Hutíes reanudan ataques contra aeropuertos de Arabia Saudí y plantas de Saudi Aramco

El portavoz militar Yahya Saree cifra en siete las operaciones con misiles balísticos y drones sobre Riad, Dammam, Najran y Yanbu. La coalición saudí guarda silencio sobre los daños mientras el aeropuerto de la capital reabre de forma parcial.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El movimiento hutí anuncia siete operaciones con misiles balísticos y drones contra los aeropuertos de Riad, Dammam y Najran, la base aérea de Khamis Mushait y plantas de Saudi Aramco en Yanbu y Rabigh.
  • ¿Quién está detrás? Ansar Allah, mediante su portavoz militar Yahya Saree. La coalición liderada por Riad no ha detallado daños ni ha confirmado que los blancos fueran alcanzados.
  • ¿Qué impacto tiene? Nueva escalada sobre el flanco energético y marítimo del mar Rojo, con riesgo para el precio del crudo y para el tráfico que abastece al Mediterráneo.

Los ataques hutíes contra Arabia Saudí se han reanudado con siete operaciones de misiles y drones sobre aeropuertos e instalaciones de Saudi Aramco. El portavoz militar de Ansar Allah, Yahya Saree, difundió el parte el sábado; Riad no lo ha confirmado ni desmentido.

El mapa de blancos es explícito: los aeropuertos internacionales Rey Khalid, en Riad, y Rey Fahd, en Dammam; el aeródromo de Najran y la base aérea de Khamis Mushait; las instalaciones de Saudi Aramco en Yanbu; la refinería de Rabigh; estaciones de bombeo y el oleoducto que cruza el país de este a oeste.

Siete operaciones y un mapa de objetivos que dibuja la doctrina hutí

Saree habla en nombre del movimiento zaidí que gobierna Saná desde 2014 y que desde septiembre ha convertido el mar Rojo en su principal instrumento de negociación. Lo que no está acreditado es el daño: ni Defensa ni la petrolera estatal han publicado evaluación alguna sobre impactos o paradas de producción.

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Riad ha optado por el silencio operativo. Su principal hub aéreo anunció una reapertura parcial para este domingo, tras más de dos semanas de interrupción. Saree, en paralelo, advirtió a aerolíneas, personal de tierra y pasajeros de que la instalación es un objetivo militar y seguirá siendo insegura.

El pulso sobre las ciudades santas añade un riesgo que conviene separar. Defensa Civil saudí informó de que restos de la intercepción de dos misiles balísticos cayeron en Wadi Al-Mughammas, Yeda, Taif y Rabigh. Los hutíes niegan haber apuntado a los santuarios y sostienen que solo atacaron infraestructura petrolera y bases militares. Ninguna versión está verificada de forma independiente.

Quien advierte a las aerolíneas de que los hangares son objetivo militar no busca titulares: negocia con el cronómetro del crudo en contra de Riad.

La secuencia encaja con la escalada de septiembre, cuando el grupo tomó Mocha, Dhubab y la isla de Perim, y estrechó el cerco sobre Taiz. Los hutíes cifran en 3.123 los ataques de la coalición desde entonces, una cifra que maneja el propio grupo y que no hemos podido contrastar con OSINT.

La advertencia a las aerolíneas y el pulso por Bab el-Mandeb

Saudi Aramco

El estrecho de Bab el-Mandeb es el embudo. Por ahí pasa en torno al 12% del comercio mundial y una porción decisiva del crudo que llega al Mediterráneo por Suez. Con Perim en manos hutíes la amenaza deja de ser puntual: no hace falta hundir un buque, basta con encarecer cada travesía.

La operación europea Aspides, en la que España participa con medios navales, escolta mercantes en el mar Rojo, pero su mandato es defensivo y no disuade un ataque contra infraestructura terrestre saudí. Es la asimetría de siempre: misiles baratos contra defensas carísimas.

El efecto llega a España por la vía energética. Con un consumo superior al millón de barriles diarios, cada diez dólares de subida sostenida del Brent añaden, en números gruesos, unos 4.000 millones de euros anuales a la factura nacional. Nada de eso exige que un solo barril deje de salir de Yanbu.

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Equilibrio de Poder

Washington mira con incomodidad. La administración de Trump tiene en Riad el ancla del Golfo —Quinta Flota en Bahréin, ventas de armamento, normalización con Israel como horizonte—, pero su prioridad está en el Indo-Pacífico y no hay apetito para una campaña yemení. La lógica transaccional se impone: menos buques, más facturas a los aliados.

Moscú gana por dos vías. Un Brent alto engorda su presupuesto de guerra y su capacidad de sostener el esfuerzo ucraniano. A la vez mantiene canales con Teherán, proveedor de la tecnología de misiles hutí, y coordina con Riad en la OPEP+. Esa doble posición le da influencia y le obliga a un equilibrio incómodo: no puede permitirse que la producción saudí se caiga del todo.

Bruselas tiene el problema sin la herramienta. La UE depende del mar Rojo para sus cadenas de suministro y carece de flota para cubrir el Índico occidental. En España el impacto es doble: energético y diplomático, porque Rabat —que desplegó F-16 en Yemen en 2015 y los retiró en 2019— sigue siendo pieza cortejada por Riad.

El precedente que debería tener a Riad en vela es Abqaiq y Khurais, en 2019: una decena de drones y misiles de crucero recortaron a la mitad la producción saudí en horas y dispararon el Brent un 15% en una sola sesión. Entonces se atribuyó a Teherán. Ahora lo reivindica un actor no estatal capaz de repetirlo cada semana.

Lo que observamos es una campaña de desgaste con calendario propio, no una razia. La próxima ventana crítica son las 72 horas siguientes: si Aramco confirma daños en Rabigh o en el oleoducto este-oeste, el debate deja de ser militar y pasa a ser de precios. Si calla, Riad está comprando tiempo.