El pacto PP-Vox en Castilla y León impone prioridad nacional y privatización al estilo de Aragón y Extremadura

El acuerdo incluye 324 medidas y reserva a Vox tres consejerías, entre ellas la nueva de Desregulación, Familia y Ayudas Sociales. Los sindicatos critican la reducción de subvenciones y la apuesta por la gestión privada en la prevención de incendios.

El pacto PP-Vox en Castilla y León traslada a la comunidad las fórmulas ya aplicadas en Aragón y Extremadura: prioridad nacional en inmigración, recorte de subvenciones a los sindicatos y más peso privado en la gestión forestal.

Qué recoge el pacto y cuál es el argumentario de Vox

El presidente de la Junta en funciones y candidato del Partido Popular, Alfonso Fernández Mañueco, presentó el acuerdo tras casi 90 días de diálogo desde las elecciones autonómicas del 17 de mayo. La sesión de investidura quedó convocada para el pasado 9 de junio, con un ejecutivo de dos vicepresidencias y diez consejerías. El texto suma 19 ejes y 324 medidas repartidas en 62 páginas, con la palabra ‘estabilidad’ como eje recurrente. Para Vox, el pacto convierte a Castilla y León en un nuevo laboratorio de su agenda territorial.

El primer punto del apartado de inmigración es claro: ‘No más menores extranjeros no acompañados. Rechazo frontal a la política de inmigración del Gobierno central. El documento incluye la verificación de edad, la supresión de subvenciones que favorezcan la ‘inmigración ilegal’ y la prohibición del burka y el niqab en espacios públicos. La denominada ‘prioridad nacional’ se convierte en la cláusula estrella para ordenar el acceso a las ayudas sociales.

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Vox asume tres consejerías: la nueva de Desregulación, Familia y Ayudas Sociales, con competencias en inmigración, juventud y cooperación al desarrollo; Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental; y Cultura, Turismo y Deporte. El acuerdo reserva a Carlos Pollán una de las dos vicepresidencias. Mañueco justificó la medida migratoria con cifras concretas: ‘Estamos por encima de nuestra capacidad, tenemos 130 plazas y 186 menores no acompañados’.

El acuerdo silencia además las referencias al aborto, la violencia de género y los derechos LGTBIQ+, asuntos que sí figuraron en el pacto de 2022. El texto se limita a recoger bonificaciones fiscales y ayudas a víctimas de violencia contra la mujer. Para Vox, la ausencia de esos puntos demuestra que su presencia en el gobierno autonómico frena las imposiciones ideológicas de la izquierda.

El pacto no solo repite las cláusulas de Aragón y Extremadura: sitúa a Vox en áreas con mando real para desplegar su agenda en los próximos cuatro años.

Las reacciones de sindicatos y organizaciones sociales

Sindicatos y organizaciones sociales reaccionaron con dureza. El secretario general de UGT, Óscar Lobo, denunció la generación de un ‘falso problema’ con la inmigración en uno de los territorios más despoblados de la Unión Europea y advirtió de que recurrirá a los tribunales si se recortan las subvenciones sindicales. La justicia ya obligó a la Junta a revertir esa medida tras el acuerdo de 2022, según recuerdan desde el sindicato.

La parte de incendios también despierta dudas. El apartado de protección civil y emergencias compromete ‘colaboración público-privada’ para la limpieza, el mantenimiento y la repoblación de bosques, un punto que se aleja del operativo 100% público que demandaban las asociaciones de bomberos forestales tras los incendios que arrasaron cerca de 172.000 hectáreas en Castilla y León el pasado verano. La prevención queda en manos del Partido Popular, mientras Vox asume la consejería de Política Ambiental con una carga más política.

Las organizaciones sociales consultadas por El Salto acusan al futuro gobierno de escuchar más a Génova que a la ciudadanía de Castilla y León. La crítica apunta a la literalidad de las fórmulas importadas de Aragón y Extremadura, una réplica exacta que, para los sindicatos, resta legitimidad local al pacto.

La estrategia de Vox y la lectura del tablero autonómico

Vox consolida en Castilla y León un patrón de pactos que ya funciona en Aragón y Extremadura. La fórmula permite a la dirección nacional presentar acuerdos de gobierno estables sin renunciar a sus banderas: inmigración, desregulación y control del gasto político. El líder de Vox en Andalucía, Manuel Gavira, celebró el ‘magnifico acuerdo’ y avisó de que ‘Andalucía no puede ser menos’. Una declaración que confirma la vocación expansiva del modelo.

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Para el Partido Popular, el pacto tiene un coste político evidente: cede a Vox competencias sensibles y asume una agenda que los sindicatos atribuyen a Génova. Para Vox, la lectura es otra: sin entrar en el Gobierno de España, la formación marca el paso de los gobiernos autonómicos del centro-derecha. El precedente de 2022, disuelto a los dos años, obliga a ambas direcciones a demostrar que esta vez el acuerdo no es solo una suma aritmética.