La Comisión Europea ha abierto la puerta a una doctrina de competencia distinta. El objetivo es crear campeones europeos capaces de competir con los gigantes de Estados Unidos y China en telecomunicaciones, energía, defensa y tecnología. El giro, todavía incipiente, aterriza con la presión de París y Berlín y con resistencias dentro de la propia Comisión.
El precedente es conocido: en 2019 Bruselas vetó la fusión ferroviaria entre Alstom y Siemens, la operación que aspiraba a convertirse en el Airbus del ferrocarril. Aquel rechazo pareció cerrar la vía a las grandes alianzas industriales paneuropeas. Ahora el debate vuelve, impulsado por el mismo diagnóstico: Europa compite con escala insuficiente frente a Washington y Pekín.
Según una encuesta anónima del Financial Times a más de 30 bancos, bufetes de abogados, consultoras de comunicación y ejecutivos de fusiones y adquisiciones, Bruselas ha empezado a escuchar otra música. Las nuevas directrices sobre fusiones, presentadas en abril de 2026, abren un resquicio para considerar la magnitud, la innovación y la resiliencia como criterios a favor de una operación, no solo la cuota de mercado.
El dato de fondo: entre 2014 y 2024 el PIB real de la Unión creció a una media anual de entre el 1,3% y el 1,5%, frente al 2,2% de Estados Unidos y el 5% de China. La brecha de crecimiento se ha convertido en el argumento de Berlín y París para reclamar una política de competencia menos restrictiva.
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, lo ha dejado en una frase: ‘necesitamos campeones europeos’. La revisión de la política de competencia de la Unión refleja, además, la conciencia de que la fragmentación regulatoria y de mercado ya no es inocua.
El giro de Bruselas no es técnico: es el reconocimiento de que Europa perdió la carrera de la escala y ahora intenta recuperarla con fusiones que antes habría vetado.
La nueva doctrina de la competencia: Madrid y París empujan, Bruselas matiza
Las directrices presentadas en abril no derogan los controles antimonopolio, pero sí reorientan el análisis. Los sectores considerados estratégicos —telecomunicaciones, defensa, energía y banca— siguen fragmentados en decenas de actores nacionales. Los defensores de la consolidación sostienen que una operación bien diseñada daría balances más sólidos, mayor poder de compra, más inversión en I+D y ahorros de costes.
Sin embargo, la encuesta del Financial Times describe un consenso incompleto: los expertos quieren normas más flexibles, pero la gran mayoría se muestra escéptica a que las megafusiones se autoricen. El pulso entre la retórica y la práctica sigue siendo evidente.
Siete fusiones que suenan en los mercados

- Deutsche Telekom y Orange: crearían un gigante de telecomunicaciones con 141.400 millones y 41.300 millones de capitalización, respectivamente, y presencia móvil en más de dieciséis mercados europeos. El problema es que alemanes y franceses son accionistas y la fusión no aportaría gran consolidación interna.
- Airbus y Saab: combinarían 156.000 millones de capitalización con 29.700 millones para reforzar aviación comercial y defensa. Pero los Estados nacionales siguen protegiendo a sus campeones armamentísticos, especialmente tras la invasión rusa de Ucrania.
- Iberdrola y Enel: sumarían 131.200 millones y 91.500 millones de capitalización para crear una potencia europea de renovables, transmisión y digitalización. Cualquier consolidación energética despierta orgullo nacional y escrutinio antimonopolio riguroso.
- Deutsche Bank y BNP Paribas: un gigante bancario paneuropeo de 66.800 millones y 113.600 millones, con negocios de banca corporativa y minorista. La reacción alemana a la entrada de UniCredit en Commerzbank anticipa la oposición política.
- ASML y Mistral: un movimiento de 561.200 millones y una start-up valorada en 20.000 millones en inteligencia artificial. ASML ya invirtió inicialmente 1.300 millones en Mistral, pero una fusión de negocios tan distintos sería poco ortodoxa.
- Sanofi y Bayer: valores de 93.200 millones y 48.200 millones en el sector farmacéutico. Las megafusiones farmacéuticas han perdido atractivo para los inversores, y Bayer aún lidia con los litigios de Monsanto.
- Siemens y Schneider Electric: una unión de 213.700 millones y 165.900 millones en automatización industrial y centros de datos. La estrategia de Siemens, muy focalizada en software, haría difícil justificar la operación.
La capitalización bursátil de cada compañía es la recogida por el Financial Times en el momento de la encuesta; no se trata de valoraciones de operaciones cerradas, sino de candidaturas mencionadas por los encuestados.
El Eje del Poder Europeo
El impulso a los campeones europeos vuelve a dibujar la geometría política de la Unión. París y Berlín lideran el bando favorable a a flexibilizar las normas; los países del sur, con España e Italia en el centro, observan una oportunidad para que sus grandes energéticas y bancos ganen escala; los frugales del norte y algunos reguladores nacionales temen que el remedio acabe premiando a los oligopolios.
Para España, la quiniela no es neutral. Iberdrola aparece como pieza clave en la posible consolidación energética europea, y Telefónica se menciona entre las telecos que podrían entrar en futuras combinaciones. La vicepresidenta ejecutiva Teresa Ribera, responsable de Competencia en la Comisión, ha enfriado el entusiasmo: sin un mercado único real y sin armonización fiscal, laboral y regulatoria, una fusión europea puede no generar los beneficios prometidos.
El precedente de Alstom-Siemens de 2019 vuelve a operar como espejo. Bruselas teme repetir el error de bloquear un campeón que Berlín y París querían impulsar; pero también teme autorizar fusiones que encarezcan precios a consumidores y empresas. El resultado probable es un término medio: análisis caso a caso, con una Comisión dispuesta a tolerar más concentración solo a cambio de compromisos claros de inversión y resiliencia.
La lectura a cinco y diez años es contradictoria. Si la UE no relaja su control de fusiones, corre el riesgo de seguir perdiendo peso industrial frente a Estados Unidos y China. Si lo relaja demasiado, puede crear megacorporaciones con poco incentivo para bajar precios en un mercado interior todavía fragmentado. Por eso, la próxima batalla no será solo jurídica: será una negociación entre los 27 para decidir si están dispuestos a ceder soberanía nacional a cambio de tamaño europeo.

