que ahora hay drones aéreos, terrestres y navales, además de una inteligencia artificial que comprime el tiempo entre detectar una amenaza y decidir.
Drones, munición y el fin del ‘valle de la muerte’
El programa APFIT —diseñado para acelerar la compra de tecnologías innovadoras— ha superado ya los 2.000 millones de dólares en adjudicaciones desde 2022. Según Emil Michael, subsecretario de Investigación e Ingeniería, el objetivo es sacar a las empresas pequeñas del conocido ‘valle de la muerte’: ese paso entre el desarrollo de un producto y la decisión del Pentágono de pagarlo.
El programa Drone Dominance, lanzado en diciembre, quiere comprar más de 200.000 drones hasta 2027. Hasta ahora han llegado 6.480 drones de de siete empresas, una cifra lejos del objetivo final pero suficiente para validar la vía no tradicional. En paralelo, RTX cerró la semana pasada un acuerdo de 22.900 millones de dólares para elevar la producción de misiles Tomahawk por encima de los 1.000 anuales. Lockheed Martin anunció en julio un nuevo interceptor Patriot PAC-3 ACE que costará menos de la mitad por unidad.
La velocidad se ha convertido en el arma más valiosa de Washington: no basta con fabricar más, hay que fabricar más rápido y con más competencia.
La Lógica de Washington
La referencia de Hegseth a 1939 no es retórica. En aquel año, Estados Unidos empezó a preparar su capacidad industrial antes de verse arrastrado a la guerra, empujado por una alianza entre la Casa Blanca, el Congreso y la gran industria. El secretario de Defensa traslada ahora ese patrón al presente: la burocracia, sostiene, es el adversario interno que frena la movilización.
Son tres los problemas que Washington quiere resolver. El primero, reponer arsenales: en seis meses de guerra, los interceptores Patriot han pasado de unos 2.330 a entre 759 y 827, según un informe del Center for Strategic and International Studies. El segundo, abaratar la defensa para hacer sostenible el rearme. El tercero, romper el oligopolio de los grandes contratistas tradicionales y atraer a startups de drones y software.
El presupuesto de defensa que se negocia en el Congreso —1,5 billones de dólares, si se aprueba la reconciliación presupuestaria (el procedimiento que permite aprobar leyes fiscales por mayoría simple en el Senado)— es el gran incentivo. Sin él, el Pentágono admite que habrá que hacer concesiones. La próxima votación del presupuesto y de la partida suplementaria para la guerra con Irán marcará el ritmo.
Para España, el impacto no llega por un contrato directo, sino por la cadena atlántica. La industria española de defensa participa en consorcios europeos y en programas de la OTAN; cualquier aceleración del ciclo de compra y cualquier abaratamiento de interceptores como el PAC-3 ACE afecta directamente a los calendarios de los ejércitos europeos, incluido el español. Si Washington impone su modelo, las empresas europeas tendrán que decidir entre correr al mismo ritmo o quedarse fuera del rearme.
Nadie dijo que sería gratis. Pero en Washington la discusión ya no es si rearmarse. Es a qué velocidad.
Ficha del Caso
- El caso: La guerra con Irán cumple seis meses y fuerza al Pentágono a acelerar la transformación de su base industrial. Hegseth define el momento como ‘un momento 1939’.
- Datos clave: Presupuesto de defensa de 1,5 billones de dólares; 200.000 drones previstos hasta 2027; 22.900 millones para misiles Tomahawk; interceptores Patriot caídos de unos 2.330 a entre 759 y 827, según el CSIS.
- Para España: El efecto será indirecto, a través de los programas de la OTAN y los consorcios europeos. La velocidad y el abaratamiento de sistemas como el PAC-3 ACE presionarán a la industria española.

