3Trabajas más horas y rindes menos: la pérdida de eficacia que se confunde con falta de esfuerzo
Cuando el desgaste se instala, la jornada se alarga y el resultado se encoge. Es la paradoja que define la tercera dimensión del burnout que recoge la OMS en la CIE-11, en vigor desde 2022: junto al agotamiento y al distanciamiento mental respecto al trabajo, aparece una reducción de la eficacia profesional. Quien la vive no trabaja menos, sino más: contesta mensajes fuera de horario, revisa tres veces la misma tarea y acaba el día con la sensación de no haber avanzado. La literatura lo describe como presentismo, estar presente cumpliendo —o casi— mientras el rendimiento cae por debajo del propio nivel habitual. Una revisión de estudios prospectivos publicada en PLOS ONE lo identifica entre las consecuencias laborales del desgaste. Y el problema es precisamente que ese sobreesfuerzo tapa la causa.
El malentendido es casi inevitable. Si cuesta concentrarse, si aparecen errores que antes no ocurrían, si hay que releer el mismo párrafo, la explicación más cómoda es que no te estás esforzando bastante, y la respuesta automática es echar más horas. Pero el cansancio del burnout no se repone con descanso ni con voluntad, y las funciones que se resienten primero —atención, memoria y funciones ejecutivas— son justo las que hacen falta para rendir. De ahí que la persona se lea a sí misma como falta de implicación cuando lo que hay es una capacidad mermada. La clave está en el patrón, no en el día suelto: si las horas suben durante semanas y el trabajo terminado no, no es pereza, es una señal de alarma que conviene atender.

