Cataluña se queda fuera de la prueba PISA por el fiasco en la selección de alumnos

La OCDE invalida los datos después de que el Departament d'Educació excluyera al 23% de los alumnos de la muestra, muy por encima del 5% permitido. El fiasco impide comparar los resultados catalanes con la serie histórica y con el resto de comunidades.

El Departament d’Educació queda señalado por un fiasco histórico en la muestra de PISA. 591 de los 2.500 alumnos seleccionados fueron excluidos de los exámenes, un 23% que deja muy atrás el 5% permitido por la OCDE.

Las cifras que han tumbado la validez de la muestra

La exclusión se produjo alegando trastornos de aprendizaje, discapacidad o nivel lingüístico insuficiente. Fue un error sin precedentes en el cribado. La normativa de la OCDE solo permite dejar fuera a alumnos con discapacidades muy severas. Ni los centros ni el Departament aplicaron ese filtro.

Según El Correo, la OCDE nunca había vivido una desviación similar. Lo más cercano fue Dinamarca en 2022, con un 11% de excluidos por problemas de adaptación del material para dislexia. En Catalunya el porcentaje se duplicó.

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El organismo internacional invalidó los datos catalanes porque no representan al sistema educativo. Se harán públicos, pero no serán comparables con la serie histórica ni con el resto de comunidades. El conjunto de España sí mantiene resultados válidos.

El Govern atribuyó el fallo a una ‘confusión de criterios’ de los centros. Los docentes aplicaron, las normas de exención de las competencias básicas catalanas en lugar de las reglas de la OCDE. Tampoco hubo sesiones de recuperación para los alumnos excluidos o ausentes, y ni la adjudicataria ni los órganos de control detectaron el desajuste hasta cruzar datos.

La muestra catalana no sirve para medir nada: el 23% de excluidos equivale a apagar la lupa justo cuando más se necesitaba.

El coste político llega en mal momento para Illa

La polémica abre un frente nuevo contra el Govern de Salvador Illa, que esperaba usar PISA para demostrar una mejora tras los malos resultados de la última edición. La comparativa era la baza del ejecutivo en un sistema educativo cargado de tensiones: una alta inmigración, el malestar docente y el debate sobre la inmersión lingüística.

Uno de cada cuatro estudiantes en Catalunya es de origen extranjero, según los datos que se manejan en el propio debate educativo, mientras el profesorado protagonizó una huelga el curso pasado. A eso se añade la sentencia que avala el 25% de enseñanza en castellano y el desgaste de la conselleria.

El fiasco de la muestra no solo deja sin dato al Govern: también ofrece munición a la oposición y a los sectores que piden responsabilidades. No hay comparativa autonómica para evaluar si la estrategia de Illa funcionaba. Ese era el activo que se necesitaba.

En términos de gestión, el episodio recuerda a las crisis que no se detectan a tiempo por fallos de supervisión. La OCDE lleva años auditando los marcos muestrales de PISA con criterios estrictos, y Catalunya ha roto ese estándar.

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Lo que Dinamarca explica del caso catalán

El precedente danés de 2022 sirve para dimensionar la gravedad. Dinamarca excluyó al 11% por un problema material de adaptación a dislexia. Catalunya lo dobló con una confusión normativa. La OCDE ni siquiera entró a valorar los resultados: invalidó la muestra.

La lectura no es solo técnica. La prueba PISA funciona como una radiografía internacional, y quedarse fuera de la comparación aísla a Catalunya en un momento en que Moncloa y la Generalitat mantienen abierta la negociación política. El sistema educativo ya era uno de los frentes de reproche. Ahora falta el dato que daba legitimidad al diagnóstico.

La administración tiene el reto de revisar los protocolos de selección y recuperación de la muestra. Habrá que esperar a la siguiente oleada para saber si el sistema mejora. La lección, de momento, es de manual: una muestra mal construida borra la fotografía.