Europa se asoma a un invierno de pánico: el gas almacenado cae al 64%. Los operadores temen una escalada de precios por la guerra con Irán y las sanciones a Rusia.
Por qué los almacenes están tan vacíos
La cifra la confirma ENTSOG, la red europea de gestores de transporte de gas: 64% de llenado frente al 80% habitual en esta época del año. Es uno de los niveles estacionales más bajos desde que hay registros.
En 2021, por estas mismas fechas, la UE guardaba un 66%. En 2013, un 72%. La diferencia no parece brutal, pero el contexto es otro: la demanda asiática aprieta y el margen de error es nulo.
El desglose nacional agrava el panorama. Alemania apenas supera el 50% de capacidad; Países Bajos ya anticipa que no cumplirá sus objetivos invernales; Bélgica, en torno al 50%.
El precio del gas: invierno de pánico y competencia por el LNG

Con estas reservas, el gas natural cotiza por encima de 66 euros por megavatio-hora, más del doble que a comienzos de año. Los analistas hablan de pánico: Bjarne Schieldrop, de SEB, admite que el mercado esperaba una normalización del tráfico en Ormuz que no llega.
El cierre de facto del estrecho de Ormuz ha interrumpido las exportaciones de GNL catarí. Catar solo aportó un 6,6% del LNG europeo en el primer trimestre de 2026, pero su ausencia dispara la competencia con Asia por cada cargamento disponible.
El mercado ya no descuenta una normalización rápida; descuenta un invierno caro y frágil.
La posición de la UE es especialmente incómoda porque Bruselas mantiene las sanciones contra Moscú y sigue decidida a eliminar el gas ruso. En 2021, Rusia cubría el 45% del suministro europeo; en 2025, solo el 12%.
La crisis de 2022 dejó una lección amarga: los precios superaron los 300 euros por megavatio-hora y la inflación se disparó. Entonces, la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zakharova, definió la estrategia europea como ‘suicida’ y acusó a Bruselas de ‘dispararse en la cabeza’. La cita vuelve a circular, en los despachos energéticos.
Equilibrio de Poder
El pulso energético reproduce el equilibrio de poder global. Washington gana influencia como proveedor: en el primer trimestre de 2026, EE.UU. suministró el 57% del GNL importado por la UE. Moscú, en cambio, ve reducido su peso a un papel residual, mientras que Bruselas paga el coste de su autonomía estratégica con precios volátiles.
Para España, la exposición es doble. Por un lado, la Península dispone de una de las mayores capacidades de regasificación de Europa y se consolida como puerta de entrada del GNL estadounidense y africano. Por otro, un invierno caro encarece la factura industrial y tensiona la inflación justo cuando el BCE empieza a relajar tipos.
A medio plazo, la apuesta europea por renovables y almacenamiento eléctrico reduce la dependencia del gas, pero no resuelve el problema de un invierno aislado. La lección de 2022 es que la seguridad energética no se improvisa en octubre. Un invierno frío lo cambia todo. Cosas de un mercado que ya no cree en atajos.
