Von der Leyen presiona para controlar la política exterior UE y desmantelar el SEAE en un pulso con Kallas

El plan de desmantelar el servicio diplomático europeo llega sin confirmación oficial y tras meses de choques entre la presidenta y la alta representante. Alemania y Francia sugieren recortar un departamento con un presupuesto anual de 1.000 millones.

La presidenta Von der Leyen presiona para desmantelar el SEAE y subordinar la política exterior de la UE, en choque directo con Kallas. Según ha publicado eldiario.es, el plan no tiene confirmación oficial, pero ha dejado de ser una guerra soterrada: la Comisión Europea quiere repartir entre comisarios las atribuciones del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) y rebajar el papel de la alta representante.

El SEAE nació en 2009 con una doble naturaleza: su titular ejerce como vicepresidente de la Comisión y, al mismo tiempo, preside el Consejo de Asuntos Exteriores. Los Estados diseñaron esa estructura precisamente para evitar que la presidencia de la Comisión acumulara poder en un ámbito que consideran soberano. Esa arquitectura ha generado fricciones continuas, también con Josep Borrell, el antecesor de Kallas.

El plan de desguace y su contexto

Según el Financial Times, la propuesta de desmantelar el departamento partió de un documento elaborado por Alemania y Francia. La idea consiste en que Kallas se quede solo con funciones residuales, como las misiones de mantenimiento de la paz o la coordinación sobre formación militar, y que se ahorre el coste anual del departamento: cerca de 1.000 millones de euros.

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El pulso escaló en marzo de 2026, cuando Ursula von der Leyen afirmó que Europa ya no puede ser ‘la guardiana del viejo orden mundial. Añadió que el sistema basado en reglas no puede asumirse como la única forma de defender los intereses europeos. La declaración provocó un escándalo entre los Estados miembros; la presidenta rectificó dos días después.

En paralelo, el ministro francés de Exteriores, Jean-Noël Barrot, defendió esta semana en Irlanda que las competencias de la alta representante ‘deben poder ejercerse plenamente’. Barrot pidió recurrir ‘de una manera más firme y clara’ a las palancas de la Comisión, sobre todo en sanciones y política comercial. Esa reivindicación choca de frente con la idea de convertir el SEAE en un órgano subordinado.

Lo que empezó como una pugna por organigramas es en realidad una disputa sobre si la UE puede permitirse una diplomacia con voz propia.

Kallas contraataca y los ministros aprietan

política exterior UE

Las tensiones se han agravado con Israel. En junio de 2026, el ministro israelí de Exteriores, Gideon Saar, rompió relaciones con Kallas por sus críticas al trato israelí a los palestinos. La Comisión avaló después una visita de la comisaria para el Mediterráneo, Dubravka Šuica, a Israel, y Von der Leyen la envió a la Junta de paz de Trump para Gaza sin mandato del Consejo.

Ante la presión, Kallas ha endurecido el discurso. Tras la reunión de ministros de Exteriores, subrayó que los Estados miembros ‘han dejado claro que no quieren perder el control de la política exterior’. Recordó que los instrumentos —comercio, ayuda al desarrollo, ampliación, migración, visados— siguen en manos de la Comisión y que el foro intergubernamental es clave para fijar posiciones comunes.

La alta representante advirtió del riesgo para los países pequeños: si todo se traslada a la Comisión, perderán el Consejo de Asuntos Exteriores mensual donde se coordinan y donde ella conoce la postura de cada capital. Sin ese espacio, la diplomacia europea quedaría aún más capturada por los grandes Estados y por la propia Comisión.

El consenso sí existe en eliminar la unanimidad en el Consejo de Exteriores. España, Francia, Alemania, Austria, Dinamarca, Bélgica, Finlandia, Luxemburgo, los Países Bajos, Rumanía y Suecia firmaron una carta para pedir a Kallas acabar con los vetos. El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, lo resumió: ‘No puedo aceptar que se use la unanimidad, ese derecho de veto para secuestrar que Europa pueda avanzar’.

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El Eje del Poder Europeo

El fondo del conflicto no es administrativo. Es una lucha por el modelo de diplomacia comunitaria: una Comisión jerárquica que centralice la política exterior, o un sistema intergubernamental con un servicio diplomático autónomo. El eje franco-alemán no es compacto esta vez: Alemania ha impulsado el recorte, pero Francia pide más competencias para Kallas. Los países del sur, incluida España, han elegido un terreno intermedio en el que presionan por eliminar el veto sin ceder a la Comisión.

Para España, el pulso tiene una lectura clara. Madrid apoya una política exterior europea más ágil, pero no quiere que la Comisión monopolice instrumentos que afectan al Mediterráneo, al comercio o a la ampliación. La carta firmada junto a otros diez Estados busca que la unanimidad deje de bloquear sanciones y posiciones comunes, pero Albares también ha dejado claro que el margen nacional no está en venta. Es la posición típica de un Estado mediano: quiere más Europa, pero sin entregar la llave de la sala de mandos.

El precedente más claro es la crisis del reparto de competencias entre Comisión y Consejo, que no se resolvió con el Tratado de Lisboa y sigue viva con cada choque entre Von der Leyen y los jefes de la diplomacia europea. En esta redacción entendemos que la próxima ventana crítica será el Consejo Europeo de octubre, si los Estados deciden trasladar formalmente la reforma del SEAE o la entierran en un grupo técnico. Hasta entonces, Bruselas seguirá hablando de modernización, pero el mensaje interno es otro: la pugna por quién habla en nombre de Europa no ha hecho más que empezar.