La Infantería de Marina busca el dron de combate ideal y Arquimea presenta credenciales

La Armada debe decidir cómo combinar drones FPV, sistemas de reconocimiento y municiones merodeadoras como el Q-SLAM-40 para reforzar las operaciones anfibias y ganar autonomía tecnológica.

La elección del dron de combate para la Infantería de Marina española se ha convertido en una cuestión estratégica para modernizar sus capacidades de reconocimiento, protección y apoyo a las operaciones anfibias. La Armada ya ha comenzado a incorporar pequeños aparatos FPV para formar a sus militares, pero el siguiente paso pasa por decidir qué sistemas pueden proporcionar una ventaja real a las unidades que desembarcan desde el mar.

La respuesta no consiste en apostar por un único modelo, sino en combinar plataformas de bajo coste para las pequeñas unidades con drones de reconocimiento, sistemas FPV y municiones merodeadoras capaces de ampliar las posibilidades de actuación de los infantes de Marina. Entre las opciones que merecen atención figuran los aparatos de visión en primera persona, los sistemas ligeros de observación y la familia Q-SLAM de la tecnológica española Arquimea.

La prioridad debe ser encontrar un equilibrio entre autonomía industrial, facilidad de mantenimiento, resistencia a las interferencias y capacidad para operar en un entorno especialmente exigente: la costa. En ese escenario, el tiempo disponible para reconocer una playa, identificar obstáculos y proporcionar información a los mandos puede resultar decisivo.

Publicidad

Los drones FPV, la primera opción para transformar los desembarcos anfibios

La primera apuesta de la Armada apunta a los drones FPV (First Person View), pequeños aparatos que transmiten imágenes en tiempo real al operador mediante gafas o una pantalla. Su principal ventaja es que permiten observar espacios de difícil acceso sin exponer directamente a los militares, una capacidad especialmente útil durante las primeras fases de un desembarco.

En este sentido, según informó El Confidencial Digital La Armada ha impulsado la adquisición de sistemas de esta categoría para que la Infantería de Marina avance en el reconocimiento previo de playas, la observación de obstáculos y la identificación de zonas de riesgo. La iniciativa contempla también simuladores, equipos de control, baterías, repuestos y formación especializada.

Este primer paso responde a una necesidad operativa concreta. Los infantes de Marina deben proyectarse desde buques hacia la costa y continuar su avance en terrenos donde la información disponible puede ser limitada. Disponer de un aparato pequeño que permita observar un área antes de que entre una unidad puede reducir la incertidumbre y mejorar la seguridad de la operación.

La mejor elección para este cometido sería un dron FPV ligero, modular, reparable y de coste contenido, con una arquitectura que facilite la sustitución de componentes y el entrenamiento de nuevos operadores. La autonomía de vuelo importa, pero no debe ser el único criterio: también cuentan la disponibilidad de baterías, la facilidad de transporte, la resistencia física y la posibilidad de seguir operando cuando las comunicaciones se degradan.

La experiencia de la guerra de Ucrania ha demostrado la expansión del uso militar de estos sistemas, aunque trasladar sus lecciones a una operación anfibia exige tener en cuenta las particularidades del entorno marítimo. La humedad, el viento, la salinidad y las interferencias pueden condicionar el rendimiento de aparatos concebidos inicialmente para otros escenarios.

Por eso, la Armada debería priorizar una familia de drones que pueda mantenerse en primera línea, en lugar de depender de equipos complejos cuya reparación requiera regresar a instalaciones especializadas. La formación de los operadores y del personal de mantenimiento resulta tan importante como la compra de los aparatos.

Publicidad
Plataforma aérea para la munición Q-Slam 40. Foto: Arquimea
Plataforma aérea para la munición Q-Slam 40. Foto: Arquimea

El Q-SLAM-40 de Arquimea, una alternativa española para el combate

Si el objetivo es ir más allá del reconocimiento y disponer de una capacidad ofensiva específica, la familia Q-SLAM de Arquimea merece un análisis separado. Se trata de sistemas de munición merodeadora que combinan características de los drones y los misiles, con versiones diseñadas para misiones tácticas de distinto alcance.

