Corea del Sur eleva su gasto militar a un récord de 53.900 millones ante Trump y el eje Pyongyang-Pekín

La asignación de 53.900 millones de dólares sube un 8,2% pero equivale al 2,33% del PIB, lejos del 3,5% que exige Trump. Seúl prioriza drones, submarinos nucleares y el mando operativo propio antes de 2029.

Corea del Sur ha aprobado un presupuesto de Defensa récord de 53.900 millones de dólares para el próximo ejercicio, un 8,2% más que el actual. El Ministerio de Defensa Nacional anunció el pasado 3 de septiembre una partida de 73,28 billones de wones, la mayor de su historia, en un contexto marcado por Corea del Norte, China y la creciente desconfianza hacia el paraguas estadounidense.

El gasto se estructura en ocho prioridades que van del mando propio al bienestar de los soldados. La mezcla combina tecnología, exportación y política demográfica, y confirma un giro de fondo en la doctrina de Defensa surcoreana.

Por qué Seúl acelera ahora su rearme

La justificación oficial es técnica. El Ministerio de Defensa Nacional explicó que el plan busca ‘reforzar las capacidades de autodefensa en respuesta a un entorno de seguridad que cambia con rapidez y a la reducción de efectivos’. La frase apunta a dos problemas internos: la caída demográfica y la transición de un ejército de reclutas a uno de alta tecnología.

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El factor Trump aparece antes de la letra. En agosto, el presidente estadounidense publicó en redes sociales que, por su ‘buena relación’ con Kim Jong-un y porque Pyongyang había sido ‘respetuosa y no amenazante’, reduciría los ejercicios militares con Corea del Sur. Los calificó de ‘totalmente inapropiados y hostiles’. Washington no ha desmentido el mensaje. Seúl, en cambio, responde con chequera récord.

Ese movimiento refuerza una tendencia que ya se veía en la OTAN: la exigencia de Trump de que los aliados paguen más. Con Corea del Sur, la cifra que presionó en público fue del 3,5% del PIB. El presupuesto ahora aprobado, pese a ser récord, se queda en el 2,33%.

Drones, cazas y submarinos: las apuestas de la partida

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La primera prioridad es la autosuficiencia del mando. Seúl incrementa un 35% los fondos para preparar la transferencia del control operativo en tiempo de guerra (OPCON) desde Estados Unidos, con el objetivo de completarla en 2029. Eso significaría que un general surcoreano mandaría también sobre las tropas estadounidenses en la península en caso de conflicto.

La apuesta por los sistemas no tripulados es la más llamativa. El gasto en drones sube casi un 20% y el Ministerio asegura que los usará como ‘principal vehículo de combate’. Incluye enjambres, drones de reconocimiento, municiones merodeadoras y un sistema global de defensa contra drones. Seúl quiere formar a medio millón de drone warriors.

Seúl no debate si debe rearmarse; debate a qué velocidad puede hacerlo sin depender de Washington.

El presupuesto reserva partidas concretas para el sistema antiaéreo L-SAM de largo alcance y los drones de reconocimiento de altitud media MUAV. El caza KF-21 Boramae recibe 3,3 billones de wones, casi 2,5 veces más que el año anterior, y ya hay producción en marcha. También se asignan cerca de 100.000 millones de wones para impulsar el programa de submarinos de propulsión nuclear.

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Equilibrio de Poder

El rearme surcoreano no puede leerse solo como una respuesta a Pyongyang. Es también un mensaje a Washington y a Pekín. Estados Unidos mantiene 28.500 efectivos en la península, pero la ambigüedad de Trump sobre los ejercicios militares ha agrietado una alianza de siete décadas. Moscú y Pekín observan: un Seúl más autónomo reduce la influencia estadounidense en la región, pero también consolida un contrapeso ante las ambiciones nucleares norcoreanas.

Para la Unión Europea, el efecto es secundario pero real. Seúl se convierte en un competidor tecnológico en semiconductores, drones y propulsión naval, terrenos donde Bruselas quiere ganar autonomía. Para España, el impacto llega por la vía industrial: el salto exportador surcoreano presiona a los programas europeos de defensa y a las empresas españolas que buscan hueco en Asia.

China es el actor que más pierde con esta decisión. Un Seúl con drones, cazas propios y mando independiente de Washington complica los planes de Pekín en el estrecho de Taiwán y eleva el coste de cualquier coerción sobre la península. La inversión en semiconductores y tecnologías cuánticas apunta en esa dirección.

El precedente más claro es el giro japonés tras la anexión rusa de Crimea en 2014. Tokio reinterpretó su doctrina de defensa y aumentó el gasto sin abandonar el paraguas estadounidense. Seúl sigue ese camino, pero con una diferencia: Trump no ha dado el mismo margen de confianza a Corea del Sur que a Japón. El próximo hito será la evaluación del OPCON en 2027, antes del objetivo de transferencia en 2029.