Alemania ultima el presupuesto de defensa récord: 140.000 millones y un 32,7% más para 2027

Pistorius combina 109.700 millones del presupuesto ordinario con unos 30.000 del fondo especial que expira en 2027. El Bundestag votará en tercera lectura el 27 de noviembre y la oposición de AfD, Verdes y Die Linke no bastará para tumbarlo.

El presupuesto de defensa de Alemania se dispara: Boris Pistorius pide al Bundestag cerca de 140.000 millones de euros para 2027. La cifra equivale a unos 160.000 millones de dólares y sitúa a Berlín como el primer contribuyente europeo a la OTAN por volumen absoluto, con un margen creciente sobre Francia y el Reino Unido.

Los 109.700 millones de euros del presupuesto central del Ministerio de Defensa alemán, un 32,7% más que en 2026, se completan con unos 30.000 millones procedentes del Sondervermögen Bundeswehr, el fondo especial fuera de balance que Berlín aprobó en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania. Ese fondo expira, y con él la excepción presupuestaria que ha sostenido el rearme alemán de esta legislatura.

Después de la reunión a puerta cerrada de la comisión de Defensa del Bundestag celebrada este miércoles, Pistorius habló de ‘mucha coincidencia’ entre los grupos parlamentarios. Rechazó además las acusaciones de que su plan de compras prioriza tecnología antigua y puso como ejemplo el carro de combate Leopard 2A8, que describió como un sistema ‘de alta tecnología’ y no como material heredado.

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De dónde sale el dinero y qué ocurre cuando expire el fondo especial

La arquitectura del presupuesto es la clave. Durante cuatro ejercicios, el Sondervermögen permitió a Berlín sortear la Schuldenbremse, el freno de deuda inscrito en la Constitución, y financiar compras fuera del balance ordinario. A partir de 2028 esa muleta desaparece: cada euro de defensa tendrá que salir del presupuesto corriente y competir con pensiones, sanidad y ferrocarril.

Ahí está la contradicción que la coalición de Merz no ha resuelto. El salto del 32,7% en el núcleo ministerial es real, pero una parte del crecimiento depende de una partida que se agota. Sin el fondo especial, el gasto cae y el compromiso del 3,5% del PIB dentro del nuevo umbral aliado queda pendiente de una reforma fiscal que nadie ha presentado.

Pistorius anunció también el primer programa de financiación dedicado a universidades civiles e institutos de investigación que trabajen en tecnologías relevantes para la defensa, con la inteligencia artificial y los sistemas no tripulados como ejes. Es un gesto político tanto como presupuestario: Berlín quiere vender el rearme como modernización industrial y no como compra de urgencia.

La Zeitenwende dejó de ser un discurso en 2022; lo que se vota ahora en Berlín es su factura, y ya no admite prórrogas.

La oposición compareció unida y en contra. La AfD, Los Verdes y Die Linke han calificado el plan de fiscalmente temerario o de opaco, cada uno por razones distintas y en algún caso incompatibles entre sí. No les bastará: la coalición gobernante tiene los votos. La comisión de Presupuestos celebrará una sesión de conciliación el 12 de noviembre y la tercera lectura está prevista para el 27 de noviembre.

El carro de combate franco-alemán que ya no será un carro de combate

El segundo terremoto no estaba en las cifras. Pistorius admitió que el diseño original del Main Ground Combat System (MGCS), el programa franco-alemán de carro de combate de nueva generación, puede no sobrevivir tal y como se concibió. Un día antes, París y Berlín habían publicado un anuncio conjunto: el proyecto pasa a perseguir ‘tecnología independiente de plataforma’ en lugar de un carro de combate principal.

El ministro habló de acordar ‘en las próximas semanas’ un ‘proyecto diferente, reestructurado’. El concepto se remonta a 2012. Catorce años después, el entorno de amenaza que lo justificaba —el de hace cuatro o cinco años, según su propia descripción— ya no existe. Traducido: el motor franco-alemán pierde su buque insignia industrial y lo pierde sin sustituto anunciado.

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La lectura estratégica incomoda a las dos capitales. París necesita el MGCS para sostener a KNDS; Berlín, para justificar el volumen de su gasto. Si el programa se diluye en drones, sensores y munición inteligente, la cooperación deja de ser simbólica y pasa a ser contable. Y lo contable se rompe cuando los intereses divergen, algo que el historial de proyectos conjuntos entre ambos países no invita a descartar.

Equilibrio de Poder

Washington lee el presupuesto alemán como la prueba de que la presión transaccional funciona. La administración Trump mide la Alianza por lo que cada capital pone sobre la mesa, y Berlín es hoy su mejor argumento. Moscú, en paralelo, presentará los 140.000 millones como confirmación de que la vía militar europea no se detiene: el Kremlin lleva años convirtiendo cada decisión de la OTAN en relato de escalada, y esta cifra le sirve en bandeja.

Bruselas afronta un problema de equilibrio interno. Alemania concentra ya buena parte de la capacidad industrial de defensa del continente y su demanda absorbe munición, blindados y defensa aérea de todo el mercado europeo. Los instrumentos comunes —el fondo de préstamos SAFE y los programas de la Agencia Europea de Defensa— acaban orbitando alrededor de la agenda alemana. Quien financia, ordena.

Para España el efecto es indirecto pero medible. Los casi 140.000 millones alemanes equivalen a casi diez veces el presupuesto anual del Ministerio de Defensa español, que sigue moviéndose en torno al 1,3% del PIB según los últimos cálculos de la OTAN. Madrid compite por por las mismas cadenas de suministro: si Berlín acelera compras de defensa aérea, munición y blindados, los plazos de entrega de los programas españoles se estiran.

El FCAS, el sistema de combate aéreo de sexta generación que España desarrolla junto a Francia y Alemania, pasa a disputar financiación con un presupuesto terrestre en expansión. En el flanco sur no hay cambio directo: Marruecos, el Sáhara y el Sahel no aparecen en la ecuación alemana. El riesgo es de atención. Cuando Europa mira al Báltico, el Mediterráneo occidental deja de ser prioridad presupuestaria, y en Rota y Morón la presión estadounidense para que los aliados asuman más carga no va a disminuir.

La lectura a cinco años es de asimetría estructural. Alemania consolida el mayor presupuesto militar del continente con un margen creciente sobre París y Londres, y eso reordena la política industrial y el peso de cada capital en Bruselas. Francia conservará el paraguas nuclear y perderá peso convencional. El punto débil del escenario es fiscal: la caída del fondo especial en 2028 obligará a recortar otras partidas o a reformar el freno de deuda, y ninguna de las dos decisiones está tomada.

Conviene recordar el precedente. El Sondervermögen de 2022 nació como excepción constitucional y se presentó como un paréntesis de tres años. Cuatro ejercicios después, Berlín sigue sin convertir la excepción en normalidad y el presupuesto de 2027 es la prórroga de una prórroga. Eso sí, con el doble de volumen y con la misma pregunta sin responder.

El calendario marca los hitos. La conciliación en la comisión de Presupuestos el 12 de noviembre, la tercera lectura del 27 de noviembre y, antes de cerrar el año, el Consejo Europeo de diciembre, donde la financiación de la defensa y los instrumentos comunes volverán a la mesa. Si Berlín aprueba su presupuesto sin despejar la incógnita de 2028, habremos confirmado la cifra y aplazado la pregunta.