El Q-SLAM-40 es uno de los candidatos más relevantes para estudiar su integración en las capacidades de la Infantería de Marina. Arquimea ha desarrollado este sistema para misiones de reconocimiento, adquisición de objetivos y ataque, y ha trabajado en su integración con plataformas no tripuladas. En septiembre de 2026, la compañía completó una demostración de lanzamiento desde el vehículo de superficie no tripulado SEAD 23 de la Armada durante el ejercicio internacional REPMUS26.

Esta experiencia naval es especialmente interesante porque abre la puerta a explorar una mayor coordinación entre los sistemas que operan en el mar y los que acompañan a las fuerzas desembarcadas. No significa, sin embargo, que el Q-SLAM-40 esté automáticamente integrado en todas las unidades de Infantería de Marina ni que su empleo desde una plataforma naval equivalga a su utilización por un infante sobre el terreno.

La ventaja de estudiar una solución nacional reside en la posibilidad de reforzar el mantenimiento, el apoyo técnico y la autonomía tecnológica española. También permitiría analizar cómo integrar el sistema con los medios de mando y control de la Armada, siempre que se superen las evaluaciones operativas correspondientes.

No obstante, sería un error convertir una munición merodeadora en la respuesta para todas las necesidades. Su coste, su finalidad y los requisitos de empleo son diferentes de los de un pequeño dron de observación. Además, la decisión debe valorar las necesidades reales de cada unidad, la seguridad del sistema y las condiciones de autorización para su utilización.

La conclusión es que el Q-SLAM-40 puede ser una opción para estudiar dentro de una capacidad ofensiva complementaria, pero no debería sustituir a los drones ligeros que necesita cada pequeña unidad para reconocer el terreno. Son categorías diferentes que deben evaluarse de forma conjunta, pero adquirirse en función de misiones claramente definidas.

La mejor solución: combinar reconocimiento, autonomía y capacidad de combate

La decisión más acertada para la Armada sería evitar una compra centrada exclusivamente en un modelo y avanzar hacia una familia de sistemas no tripulados adaptada a las operaciones anfibias. Los pequeños aparatos FPV aportarían información inmediata a las unidades sobre el terreno, mientras que otros drones de reconocimiento permitirían ampliar la observación y mantener una imagen más completa del entorno litoral.

A estas capacidades podría sumarse una solución de munición merodeadora como el Q-SLAM-40, sometida a las pruebas de integración y evaluación que correspondan. El objetivo sería que la Infantería de Marina dispusiera de herramientas distintas para necesidades distintas, sin confundir la vigilancia con la capacidad de ataque.

La interoperabilidad será uno de los factores decisivos. Los drones deben poder proporcionar información útil a los mandos y encajar en los procedimientos de la Armada. También resulta esencial evaluar su comportamiento frente a interferencias, la disponibilidad de repuestos y la capacidad de entrenar a suficientes operadores. Un sistema avanzado pierde buena parte de su utilidad si no puede desplegarse con rapidez o mantenerse operativo durante una misión prolongada.

La industria española ofrece una base sobre la que explorar estas alternativas. Arquimea destaca en el ámbito de las municiones merodeadoras, mientras que la adquisición de drones FPV de pequeño formato permite desarrollar una capacidad inicial sin esperar a que todos los sistemas de combate estén plenamente integrados.

En definitiva, la mejor opción para la Infantería de Marina española no es elegir entre un dron FPV y un sistema como el Q-SLAM-40, sino definir una combinación equilibrada de capacidades. El primer escalón debe ser el reconocimiento cercano, el entrenamiento y la protección de las unidades; el segundo, ampliar la vigilancia y la coordinación con los mandos; y el tercero, incorporar capacidades ofensivas cuando las necesidades operativas y las evaluaciones lo justifiquen.

El éxito de esta modernización dependerá menos de comprar el aparato más sofisticado que de disponer de drones suficientes, personal formado y sistemas que funcionen de manera fiable desde el buque hasta la costa. Para una fuerza diseñada para operar en escenarios anfibios, esa combinación puede marcar la diferencia entre contar con tecnología avanzada y convertirla en una verdadera ventaja operativa.