Saudi Aramco corta el petróleo a Europa: el ataque con drones que dispara la factura energética española

El daño en tres estaciones de bombeo del oleoducto Este-Oeste obliga a la petrolera saudí a recortar las entregas de octubre a dos refinerías europeas. España depende del exterior para casi todo el crudo que consume.

Saudi Aramco ha suspendido las entregas de petróleo de octubre a dos refinerías europeas. El motivo es un ataque con drones contra el oleoducto Este-Oeste saudí, y la consecuencia llega hasta la factura energética de las familias españolas.

El ataque que ha parado el oleoducto Este-Oeste

El oleoducto Este-Oeste, conocido como Petroline, es la arteria que saca el crudo saudí desde los yacimientos del Golfo hasta el mar Rojo, en la otra punta del país. Tres de sus estaciones de bombeo han quedado dañadas por el ataque. La infraestructura necesitará hasta seis semanas para recuperar su capacidad completa.

La respuesta de la petrolera estatal ha sido comercial, no militar. Saudi Aramco ha comunicado a por lo menos dos refinerías europeas que no recibirán sus cargamentos de octubre. Traducido: el crudo comprometido para Europa se queda, de momento, en casa. La noticia la adelantó el diario colombiano La República.

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Por qué este recorte llega al bolsillo español

España produce una cantidad testimonial de petróleo. Importa prácticamente todo el crudo que consume, por encima del millón de barriles diarios, y lo transforma en instalaciones como las de Repsol en Cartagena o Cepsa en Algeciras. Ninguna refinería española trabaja solo con barriles saudíes, pero el suministro se negocia en un mercado único.

ataque drones oleoducto

Buenas noticias: la red de aprovisionamiento español no depende de un único país. Arabia Saudí es un proveedor relevante, pero no el único: Nigeria, Brasil, Estados Unidos, Irak o México cubren buena parte del resto. España cuenta además con reservas estratégicas gestionadas por Cores, obligadas por la normativa europea a cubrir 90 días de consumo.

La mala noticia es el precio. Cualquier corte de suministro en el golfo Pérsico empuja el Brent, la referencia del crudo en Europa, y esa subida viaja después a la gasolina, al diésel, al transporte de mercancías, a la pesca de bajura y a la cesta de la compra. El crudo más caro se convierte, en pocas semanas, en inflación.

Hay un segundo efecto, menos visible. España arrastra un déficit energético estructural: cada euro que sube el barril se resta de la balanza por cuenta corriente y se suma a lo que el país paga al exterior. En 2022, con la crisis posterior a la invasión de Ucrania, ese desequilibrio marcó máximos y la inflación española llegó a superar el 10%.

España no compra petróleo en el desierto: lo compra en un mercado global donde cualquier sabotaje encarece el barril para todos.

Y aquí está la clave que casi nadie cuenta: España no sufre tanto por el barril que deja de llegar como por el precio que fijan los demás. Con la demanda mundial ajustada, cualquier susto geopolítico genera una prima de riesgo que acaban pagando todos los compradores, incluidos los que nunca han tocado un barril saudí.

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Lo que enseña el precedente de Abqaiq

El episodio tiene precedente y fecha. El 14 de septiembre de 2019, un ataque combinado con drones y misiles inutilizó las instalaciones de Abqaiq y Khurais, también en Arabia Saudí. Aquel golpe retiró del mercado unos 5,7 millones de barriles diarios, cerca del 5% del suministro mundial, y el Brent firmó su mayor subida en un solo día desde que hay registros. No hubo escasez física de crudo: hubo pánico, y el pánico también se paga en el surtidor.

Esta vez el daño es menor y la reacción ha sido logística: recolocar cargamentos, recurrir a proveedores alternativos y esperar a que el oleoducto recupere presión. España puede sustituir barriles saudíes por crudo de África occidental o de Estados Unidos, pero cada sustitución cuesta tiempo y dinero en fletes, el coste de mover el crudo por mar. Ese sobrecoste también termina en el precio final.

Europa tiene una red de seguridad para estos episodios. La Agencia Internacional de la Energía coordina liberaciones de reservas de emergencia cuando el mercado se desboca, y España participa de ese mecanismo a través de Cores. El colchón existe, pero solo amortigua el golpe: no lo evita.

Conviene seguir tres cosas. La primera, si las seis semanas de reparación se cumplen o se alargan. La segunda, si el Brent mantiene la prima de riesgo geopolítico o la diluye en pocos días. La tercera, si el recorte de octubre se queda en octubre o Saudi Aramco lo extiende a noviembre. Porque el precio de la energía en España no lo fija Riad, pero Riad puede ayudar a moverlo.

📌 Ficha del Caso

  • Ficha sobre el caso: Un ataque con drones daña tres estaciones de bombeo del oleoducto Este-Oeste saudí y Saudi Aramco suspende las entregas de crudo de octubre a dos refinerías europeas.
  • Datos importantes: La infraestructura necesita hasta seis semanas para recuperar su capacidad completa. España importa prácticamente todo el crudo que consume, por encima del millón de barriles diarios.
  • Resumen: El corte no deja a España sin suministro, pero tensa el precio del crudo y, con él, la factura energética de familias y empresas.