En Moncloa empieza a preocupar el comportamiento que puedan adoptar los grandes grupos de comunicación durante el próximo ciclo electoral. Pedro Sánchez no atraviesa precisamente por su mejor momento en sus relaciones con algunos de los principales operadores mediáticos españoles y en el PSOE creen que, cuando las campañas electorales entren en su fase decisiva, determinados grupos pueden endurecer todavía más su discurso sobre el Gobierno.
La situación resulta especialmente delicada con Mediaset España. El grupo siempre había hecho gala de no injerir políticamente en España, pero ahora la familia Berlusconi es socia en Italia de la presidenta Giorgia Meloni, íntima de Vox. Desde el entorno socialista se observa con inquietud la línea que están siguiendo algunos espacios de Cuatro, especialmente en asuntos relacionados con inmigración y seguridad.
Programas como ‘En boca de todos’ y ‘Horizonte’, con Nacho Abad e Iker Jiménez al frente, respectivamente, han convertido buena parte de su actualidad en un escaparate para cuestiones relacionadas con la inmigración y el debate social. La programación de ambos espacios ha sido objeto de críticas por la difusión de planteamientos que sectores de la izquierda consideran próximos al discurso de la ultraderecha.
El contexto resulta especialmente significativo porque durante este verano la crisis migratoria de Ceuta se convirtió en uno de los grandes asuntos de la programación de Cuatro. ‘En boca de todos’ y ‘Horizonte’ alcanzaron sus mejores registros de audiencia con una cobertura centrada en la situación de la ciudad autónoma y la inmigración.
En Telecinco también enfada en el entorno socialista la actitud de Ana Rosa Quintana, que sin embargo no pasa por sus mejores momentos de audiencia y está siendo superada por Silvia Intxaurrondo y Susanna Griso.
Atresmedia, otro frente abierto
Con Atresmedia la relación tampoco es buena. La compañía controlada por el Grupo Planeta cuenta con comunicadores como Vicente Vallés, Pablo Motos o Cristina Pardo que no son del gusto del Gobierno. El Ejecutivo mantiene desde hace años un evidente enfado ante determinadas posiciones editoriales y comentarios vinculados a los principales rostros del grupo.
En Moncloa tampoco pasa inadvertida la situación de La Sexta, que vive uno de los momentos más bajos de audiencia de su historia. El canal nació con una marcada identidad progresista y durante años fue considerado una pieza relevante del ecosistema mediático de la izquierda, pero su posición actual es observada con preocupación por sectores próximos al Gobierno.
El canal dirigido por Antonio García Ferreras, que es mal visto en Moncloa, podría acrecentar su desgaste por la puesta en marcha por parte de distintos empresarios cercanos al Gobierno de La Séptima, promovida por José Miguel Contreras.
La batalla por RTVE y La Séptima
El Gobierno ha promovido la politización de RTVE y la puesta en marcha de La Séptima para enfado de los dos grandes operadores privados, Mediaset y Atresmedia. La pública ha reforzado su oferta de actualidad y entretenimiento y compite directamente con programas como los de Pablo Motos o Ana Rosa Quintana. La futura entrada de La Séptima añade otro elemento de presión sobre un mercado televisivo que ya está fuertemente tensionado.
Sin embargo, desde el PSOE recuerdan que los dos grandes operadores privados también han sido favorecidos por decisiones adoptadas durante la etapa de Pedro Sánchez. Entre ellas se encuentra la modificación del marco publicitario audiovisual. La Ley General de Comunicación Audiovisual de 2022 estableció un nuevo régimen para las comunicaciones comerciales y la CNMC fija actualmente límites cuantitativos de emisión publicitaria, con 144 minutos entre las 6.00 y las 18.00 horas y 72 minutos entre las 18.00 y las 24.00 horas, además de determinadas exclusiones del cómputo.
También resulta relevante la modificación de la definición de productor independiente. La normativa establece qué debe entenderse por productor independiente y cuándo existe vinculación estable entre un productor y un prestador audiovisual.
En el sector audiovisual se ha interpretado que estos cambios permiten a las grandes cadenas contar con un margen mayor para que determinadas filiales puedan operar como productoras independientes en determinadas circunstancias y competir por contratos con otros operadores. La cuestión ha sido especialmente relevante para grupos como Atresmedia y Mediaset, que podrían haber sufrido un revés económico si el PSOE hubiese recuperado la publicidad para RTVE.
También es conocido el trabajo de ‘lobby’ que en Moncloa realizó el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero para el Grupo Planeta de la mano de su amigo Mauricio Casals, editor de La Razón y promotor de cambios para que la accionista de Atresmedia pueda seguir alumbrando universidades privadas, tal y como contó El Mundo.
Prisa, de aliado incómodo a grupo imprevisible
Tampoco hay buenas relaciones entre el PSOE y Prisa. La llegada de Joseph Oughourlian a la presidencia del grupo ha supuesto una transformación de la compañía y una progresiva pérdida de peso de determinados directivos próximos a Moncloa.
Oughourlian descabezó el equipo vinculado a José Miguel Contreras, que había adquirido un papel relevante en la estrategia audiovisual del grupo. En 2025, el presidente de Prisa inició una profunda reestructuración que afectó a la cúpula del área de medios y a figuras relacionadas con el proyecto de una nueva televisión en abierto.

Contreras terminó fuera de Prisa y prepara ahora el lanzamiento de La Séptima. En el PSOE existe además un gran enfado con Fran Llorente, director de contenidos de la SER, al que determinados sectores socialistas culpan de haber provocado un giro hacia el centro de la emisora. Llorente, antiguo director de Informativos de TVE durante los gobiernos de Zapatero, fue nombrado director de contenidos de la Cadena SER por Oughourlian en 2025.
Pese a todo, en Prisa continúan teniendo presencia informaciones procedentes de Moncloa. Pero la línea editorial del grupo ha dejado de ser percibida como inequívocamente progubernamental y ahora se mueve entre posiciones progresistas y centristas, dependiendo de la cuestión abordada.
Este cambio no ha producido, sin embargo, el acercamiento de Prisa al PP que tanto temía Moncloa y que, de haberse producido, habría reproducido los errores que desde el entorno socialista atribuyen a Juan Luis Cebrián cuando tomó una posición similar en tiempos de Gobierno de Mariano Rajoy.
