Donald Trump ha vuelto a exigir a la Reserva Federal tipos de interés cercanos a cero, en plena tensión con Jerome Powell. El presidente de Estados Unidos quiere recuperar los viejos tiempos del dinero barato, pero el mercado de bonos le ha contestado con un movimiento que explica mejor que ningún discurso la encrucijada fiscal del país.
‘Deberíamos tener los tipos de interés más bajos del mundo’, afirmó la semana pasada en el Despacho Oval. La queja es recurrente. Trump añora la época en que los buenos datos económicos empujaban los intereses a la baja y le recuerda al banco central que él no ve motivos para que la curva larga se dispare. Su lectura choca con la realidad del mercado.
Los datos no acompañan esa nostalgia. La inflación interanual lleva 65 meses por encima del objetivo del 2% de la Fed, la mayoría de ellos por encima del 3%. Aun así, el banco central ha recortado los tipos seis veces desde 2024, y el tipo efectivo ronda el 3,63%, por debajo de la media de largo plazo. El mercado de bonos, sin embargo, ha decidido ignorar los recortes.
El mercado de bonos no acepta las instrucciones del Despacho Oval
El rendimiento del bono a 10 años se mueve cerca del 4,75%, su nivel más alto desde abril de 2007. El bono a 30 años cotiza en una zona que no se veía desde aquel año. La lectura es nítida: los tipos largos no están altos porque la Fed haya olvidado recortar, sino porque los inversores exigen una compensación por el riesgo fiscal y de de inflación.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, intentó torcer esa curva a finales de agosto con la operación twist, una compra de deuda a largo plazo financiada con emisiones a corto plazo. El objetivo era contener los rendimientos largos. El resultado duró unas horas: a la mañana siguiente los rendimientos habían vuelto a su nivel previo al anuncio, según la columna publicada por The Blaze.
La raíz del desencuentro está en la deuda. En 2001, la deuda federal bruta era de 5,77 billones de dólares, un 55% del PIB. En abril de 2007, antes de la crisis financiera, alcanzó los 8,84 billones, el 63% del PIB. Hoy supera los 40 billones de dólares, alrededor del 123% del PIB. Casi 4 billones se han añadido desde enero de 2025, y en los dos mandatos de Trump la deuda bruta acumulada ronda los 11,7 billones.
Trump quiere tipos a cero y deuda infinita. El mercado de bonos le recuerda cada mañana que no se pueden tener ambas cosas.
El repunte de los rendimientos estadounidenses y su aterrizaje en España
Para España, este choque entre la Casa Blanca y la Fed no es un debate doméstico. Los rendimientos del Tesoro estadounidense funcionan como el suelo de los tipos globales. Si el bono a 10 años de Washington se mantiene cerca del 4,75%, la deuda soberana europea pierde margen para relajarse, y el euríbor, referencia de la mayoría de las hipotecas españolas, lo nota.
La deuda pública española se financia en un mercado global. Con la prima de riesgo ante un posible repunte de los bonos americanos, el coste de renovación de la deuda podría encarecerse en los próximos ciclos. Las grandes empresas españolas con negocio en EE. UU. —Santander, BBVA, Iberdrola, Ferrovial— observan de cerca esta tensión, porque de ella dependen sus márgenes financieros y su capacidad de invertir en dólares.
La Lógica de Washington
En Washington, la lógica de Trump tiene su propia coherencia. El presidente exige tipos cercanos a cero y deuda abundante para financiar sus proyectos. El problema es que ambas cosas no pueden convivir con una inflación aún viva. La Casa Blanca cree que la Fed mantiene los tipos artificialmente altos; la Reserva Federal responde que ya ha recortado seis veces y que la curva larga la dicta el mercado, no el Despacho Oval.
El precedente histórico es contundente. Cuando la Reserva Federal financió dinero barato tras el 11-S y durante la pandemia, la deuda era manejable: en 2001 no llegaba al 55% del PIB. Hoy, con el 123% del PIB, cada punto adicional de rendimiento encarece la factura de intereses y obliga a emitir más deuda para pagarla. Ese es el bucle que el mercado ha detectado: no castiga a Trump, castiga el riesgo fiscal acumulado.
Las próximas semanas pondrán a prueba esta dinámica. La próxima reunión del FOMC (el comité de la Fed que decide los tipos) volverá a escuchar la presión de Trump, aunque la institución mantiene su independencia formal. Si el bono a 10 años se consolida por encima del 4,7%, el mercado habrá dicho la última palabra. Y no será a favor del dinero gratis. El doble riesgo está en el dólar y en la renovación de la deuda: si la confianza se resquebraja, el coste de financiación subirá para todos.
Ficha del Caso
- El caso: Trump presiona a la Reserva Federal para volver a los tipos a cero mientras la deuda federal supera los 40 billones de dólares y el bono a 10 años cotiza en máximos desde 2007.
- Datos clave: El tipo efectivo está en el 3,63%; la inflación supera el objetivo del 2% desde hace 65 meses; la deuda federal equivale al 123% del PIB; el Tesoro añadió casi 4 billones desde enero de 2025.
- Para España: La presión sobre los rendimientos del Tesoro encarece la financiación global y mantiene tensos los tipos de referencia, con efecto directo sobre el coste de la deuda pública y del euríbor.

