Suecia vota este domingo en unas elecciones generales que pueden normalizar a la ultraderecha dentro de un Gobierno de la Unión Europea. La socialdemócrata Magdalena Andersson partía con ventaja durante meses, pero los sondeos finales han apretado la carrera hasta un empate técnico. La llave la tiene Demócratas de Suecia (SD), segunda fuerza parlamentaria, que por primera vez podría ocupar carteras ministeriales si el bloque conservador de Ulf Kristersson suma mayoría.
Lo que está en juego en el Riksdag: un umbral del 4% y dos bloques muy fijos
El sistema electoral sueco reparte 349 escaños en el Riksdag mediante representación proporcional: un partido que obtiene en torno al 20% de los votos recibe, aproximadamente, el 20% de los asientos. Sin embargo, el umbral del 4% a escala nacional elimina a las formaciones muy pequeñas, un detalle que puede inclinar la balanza cuando los bloques llegan tan igualados. Casi ocho millones de personas están llamadas a votar, con una participación que habitualmente supera el 80%.
La votación concluye a las 20:00, hora local, y las televisiones publicarán sus sondeos de salida de inmediato. Según los cálculos de la radiotelevisión pública SVT, con el 10% del escrutinio se podrá dar una primera indicación hacia las 21:15. La autoridad electoral suele publicar una asignación provisional de escaños sobre las 22:30, pero si la contienda es muy cerrada, el recuento definitivo puede alargarse hasta el miércoles 16 de septiembre o más. También se celebran elecciones regionales y municipales, y el voto anticipado está disponible desde el 26 de agosto.
La ultraderecha, de socio externo a ministro potencial: qué cambiaría en Suecia

En 2022, Kristersson rompió un tabú de décadas al pactar con los Demócratas de Suecia, que habían alcanzado el 20% de los votos. Durante cuatro años, el SD apoyó a su Gobierno desde fuera, endureciendo la política de inmigración y seguridad. Ahora, Kristersson promete darles ministerios si su bloque gana, un paso que la oposición socialdemócrata presenta como un riesgo para el Estado de derecho y para el papel internacional de Suecia.
Andersson ha sido contundente en campaña. En declaraciones recogidas por Politico Europe, advirtió de que sería ‘un país diferente con un Gobierno en el que la mitad de los ministros fueran de los Demócratas de Suecia’ y añadió que no sería bueno para Suecia si esos partidos consiguieran ‘las llaves del Ministerio de Defensa o del de Asuntos Exteriores’. Kristersson insiste en en que solo integrarán su Ejecutivo perfiles ‘muy cualificados, con experiencia y buen juicio’.
El cambio de ciclo no es menor: la extrema derecha sueca deja de ser un apoyo parlamentario y se prepara para gestionar ministerios de peso.
El líder del SD, Jimmie Åkesson, considera que ha llegado el momento de asumir la responsabilidad de gobernar y mira hacia 2030, cuando aspira a ser primer ministro. Su formación, fundada en los años ochenta con algunos miembros procedentes de círculos neonazis, ha moderado el discurso, aunque no lo suficiente para convencer a sus críticos. Su lema de campaña resume la apuesta: ‘Suecia debe ser segura, libre y sueca’.
En materia exterior, los dos candidatos coinciden en mantener el apoyo a Ucrania. Suecia, miembro de la OTAN desde hace dos años, vive el rearme como una cuestión de seguridad nacional. No obstante, Kristersson ha puesto en duda el compromiso atlantista del bloque de izquierda, mientras Andersson exige explicaciones sobre una presunta actividad prorrusa de un responsable del SD, según informó Politico Europe.
El Eje del Poder Europeo
La cita sueca no se queda en Estocolmo. Tras los recientes avances de la extrema derecha en elecciones regionales alemanas, Berlín observa el experimento nórdico con atención: si el SD entra en el Gobierno, se normaliza un modelo de coalición que la CDU ha evitado hasta ahora. París, por su parte, mira de reojo, porque el resultado puede alimentar tanto a los defensores de la firmeza republicana como a quienes buscan alianzas a la derecha de la derecha.
Para España, la traducción es política antes que económica. No hay un sector exportador directamente expuesto a un cambio de Gobierno en Estocolmo, pero el precedente importa: si la ultraderecha nórdica obtiene carteras, los partidos de la derecha radical del sur —Vox incluido— tendrán un argumento más para exigir ministerios en futuras coaliciones. La Moncloa y los socios europeos del PSOE seguirán el escrutinio con la tesis de que el cordón sanitario es reversible.
La lectura a medio plazo es más profunda. Suecia ha sido durante décadas un referente de socialdemocracia y consenso. Si el bloque de derechas gana y el SD se convierte en socio de pleno derecho, la UE verá reforzada la tendencia hacia políticas migratorias más duras y un mayor gasto en defensa. Si gana Andersson, quedará demostrado que el miedo a la ultraderecha todavía moviliza a la izquierda, pero el SD ya no saldrá del mapa.
El desenlace no se conocerá de inmediato. La proyección de escaños de las 22:30 del domingo es solo el primer paso; el recuento definitivo puede retrasarse hasta el miércoles y la negociación de gobierno, semanas. Si el Riksdag no logra investir a un primer ministro, Suecia podría enfrentarse a una repetición electoral. El próximo hito es esa noche de domingo, cuando el 10% del escrutinio empiece a despejar la incógnita.
