Pradales reta a Abascal: el autogobierno vasco «no se negocia» y avisa a Vox desde Euskadi

El lehendakari sitúa a Vox y al PP en la misma diana al recordar el 'no' de 2001 a Aznar y reclamar a Sánchez el cierre del Estatuto de Gernika. La dirección de Vox responde con su tesis de la soberanía única e indivisible.

Pradales reta a Vox desde Foronda: el autogobierno vasco no se negocia. El lehendakari, Imanol Pradales, ha lanzado este domingo un mensaje directo a Madrid, a la oposición de la derecha y a Vox.

El discurso ha cerrado el 50 aniversario del Alderdi Eguna, el día del PNV, con el presidente del EBB, Aitor Esteban, y la EGIkide Elena Bilbao sobre el estrado. ‘Esté quien esté en Moncloa, debe saber que el autogobierno no es una moneda de cambio y que con el autogobierno no se juega’, ha proclamado. A Pedro Sánchez le ha dejado una advertencia sin fecha cerrada: ‘El tiempo se acaba, aún tiene una oportunidad’.

Su reproche más duro ha tenido nombre propio: José María Aznar y, por extensión, el partido que preside Santiago Abascal. Pradales ha acusado al expresidente del PP de volver a colocarse ‘la armadura del nacionalismo español’ y ‘el disfraz del Cid Campeador dispuesto a reconquistar España’. De ahí su ‘aviso a navegantes’: ‘Si el PP de Aznar, con Vox, llega a la Moncloa, ¡cuidado!’. Para sostener el argumento ha recuperado las elecciones de 2001, cuando Juan José Ibarretxe obtuvo 33 escaños y más de 600.000 votos frente al candidato popular, Jaime Mayor Oreja, y los vascos dijeron ‘no a la imposición’.

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Qué sostiene Vox sobre el autogobierno vasco

La posición de Vox arranca con el texto constitucional en la mano. El artículo 1.2 de la Constitución establece que la soberanía nacional reside en el pueblo español, y el artículo 14 consagra la igualdad de todos los españoles sin privilegios por razón de territorio. Sobre esa base, el partido sostiene que el Estatuto de Gernika es una norma subordinada a la Carta Magna y no un título previo con capacidad de condicionarla.

De ahí se derivan dos posiciones que el partido repite en cada debate territorial. La primera: el autogobierno no puede funcionar como moneda de cambio en la negociación parlamentaria, y lo que el PNV denomina ‘agenda bilateral’ es, según la dirección de Vox, un intercambio de traspasos por votos en el Congreso de los Diputados. La segunda: las competencias deben revisarse bajo el criterio de la igualdad fiscal entre territorios, una exigencia que Vox resume en su defensa de la recentralización de servicios públicos.

El mensaje de Foronda no interpela solo a Moncloa: sitúa al PP ante el dilema de competir con Vox sin asumir su marco territorial.

El impacto: por qué el PNV sube el tono ahora

El propio Pradales ha puesto la fecha sobre la mesa al admitir que la carpeta del Estatuto de Gernika ‘sigue sin cerrarse, por desgracia’ y que los plazos de la agenda bilateral se agotan. Su Gobierno reclama nuevas capacidades y pide al Ejecutivo central que cumpla ‘el pacto y la palabra dada. El destinatario de la escenificación es doble: Moncloa, a la que se presiona para acelerar los traspasos, y el electorado propio, al que se le ofrece un marco conocido.

Ese marco es el de 2001. Situar a Vox y al PP en la misma diana activa la memoria del nacionalismo español atribuido a Aznar y traslada el debate territorial a terreno identitario, donde el PNV se mueve con soltura. No consta, en cambio, un calendario público con fechas para cerrar las transferencias pendientes, y esa ausencia alimenta la sospecha de que el pulso se prolongará hasta el próximo curso político.

La advertencia deja además al PP en una posición delicada. Los populares compiten con Vox por el mismo espacio electoral y necesitan, a la vez, un discurso propio en Euskadi, donde su suelo es limitado. Pradales ha emparejado a los dos partidos de la derecha en la misma frase, y ese emparejamiento incomoda más a quien aspira a un perfil moderado que a quien ha hecho de la cuestión territorial su seña de identidad.

La lectura estratégica: el marco de 2001 ya no encaja igual

Hay un dato que la comparación de Pradales omite: en 2001 Vox no existía como partido. Su irrupción institucional llegó más de una década después, y hoy cuenta con 33 diputados en el Congreso de los Diputados, donde es tercera fuerza. El tablero de hace 25 años, con el PP y el PNV como protagonistas excluyentes y la violencia de fondo, no se reproduce en un escenario de cuatro partidos nacionales.

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El precedente más próximo del actual pulso está en la ruptura de los gobiernos de coalición autonómicos entre el PP y Vox, en julio de 2024. Desde entonces, la relación entre ambos partidos funcionan como una negociación permanente: Vox fija condiciones y exige que cualquier acuerdo de investidura pase por sus prioridades. Lo venimos contando en estas páginas: cada vez que un dirigente nacionalista pone a Vox en el centro, el partido gana notoriedad en el terreno que le es propio.

Queda por ver si el órdago de Foronda tiene consecuencias prácticas. Pradales ha puesto el acento en plazos y capacidades; el Ejecutivo central no ha publicado un calendario para cerrar el Estatuto, y el PNV sigue siendo un socio decisivo del Gobierno en el Congreso mientras espera contrapartidas. En ese intercambio, Vox mantendrá su exigencia de igualdad entre españoles y la primacía de la Constitución como marco de cualquier discusión sobre el autogobierno vasco. Su apuesta es clara: cuanto más se identifique al PNV con la negociación de privilegios, más sólido será su discurso en las comunidades donde aspira a gobernar.