Funcas prevé que el gasto en intereses de la deuda española se dispare 50%, hasta 60.000 millones, por los tipos del BCE

El informe de Funcas sitúa la factura por intereses en 60.000 millones para 2030 y alerta de que las refinanciaciones y el déficit estrechan el margen fiscal. La reunión del BCE de mañana puede acelerar esa presión.

La factura por intereses de la deuda pública española se encamina hacia los 60.000 millones de euros en 2030, según los cálculos de Funcas publicados este miércoles. Eso equivale a un incremento del 50% frente a los niveles actuales y convierte la refinanciación de la deuda en una de las principales amenazas para el margen presupuestario del Gobierno.

La rampa del gasto en intereses: 57.000 millones sin grandes sustos

El informe no plantea un escenario catastrófico: asume que los tipos de interés se mantendrán en los niveles del año pasado, con el 3,2% en la deuda a largo plazo y el 2,2% en la deuda a corto plazo. Incluso en esas condiciones, el pago anual por intereses alcanzaría 57.000 millones de euros en 2030, unos 17.000 millones más que el año pasado. La cifra supone que solo el servicio de la deuda se comerá una parte cada vez mayor de los ingresos públicos.

Funcas identifica dos vectores de presión: el déficit público y las renovaciones de deuda. Cerca de la mitad del aumento, unos 8.000 millones de euros, procedería de los intereses asociados a la nueva deuda que se emita. La otra mitad responde a la refinanciación de emisiones pasadas que maduran con costes financieros más altos. El mensaje es claro: incluso sin sobresaltos nuevos en la prima de riesgo, el gasto crece con fuerza.

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A esas proyecciones se suma el impacto de las subidas de tipos. El informe estima que la variación de tipos añadiría otros 3.600 millones de euros a la factura, lo que supera la barrera de los 60.000 millones. ‘Urge aprovechar el ciclo expansivo para generar margen de maniobra’, sostiene el documento. No es una recomendación genérica: es una advertencia sobre la capacidad de respuesta del Tesoro ante la próxima desaceleración.

La referencia más inmediata es la reunión del BCE de mañana. Los mercados anticipan que Fráncfort aprobará una nueva subida de los tipos de interés, hasta el 2,5%, y dejan abierta otra posible en los próximos meses. Funcas cita la guerra en Oriente Medio como un factor que prolonga la incertidumbre sobre los precios de la energía.

La inflación española se situó en el 4,3% interanual en agosto, un nivel que todavía alimenta la vigilancia del banco central. La combinación de déficit persistente, refinanciación masiva y tipos altos convierte la deuda en un asunto de primer orden para la política económica.

La factura por intereses ya no es una variable contable: es el precio que España paga por el déficit y por un mercado de deuda cada vez menos paciente.

El problema de fondo es que el pago de intereses compite de forma directa con otras partidas. En los años del BCE a tipos cero, el coste de la deuda se desplomó y permitió mantener un gasto social elevado. Ese colchón ha desaparecido: ahora cada subida de tipos reduce la capacidad de financiar inversión pública o de cumplir los objetivos de déficit sin tocar partidas sensibles.

La velocidad del ajuste determinará el impacto real. Si las refinanciaciones se escalonan a lo largo de varios años, el golpe puede absorberse. Si los mercados exigen primas de riesgo más altas, el encarecimiento se adelanta y los presupuestos pierden aire con rapidez.

Funcas también advierte de la reticencia de los mercados a financiar el volumen de deuda pública que se expande por todo el planeta. Esa inercia contribuirá a moderar el crecimiento de España y estrechará el margen de maniobra del Gobierno.

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El efecto bola de nieve y la desconfianza de los mercados

informe Funcas deuda

La Airef utiliza la expresión ‘bola de nieve’ para describir el momento en que el pago por intereses superará al crecimiento del PIB. Sus últimas estimaciones sitúan ese umbral en 2035, tres años más tarde que en el cálculo anterior. La buena noticia es que se aleja el punto en que la deuda empieza a crecer solo por inercia. La mala es que sigue dentro del horizonte de planificación fiscal.

El Tesoro ha aprovechado la mejor posición relativa de España para colocar ayer cerca de 6.000 millones de euros entre letras y bonos. Los tipos de interés son los más altos en dos años, pero la deuda española registra una prima de riesgo menor que la de Francia e Italia, lo que facilita la demanda. Aun así, la ventana no permanecerá abierta de forma indefinida.

La tensión sobre los bonos soberanos no es exclusiva de España. El bono estadounidense a diez años ha rozado el 5%; el alemán ha tocado el 3,5% por primera vez desde la crisis financiera y el japonés se acerca al 3%, el mayor nivel desde los años noventa. En Europa, el bono español a diez años ronda el 3,8%. El dinero barato se ha terminado.

El Eje del Poder Europeo

En clave comunitaria, el riesgo encaja con la aplicación de las nuevas reglas fiscales, es decir, los límites de déficit y deuda que Bruselas reactivó tras el paréntesis de la pandemia. El coste de los intereses reduce el espacio para cumplir esas exigencias sin recortes adicionales. Madrid necesita que el BCE no prolongue el endurecimiento monetario más de lo descontado; si lo hace, cada décima se traslada directamente al presupuesto.

A diferencia de la crisis del euro de 2010-2012, el detonante no es la desconfianza hacia un solo país: es la combinación de déficits persistentes y un escenario global de tipos más altos. Aquella vez el sur quedó señalado; ahora el encarecimiento de la deuda cruza el Atlántico y golpea también a Alemania, Estados Unidos y Japón.

En la eurozona, la geometría ha cambiado. Alemania ya no cuenta con el bono refugio tan barato como en la década pasada, y Francia e Italia se acercan a los costes de la periferia. Eso reduce el estigma, pero no el coste: un bono español al 3,8% es un seguro mucho más caro que el 1,5% de hace unos años.

El riesgo inmediato para España es de calendario. Si la prima de riesgo se estrecha, las emisiones del Tesoro se mantienen fluidas; si la inflación no cede y el BCE sube tipos más de lo previsto, la factura de intereses se acelera. La próxima actualización de la Airef y la ejecución presupuestaria del último trimestre serán el primer test de tensión.