La NASA lanza el telescopio espacial Roman con un Falcon Heavy de SpaceX para estudiar exoplanetas y energía oscura

El observatorio, con un coste de 4.300 millones de dólares, viaja hacia un punto a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. La misión completa el trío orbital con Hubble y Webb para cartografiar exoplanetas y la expansión del universo.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La NASA lanzó este domingo el telescopio espacial Roman a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX desde Cabo Cañaveral.
  • ¿Quién está detrás? La NASA, SpaceX como proveedor de lanzamiento y la Oficina Nacional de Reconocimiento, que donó el espejo principal del telescopio.
  • ¿Qué impacto tiene? Para España, acceso libre a los futuros catálogos de datos de la misión; para la industria espacial, consolida el modelo de contratación público-privada de Washington.

La NASA ha lanzado este domingo el telescopio espacial Roman, un observatorio de 4.300 millones de dólares que buscará exoplanetas y estudiará la energía oscura desde un punto situado a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.

Un lanzamiento que inaugura una nueva generación de telescopios

El cohete Falcon Heavy de SpaceX encendió motores poco después del amanecer desde el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral. Roman, del tamaño de un autobús, viaja hacia el punto de observación donde ya opera el telescopio James Webb. Tardará más de tres meses en llegar a su destino.

Minutos después del lanzamiento, los dos propulsores laterales reutilizables del Falcon Heavy aterrizaron de cola en Cabo Cañaveral, generando explosiones sónicas audibles en la costa. Poco después, el telescopio se separó con éxito de la etapa superior y arrancó el aplauso de los controladores. La directora de misiones científicas de la NASA, Nicky Fox, no pudo contener las lágrimas: ‘Es un día muy bueno’, declaró.

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Qué verá Roman y por qué importa la velocidad

NASA lanzamiento 2026

El campo de visión de Roman es más de cien veces mayor que el del Hubble, que sigue operando después de 36 años en órbita. James Webb se sumó hace pocos años con una mirada mucho más estrecha, pero capaz de enfocar objetos casi tan antiguos como el Big Bang. La científica principal del proyecto, Julie McEnery, explicó que la gran baza de Roman es la velocidad: un mes de observación de la Vía Láctea con este telescopio equivaldría a un siglo de trabajo del Hubble.

Además de su cámara infrarroja de gran campo, Roman incorpora un coronógrafo experimental que bloquea la luz de las estrellas para intentar fotografiar planetas directamente. Ese instrumento permitirá detectar mundos débiles que hoy resultan invisibles incluso para James Webb. El telescopio está diseñado para para ser reabastecido de combustible por una nave robótica, lo que podría prolongar su vida útil durante la próxima década.

Los datos de Roman no se quedarán en silos estadounidenses. La misión está diseñada para coordinarse con el satélite Euclid de la Agencia Espacial Europea y con el observatorio Vera C. Rubin en Chile, financiado por la Fundación Nacional de Ciencia. La idea es repartir tareas: Roman detecta los objetos raros y James Webb los observa con detalle. Esa división del trabajo multiplica el retorno científico de cada fotón capturado.

Roman no sustituye a Hubble ni a Webb: los tres telescopios operarán a la vez como una sola máquina de observación del universo profundo.

La Lógica de Washington

Hay una lectura de Washington que conviene no perder de vista. El lanzamiento de Roman no es solo un hito científico: es también la confirmación de un modelo de contratación que la NASA aceleró después de retirar los transbordadores espaciales en 2011. En lugar de asumir el desarrollo completo del lanzador, la agencia estadounidense compra capacidad de vuelo a proveedores privados como SpaceX. Ese esquema reduce costes y plazos, aunque concentra poder en unos pocos actores.

El precedente más parecido se remonta a la década de 1990, cuando la NASA optó por lanzar el Hubble en el transbordador y después lo reparó en órbita con misiones tripuladas. Hoy la agencia ha invertido el guion: prefiere comprar vuelos a SpaceX y reservar a sus astronautas para tareas que solo ellos pueden hacer. Es una evolución de la misma doctrina que impulsó los contratos de carga comercial tras la retirada del transbordador en 2011.

La misión llegó casi un año antes de lo previsto y dentro del presupuesto, una rareza en programas de este tipo. El espejo principal de Roman, del mismo diámetro que el del Hubble, procede de excedentes donados por la Oficina Nacional de Reconocimiento. Que un instrumento de espionaje reconvertido acabe escudriñando galaxias lejanas resume bien la flexibilidad del ecosistema tecnológico estadounidense. Para España, el efecto más tangible es el acceso libre a los archivos de datos de la misión: la comunidad astrofísica española podrá usar el catálogo de Roman igual que hoy explota los de James Webb y Hubble.

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La proyección es clara. Durante los próximos meses, Roman viajará en silencio hasta el punto de observación y, tras las comprobaciones de rigor, comenzará a mapear el cielo con una velocidad inédita. La NASA espera que identifique miles de supernovas, decenas de miles de planetas y miles de millones de galaxias. La próxima gran ventana llegará cuando el coronógrafo demuestre si puede fotografiar exoplanetas directamente: ese es el verdadero salto cualitativo de una década científica que Washington ha decidido financiar con proveedores privados.

Ficha del Caso

  • El caso: La NASA lanza el telescopio espacial Roman, un observatorio de 4.300 millones de dólares, a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX para estudiar exoplanetas y energía oscura.
  • Datos clave: Campo de visión más de 100 veces mayor que el del Hubble; un mes de observación de Roman equivale a un siglo del Hubble; punto de destino a 1,5 millones de kilómetros; espejo donado por la Oficina Nacional de Reconocimiento.
  • Para España: Acceso libre a los datos científicos de la misión y refuerzo del modelo de colaboración espacial comercial que ya utilizan agencias europeas; sin impacto directo en exportaciones ni empresas cotizadas.