La restauración de humedales del río Coonamessett, en Massachusetts, ha recuperado 22,7 hectáreas tras la retirada de dos presas y ha devuelto más de 200 especies de plantas nativas, según NOAA Fisheries.
Del cultivo de arándanos al humedal: cómo se recuperaron 22,7 hectáreas
El río Coonamessett atraviesa Falmouth, en Cape Cod, y hasta hace poco era un cauce domesticado por siglos de intervención humana. Desde el siglo XVIII, las presas y otras barreras habían cortado las migraciones de peces, mientras la agricultura convertía los humedales en campos de arándanos.
La primera fase concluyó en 2018 con la retirada de la presa Lower Bog. La segunda terminó en 2020 e incluyó la eliminación de Middle Bog y la recuperación de otros terrenos cultivados. Ambas actuaciones sumaron los 56 acres de humedales —unas 22,7 hectáreas— que recoge el balance de NOAA Fisheries. También se sustituyeron tres conductos deteriorados bajo John Parker Road por un paso de agua más amplio.
El resultado físico es medible. El proyecto abrió unos 3,5 kilómetros de río al tránsito de peces y restauró alrededor de 1,4 kilómetros de cauce. El cauce se había ensanchado y enderezado, y las capas de arena añadidas para favorecer los arándanos cubrían el suelo original.
La letra pequeña: agua, suelo y especies migratorias
¿Cómo se consigue que vuelva un humedal? Un estudio publicado en abril de 2025 en Applied Vegetation Science, que analizó Coonamessett y otras dos explotaciones abandonadas, apunta a la recuperación de las condiciones del agua. Las intervenciones incluyeron rellenar zanjas y crear pequeños desniveles que permiten distintos grados de humedad.
Devolver el agua a su recorrido original es la palanca más eficaz para que un humedal se regenere por sí solo, sin necesidad de replantarlo todo.
Los investigadores observaron que buena parte de la vegetación se regeneró por sí misma, aunque también hubo siembras y plantaciones de árboles y arbustos. En sus ensayos, las semillas germinaron mejor en suelos saturados de agua que en los bien drenados. La diversidad de plantas aumentó tras la restauración y se mantuvo durante varios años de seguimiento.
Un cauce sin barreras no solo recupera agua: devuelve a los peces un pasillo que llevaban siglos sin poder recorrer.
Hay un detalle que suele pasarse por alto. La restauración no consistió en reconstruir el humedal pieza a pieza, sino en devolverle al río la libertad de hacerlo. Rellenar zanjas y recuperar desniveles bastó para que el agua volviera a ocupar el suelo. El resto lo hizo la vegetación.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Humedales recuperados: 22,7 hectáreas en las dos primeras fases, según el balance de NOAA Fisheries.
- Río reabierto: 3,5 kilómetros al tránsito de peces y 1,4 kilómetros de cauce restaurados.
- Biodiversidad: más de 200 especies de plantas nativas de nuevo en el entorno.
- Equivalencia tangible: dos presas eliminadas y tres conductos sustituidos por un paso de agua más amplio.

Entre los beneficiarios están dos especies conocidas en Estados Unidos como ‘river herring’, el alewife y el blueback herring. Pasan buena parte de su vida en el mar y regresan al agua dulce para reproducirse. También sirven de alimento a otras especies, como el bacalao y la lubina rayada. Facilitar sus desplazamientos ayuda a mantener relaciones entre animales que viven en ambientes distintos.
Pero un paso abierto no garantiza por sí solo la recuperación de las poblaciones. NOAA identifica otras presiones, como las capturas accidentales, la contaminación y la pérdida de hábitat. El éxito de las obras debe acompañarse de seguimiento para conocer cómo responden los peces.
La segunda fase: ocho hectáreas más y siete barreras menos
La actuación posterior se centró en el tramo alto del Coonamessett. Según la División de Restauración Ecológica de Massachusetts, las obras terminaron en el verano de 2025 y recuperaron otros 20 acres de antiguos campos de arándanos, aproximadamente ocho hectáreas. El proyecto se diseñó para eliminar siete barreras al paso de peces y corregir zanjas sin salida donde podían quedar atrapados.
También contempló recuperar un cauce más variado, con zonas de diferente profundidad y velocidad. Son detalles que cambian las condiciones que encuentran los animales durante su recorrido. El comunicado oficial sobre el balance de restauración de 2025 se publicó el 5 de junio de 2026, según la División de Restauración Ecológica de Massachusetts.
Los vecinos han ganado además un lugar que pueden recorrer. La restauración se acompañó de senderos, pasarelas, y paneles sobre la historia del río y su entorno, con itinerarios accesibles para personas con movilidad reducida. El Coonamessett River Trust mantiene programas de seguimiento y actividades educativas vinculadas al río.
Un modelo replicable más allá de Cape Cod
La retirada de presas ha dejado de ser un experimento aislado. El caso de Coonamessett se suma a una corriente global que trata los ríos como infraestructura viva y no como canales que se puedan cortar a voluntad. En Europa, el Reglamento de Restauración de la Naturaleza fija objetivos vinculantes para recuperar ecosistemas degradados, una lógica que empuja a revisar cuántas barreras fluviales siguen sin cumplir ninguna función.
El proyecto de Massachusetts deja una lección económica. Restaurar un humedal cuesta una fracción de lo que cuesta mantener una infraestructura obsoleta y devuelve servicios ecosistémicos medibles: agua filtrada, refugio para la biodiversidad y espacio público. La cifra que sostiene el balance no es el número de presas retiradas, sino las 22,7 hectáreas que hoy vuelven a funcionar como humedal.
Queda, eso sí, la parte incómoda. Reabrir el cauce no basta si la presión pesquera, la contaminación y la pérdida de hábitat siguen actuando aguas arriba y aguas abajo. El seguimiento del Coonamessett River Trust y de NOAA Fisheries determinará si las poblaciones de peces recuperan terreno o si la obra hidráulica se queda en una foto sin continuidad.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: 22,7 hectáreas de humedal recuperadas en las dos primeras fases y ocho más en la segunda, con más de 200 especies de plantas nativas.
- Modelo que cambia: las presas obsoletas dejan de ser activos y pasan a tratarse como barreras que se retiran cuando ya no cumplen función.
- Para las próximas generaciones: reabrir 3,5 kilómetros de río devuelve a los peces migratorios un recorrido que llevaba siglos cerrado.

