4El cuerpo avisa antes que la cabeza: insomnio de madrugada, cefaleas tensionales y molestias digestivas
El agotamiento no empieza en la cabeza: empieza a las tres de la madrugada. En quien arrastra estrés laboral crónico, el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal se desajusta y el cortisol, que debería tocar su mínimo entre medianoche y la una y subir despacio hacia el amanecer, se dispara antes y de forma más brusca, en torno a las dos y las cuatro. El resultado es despertarse en estado de alerta, con la mente repasando tareas pendientes, y no lograr volver a dormir. Es el insomnio de madrugada o de mantenimiento, y los especialistas lo consideran un problema cuando se repite al menos tres noches por semana durante tres meses. La segunda mitad de la noche concentra más sueño ligero y REM, de modo que cualquier desajuste hormonal la rompe con facilidad.
Las cefaleas tensionales y las molestias digestivas cierran el trío de avisos que el cuerpo lanza antes de que la cabeza ponga nombre al problema. La tensión muscular sostenida que acompaña a la respuesta de alerta se traduce en un dolor de cabeza opresivo, bilateral, de intensidad leve o moderada, que no empeora con el movimiento pero se instala durante días. En el aparato digestivo, el cortisol altera la motilidad intestinal, la producción de ácido gástrico y la sensibilidad visceral: aparecen ardor, náuseas, hinchazón, estreñimiento o diarrea sin causa orgánica identificable, y el colon irritable afecta a entre el 10% y el 15% de la población general. Un estudio sueco con pacientes en desgaste halló que las náuseas, los gases y las digestiones pesadas, junto a las cefaleas, figuraban entre los síntomas más frecuentes, presentes en más de la mitad de la muestra. Calmarlos con analgésicos, protectores gástricos o pastillas para dormir silencia la señal, pero no toca la causa.

