Canadá impone aranceles de hasta el 50% a productos de EE. UU. tras la ruptura con Trump

La represalia replica dólar por dólar el arancel del 50% impuesto por Washington el 22 de agosto. Aluminio, lácteos, electrónica y acero concentran el golpe.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Canadá activó este martes aranceles de entre el 15% y el 50% sobre importaciones estadounidenses por valor de hasta 27.600 millones de dólares, en respuesta al arancel del 50% impuesto por la Casa Blanca el 22 de agosto.
  • ¿Quién está detrás? El Gobierno de Mark Carney por parte canadiense y la Casa Blanca por parte estadounidense, tras el fracaso de las negociaciones comerciales bilaterales.
  • ¿Qué impacto tiene? Escala la guerra comercial en Norteamérica y puede desviar flujos de exportación de equipos agrícolas, metales y electrónica, con efectos indirectos para los exportadores europeos.

Canadá ha respondido esta madrugada al arancel del 50% de Donald Trump con represalias sobre 27.600 millones en importaciones estadounidenses.

Una represalia ‘dólar por dólar’ que entró en vigor a medianoche

La nueva batería arancelaria entró en vigor a las 12:01 de la madrugada, hora de la costa este. La respuesta canadiense replica dólar por dólar la decisión de Washington y aterriza sobre equipos agrícolas, aluminio, electrodomésticos, productos lácteos, electrónica, papel, plásticos, pasta de celulosa y acero. La represalia canadiense se activó a medianoche.

No hay un arancel único: las tasas se mueven entre el 15% y el 50% según el producto. Las carretillas elevadoras y los moldes industriales pagan un 15%; los aparatos de aire acondicionado, las cocinas y los quesos importados desde Estados Unidos, un 25%; el aluminio, las cañas de pescar, los palos de golf, los perfumes, la leche y las consolas de videojuegos, el máximo del 50%. La lista, publicada por el Gobierno canadiense, tiene un mensaje claro: es una represalia quirúrgica y simétrica.

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La Casa Blanca responde a Ottawa: ‘Canadá nos ha expoliado durante décadas’

guerra comercial Canadá

El primer ministro canadiense, Mark Carney, defendió la decisión tras abandonar en agosto lo que definió como ‘un mal acuerdo’. Ottawa sostiene que las concesiones que pedía Estados Unidos no eran justas ni económicamente sólidas y habrían perjudicado a trabajadores y empresas canadienses. ‘Las condiciones no sólo han cambiado: el clima también ha cambiado. No podemos controlar la tormenta que llega desde Washington’, dijo. Washington no pide permiso.

La Casa Blanca, en cambio, difundió el 25 de agosto un comunicado durísimo: acusó a Canadá de ‘estar exprimiendo a Estados Unidos durante décadas’ y justificó los aranceles como el fin de su ‘viaje gratis’. Según Washington, la oferta estadounidense incluía recortes profundos en acero, aluminio, automóviles y madera. Canadá la rechazó. La factura no se reparte por igual.

La lógica de la Casa Blanca es antigua: si el déficit se ve como pérdida, la respuesta política es el arancel.

Mark Carney negó la tesis del saqueo. Su argumento central es que el déficit comercial estadounidense en mercancías se explica sobre todo por la energía: Canadá suministra el 99% de las importaciones estadounidenses de gas natural, el 85% de las de electricidad y el 60% de las de crudo. En el cómputo global, incluidos servicios, Ottawa recuerda que Estados Unidos tiene superávit. ‘Canadá alimenta el crecimiento americano. No creo que quieran que dejemos de enviarla’, dijo.

La escalada se produce en un momento de fricción comercial continental. El eje de Norteamérica se está reescribiendo. Para Bruselas y para Madrid, el choque tiene una lectura menos directa: Canadá y Estados Unidos no son socios comerciales pequeños, y sus flujos desviados pueden terminar en en el mercado europeo.

La Lógica de Washington

Desde Washington, la decisión no se lee como una pelea con Canadá, sino como la ejecución de un manual económico que el Partido Republicano recuperó con Donald Trump. El problema que quieren resolver es el déficit comercial bilateral en mercancías. La base política es la misma que ya sostuvo los aranceles de Reagan al acero en 1984 o los de Bush al acero en 2002: el arancel protege empleo industrial y da al presidente una herramienta de negociación sin pasar por el Congreso. No es neoliberalismo. Es la soberanía comercial como mensaje electoral.

Para España, el impacto es más indirecto que frontal. Las exportaciones españolas al mercado canadiense y estadounidense compiten con las de ambos gigantes en sectores como maquinaria, agroalimentación o metales, y un desvío de flujos puede generar presión adicional en el mercado europeo. La posición de la Unión Europea y del Gobierno español es de observación: Bruselas no quiere exponerse a una guerra arancelaria en dos frentes. El mercado ya descuenta más fricción.

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La proyección más inmediata tampoco es amable. No hay una mesa de negociación reabierta y la Casa Blanca mantiene activa la orden del 50% desde el 22 de agosto. Si el pulso se prolonga, el coste se trasladará a las cadenas de suministro y a los precios de bienes industriales en los dos países. Por ahora, Washington no pide permiso. Nunca lo ha necesitado.

Ficha del Caso

  • El caso: Canadá activó represalias arancelarias contra Estados Unidos como respuesta al arancel del 50% impuesto por la Casa Blanca en agosto, tras romperse las negociaciones bilaterales.
  • Datos clave: Aranceles canadienses de entre el 15% y el 50% sobre importaciones estadounidenses por un valor de hasta 27.600 millones de dólares; productos afectados: aluminio, lácteos, electrónica, acero, electrodomésticos y otros.
  • Para España: Riesgo indirecto en forma de desvío de flujos comerciales y mayor competencia en el mercado europeo. El sector exterior español deberá vigilar los precios de productos agroalimentarios e industriales americanos.